"La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados".
Este blog tiene la pretenciosa ambición de desmitificar, denunciar, y esclarecer el crimen. En especial para las personas perjudicadas por organizaciones religiosas, incluído el cristianismo/catolicismo. ¿Está el delito sexual supeditado a serlo según quién lo cometa e instigue? Y de ser así, ¿es justo? Y hablo de delito sexual como de cualquier otro.¿Sigue la inquisición en pie? Paremoslo ahora, antes de que sea tarde. Somos TODOS y CADA UNO, tanto como para matar como para HACER JUSTICIA. yyb.
viernes, 16 de abril de 2010
GRUOCHO MARX - LA FRASE
EL SISTEMA HACE AGUAS
Sentencias:
Cuando aquellos que representan a las naciones -y yo no los llamo gobernantes-, cuando aquellos que están al frente de las instituciones (o que las representan), cuando aquellos que se autodenominan "Ilustrísimos" -más de uno los llamaría de otra muy diferente manera-, ya no infunden respeto, es que el sistema está fallando, pero que fallando.
No hay, por lo que yo se, organismo institucional que infunda algún tipo de repeto; cuando no tienen una cosa, se les descubre otra. Los organismos -los órganos- institucionales están enfermos; de este a oeste y de norte a sur -con quizás alguna honrosa excepción- no hay un órgano institucional, oficializado o no, que funcione correctamente, y, cuando todos los órganos de un organismo cualquiera se colapsa, se entra en crisis, en coma y está a punto de morir...
La pregunta es, si éste sistema tan conocido nuestro muere ¿hacia dónde nos dirigimos?
Hace muchos años escribí que volvíamos al sistema de la esclavitud: trabajar solo para dormir y comer, y esto, en muchos casos con suerte. También me referí a la época feudal ; y en esto me parece que un poco ya estamos. Quizás la diferencia es que hoy nadie se hace -realmente- cargo, no hay ningún tipo de responsabilidad, ni afecto hacia el esclavo o "afeudado", lo que genera que redunde en la proliferación de indigentes...
En su momento (1996?) escribí que era una sociedad emergente, entre los que habría (¿y hay?) desempleados, mayores de edad, alcohólicos, adictos a los estupefacientes, enfermos, perseguidos, exiliados, refugiados, ex convictos, separadas/¿os?...; un sinnúmero de gentes que pasarán a ser ex que a nadie le interesará -salvo quizás a sus iguales- qué.
... Y a las nuevas tecnologías que también contribuirán a aumentar el número de ex, porque una vez "te pillen", y según como te pillen, jamás volverás, ni tú ni los tuyos, a ser lo mismo.
Cuando comenzó la era de la mecanización ya se sabía del "coste social" que ello acarrearía. Pero los cálculos casi siempre se quedan cortos, y lo cierto es que la realidad de desborda y quí nos deja, como desechos de una sociedad que ya no cree -digo yo- sino solo en el "sálvese quien pueda", y en el "tú, despabila".
Yo por mi parte creo que cuando ví a Saddam Hussein humillado, denigrado y escarnecido como apareció en los medios, y como lo asesinaron legalmente después, me dije: se acabó, el sistema acaba de autodecapitarse. En esta falta de respeto quedan(mos) envueltos todos, porque, al fin de cuentas había sido un estadista y, de hecho, ni el primero, ni el único, ni el mayor genocida...
Y me da a pensar que esta sensación quedó flotando en el aire para más de uno.
Avances científicos. La ciencia permite clonar con fines terapéuticos -¿qué son estos nuevos nacidos?, ¿como una aspirina?-; ¿cuánto tardaremos en clonar porque "la/lo hecho de menos", porque "era muy guapo/a" o para "abastecer" otro tipo de "necesidades"?
Fue también por esa época que escribí que los clones también serían una "clase" emergente, hechos a medida para "abastecer necesidades" (¡nunca se me ocurrió que serían para fines terapéuticos!) de defensa (policía, ejército, control ciudadano) y que los nacidos de mujer pasaríamos a ser una casta inferior dentro de "los elegidos a nuestra medida".
Pero, es sabido que la realidad supera a la ficción: ¿será que terminaremos siendo el alimento de "los especiales" (clones).? ¿Ya lo somos?. En gran medida, y según el cristal por donde estés mirando, SI; sí que hay un gran consumo de carne humana a través de la llamada pornografía, comercio de órganos y todo lo que ya sabemos -o creemos saber- que hay. Pero, ¿llegaremos a "Cuando el Destino nos Alcance", la película que protagonizó Charlton Heston?
Terminarán concibiendo, gracias a la ciencia, los masculinos y eliminando a las tan aborrecidas féminas?
Si, repito que "El Gran Hermano" (1984) ya está aquí con el sistema implantado en el gran movimiento de las masas migratorias..., y en el sometimiento a "los disconformes". A dónde se escuchan las voces de los que se oponen al sistema? Tonterías, muchas; chusmerío de mercado. Hablo de aquellos que reflexionan, no lo que les mandan a reflexionar, sino los que usan de libre pensamiento y reflexión. Esas voces están silenciadas (G.H).
A veces se habla de ellos -antisistema, les llaman-, pero no de lo que ellos dicen, del por qué son antisistema, qué es lo que proponen. Lo que es yo, no estoy enterada.
Escrito original del 25-04-09, por Yanina Yolanda Bottarini.
Cuando aquellos que representan a las naciones -y yo no los llamo gobernantes-, cuando aquellos que están al frente de las instituciones (o que las representan), cuando aquellos que se autodenominan "Ilustrísimos" -más de uno los llamaría de otra muy diferente manera-, ya no infunden respeto, es que el sistema está fallando, pero que fallando.
No hay, por lo que yo se, organismo institucional que infunda algún tipo de repeto; cuando no tienen una cosa, se les descubre otra. Los organismos -los órganos- institucionales están enfermos; de este a oeste y de norte a sur -con quizás alguna honrosa excepción- no hay un órgano institucional, oficializado o no, que funcione correctamente, y, cuando todos los órganos de un organismo cualquiera se colapsa, se entra en crisis, en coma y está a punto de morir...
La pregunta es, si éste sistema tan conocido nuestro muere ¿hacia dónde nos dirigimos?
Hace muchos años escribí que volvíamos al sistema de la esclavitud: trabajar solo para dormir y comer, y esto, en muchos casos con suerte. También me referí a la época feudal ; y en esto me parece que un poco ya estamos. Quizás la diferencia es que hoy nadie se hace -realmente- cargo, no hay ningún tipo de responsabilidad, ni afecto hacia el esclavo o "afeudado", lo que genera que redunde en la proliferación de indigentes...
En su momento (1996?) escribí que era una sociedad emergente, entre los que habría (¿y hay?) desempleados, mayores de edad, alcohólicos, adictos a los estupefacientes, enfermos, perseguidos, exiliados, refugiados, ex convictos, separadas/¿os?...; un sinnúmero de gentes que pasarán a ser ex que a nadie le interesará -salvo quizás a sus iguales- qué.
... Y a las nuevas tecnologías que también contribuirán a aumentar el número de ex, porque una vez "te pillen", y según como te pillen, jamás volverás, ni tú ni los tuyos, a ser lo mismo.
Cuando comenzó la era de la mecanización ya se sabía del "coste social" que ello acarrearía. Pero los cálculos casi siempre se quedan cortos, y lo cierto es que la realidad de desborda y quí nos deja, como desechos de una sociedad que ya no cree -digo yo- sino solo en el "sálvese quien pueda", y en el "tú, despabila".
Yo por mi parte creo que cuando ví a Saddam Hussein humillado, denigrado y escarnecido como apareció en los medios, y como lo asesinaron legalmente después, me dije: se acabó, el sistema acaba de autodecapitarse. En esta falta de respeto quedan(mos) envueltos todos, porque, al fin de cuentas había sido un estadista y, de hecho, ni el primero, ni el único, ni el mayor genocida...
Y me da a pensar que esta sensación quedó flotando en el aire para más de uno.
Avances científicos. La ciencia permite clonar con fines terapéuticos -¿qué son estos nuevos nacidos?, ¿como una aspirina?-; ¿cuánto tardaremos en clonar porque "la/lo hecho de menos", porque "era muy guapo/a" o para "abastecer" otro tipo de "necesidades"?
Fue también por esa época que escribí que los clones también serían una "clase" emergente, hechos a medida para "abastecer necesidades" (¡nunca se me ocurrió que serían para fines terapéuticos!) de defensa (policía, ejército, control ciudadano) y que los nacidos de mujer pasaríamos a ser una casta inferior dentro de "los elegidos a nuestra medida".
Pero, es sabido que la realidad supera a la ficción: ¿será que terminaremos siendo el alimento de "los especiales" (clones).? ¿Ya lo somos?. En gran medida, y según el cristal por donde estés mirando, SI; sí que hay un gran consumo de carne humana a través de la llamada pornografía, comercio de órganos y todo lo que ya sabemos -o creemos saber- que hay. Pero, ¿llegaremos a "Cuando el Destino nos Alcance", la película que protagonizó Charlton Heston?
Terminarán concibiendo, gracias a la ciencia, los masculinos y eliminando a las tan aborrecidas féminas?
Si, repito que "El Gran Hermano" (1984) ya está aquí con el sistema implantado en el gran movimiento de las masas migratorias..., y en el sometimiento a "los disconformes". A dónde se escuchan las voces de los que se oponen al sistema? Tonterías, muchas; chusmerío de mercado. Hablo de aquellos que reflexionan, no lo que les mandan a reflexionar, sino los que usan de libre pensamiento y reflexión. Esas voces están silenciadas (G.H).
A veces se habla de ellos -antisistema, les llaman-, pero no de lo que ellos dicen, del por qué son antisistema, qué es lo que proponen. Lo que es yo, no estoy enterada.
Escrito original del 25-04-09, por Yanina Yolanda Bottarini.
miércoles, 14 de abril de 2010
DERROTERO
El principio de esta situación fue verdaderamente desagradable. Fui a buscar ayuda a una de las iglesias de la zona donde ya había estado anteriormente para ver de encontrar alojamiento y resolver de algún modo tan desagradable situación. Lo único que conseguí es que se enteraran de todo el problema, pero nada más. No les daba en la gana ayudarme de ninguna manera.
Se que fui a Sants a dejar el equipaje grande. Ya pagaría cuando lo retirara. Y empecé a ir a un sitio y a otro, pero la noche me encontró sin tener un sitio dónde dormir.
Ya había pasado por el Ayuntamiento, por la Generalitat, por la calle Comercio, y por un albergue -por un día, no mas-, (un chalet vacío, con capacidad para diez camas) en Hospitalet, y por la policía.
En algún momento me fui a la iglesia de San Agustín. Este "mossèn" me ayudó dándome un poco de dinero para que pagara una habitación por día -o días-, me escuchó toda la problemática, y buscó ayuda estando yo adelante. Pero "las energías" que utilizaron contra el y contra mi fueron tan fuertes que hasta el se preocupó. También fue un error hablar de "lo energético" con el, porque, si habían utilizado malas energías contra mí (y eso era indudable), yo no me había dado cuenta. (¿?). Pero, al tiempo de haber hablado con el mossèn mi preocupación relacionada con lo "espiritual" y lo que conmigo habían hecho, ya sea por el, o porque -y es a lo que más estoy inclinada a pensar- el a su vez hablaba con otros o superiores, el perjucio para mí fue mayor, porque empezaron a usar "energías" brutales que antes nunca habian usado.
Ahí fue cuando comenzó el "satanás" (una energía fuerte, fría, oscura, penetrante).
Luego, con el tiempo, recordaría las situaciones vividas en este sentido en el Pagola, del Ejército de Salvación y comprendería muchas cosas de las ocurridas allí. Por ahora, estaba experimentando algo totalmente nuevo y aún era creyente den dios...
Llamó a una abogada de "Derechos Humanos". No se que era lo que ella le decía, pero la cara de preocupación con la que me miraba parecía decirlo todo. Cuando colgó, me dijo que no querían hacer nada. Aún así, me envió a otro lugar, no lejos de ahí a ver una letrada. Esta mujer, siendo que conseguía hacerle los papeles de regularización a inmigrantes aún a chicos que habían delinquido, a mi no me ayudó en nada.
En una de esas visitas a San Agustín para ir a hablar con el mossen, me encotré en medio de un gran festejo. Había gente de todos lados, las h de la Caridad, y unas cuantas congregaciones más. Aún así me quedé. Pero el verdadero espectáculo fue cuando, sentada yo en primera fila, vi al que en ese momento era arzobispo de Barcelona en el atrio al lado del mossen morado como una ciruela...
Yo aún no los había bautizado "pimientos del piquillo"...
Una de las cosas más notables de todo este conflicto en ese momento, era que todas las iglesias, luego lo sabría, eran del Opus Dei.
Haciéndola corta, este mossen me ayudó un poco económicamente, hasta que "las versiones" lo hicieron desistir. Que "ahora" buscara a "otro" que me ayudara, me dijo un día con no disimulado disgusto.
Se que fui a Sants a dejar el equipaje grande. Ya pagaría cuando lo retirara. Y empecé a ir a un sitio y a otro, pero la noche me encontró sin tener un sitio dónde dormir.
Ya había pasado por el Ayuntamiento, por la Generalitat, por la calle Comercio, y por un albergue -por un día, no mas-, (un chalet vacío, con capacidad para diez camas) en Hospitalet, y por la policía.
En algún momento me fui a la iglesia de San Agustín. Este "mossèn" me ayudó dándome un poco de dinero para que pagara una habitación por día -o días-, me escuchó toda la problemática, y buscó ayuda estando yo adelante. Pero "las energías" que utilizaron contra el y contra mi fueron tan fuertes que hasta el se preocupó. También fue un error hablar de "lo energético" con el, porque, si habían utilizado malas energías contra mí (y eso era indudable), yo no me había dado cuenta. (¿?). Pero, al tiempo de haber hablado con el mossèn mi preocupación relacionada con lo "espiritual" y lo que conmigo habían hecho, ya sea por el, o porque -y es a lo que más estoy inclinada a pensar- el a su vez hablaba con otros o superiores, el perjucio para mí fue mayor, porque empezaron a usar "energías" brutales que antes nunca habian usado.
Ahí fue cuando comenzó el "satanás" (una energía fuerte, fría, oscura, penetrante).
Luego, con el tiempo, recordaría las situaciones vividas en este sentido en el Pagola, del Ejército de Salvación y comprendería muchas cosas de las ocurridas allí. Por ahora, estaba experimentando algo totalmente nuevo y aún era creyente den dios...
Llamó a una abogada de "Derechos Humanos". No se que era lo que ella le decía, pero la cara de preocupación con la que me miraba parecía decirlo todo. Cuando colgó, me dijo que no querían hacer nada. Aún así, me envió a otro lugar, no lejos de ahí a ver una letrada. Esta mujer, siendo que conseguía hacerle los papeles de regularización a inmigrantes aún a chicos que habían delinquido, a mi no me ayudó en nada.
En una de esas visitas a San Agustín para ir a hablar con el mossen, me encotré en medio de un gran festejo. Había gente de todos lados, las h de la Caridad, y unas cuantas congregaciones más. Aún así me quedé. Pero el verdadero espectáculo fue cuando, sentada yo en primera fila, vi al que en ese momento era arzobispo de Barcelona en el atrio al lado del mossen morado como una ciruela...
Yo aún no los había bautizado "pimientos del piquillo"...
Una de las cosas más notables de todo este conflicto en ese momento, era que todas las iglesias, luego lo sabría, eran del Opus Dei.
Haciéndola corta, este mossen me ayudó un poco económicamente, hasta que "las versiones" lo hicieron desistir. Que "ahora" buscara a "otro" que me ayudara, me dijo un día con no disimulado disgusto.
martes, 13 de abril de 2010
POR QUÉ? PORQUE...
No recuerdo cuando, pero al final llegué a deducir que todo lo ocurrido podía deberse a la famosa foto del periódico con mi imagen y el crimen cometido contra esa hermanita de la iglesia.
Yo me fui de Buenos Aires, de Argentina, como explico por ahí, poco tiempo después de ese suceso.
Y si al llegar aquí "sospecharon" de mí, de que yo podía estar huyendo de ese "problema" (que en realidad a mí no me había traído -al menos que yo supiera- ningún problema), y que era culpable? Podía ser una especie de "venganza" por esto? Eso incluso podía explicar los odios, los maltratos sin justificación ninguna y sin tener que ver con mi conducta... Una simple y constante provocación a modo de lisa y llanamente venganza? Lo que no pagaste, te lo vamos a hacer pagar de todas maneras, y con creces? Sí, podía ser perfectamente, al principio. Luego, abuso y nada más que abuso, al ver la vulnerabilidad, lo fácil que es ir contra una mujer, que ya tienen vendida, contra la que ellos han cometido un delito -porque mi inocencia está a la vista, en los hechos, en la conducta ¡¡¡durante 20 años!!!- y, si algún día se entera, no tenga ni voz ni voto para chillar... Y si estuvieran encubriendo a la persona -socia?- que saben que es responsable? Porque detras del disfráz de "buenas y ayudadoras personas" hay premeditación y alevosía...
El método? Inteligentísimo. "Que no, que no es", "que sí, que sí es",
y que no, y que sí, hasta que termina siendo sí.
"Que se calle, que ya se van a cansar, que no diga que la persiguen". Y los "emisarios": "Ten paciencia, ya se van a cansar...", hasta que llegaba la culpabilidad, y con ello también los palos...
Y así, por años...
Lo que aquí se llama "una de cal y una de arena". Y ellos, siempre con piel de oveja...
Eso fue lo que me reconcieron en LAX: que aparecían como gentes -mayormente religiosos- que "me querían ayudar", y, como yo les dije a las señoritas del AIDS, me habían empujado hasta allí; huyendo, para estar en las mismas.
Pero no. Nada de todo esto es verdad. Las cosas comenzaron antes, mucho antes. Todo esto no es más que eslabones de una misma y larguísima cadena...
Los psicópatas -y más las asociaciones de psicópatas- no paran con sus víctimas hasta que no ven que ya no respiran.
Yo me fui de Buenos Aires, de Argentina, como explico por ahí, poco tiempo después de ese suceso.
Y si al llegar aquí "sospecharon" de mí, de que yo podía estar huyendo de ese "problema" (que en realidad a mí no me había traído -al menos que yo supiera- ningún problema), y que era culpable? Podía ser una especie de "venganza" por esto? Eso incluso podía explicar los odios, los maltratos sin justificación ninguna y sin tener que ver con mi conducta... Una simple y constante provocación a modo de lisa y llanamente venganza? Lo que no pagaste, te lo vamos a hacer pagar de todas maneras, y con creces? Sí, podía ser perfectamente, al principio. Luego, abuso y nada más que abuso, al ver la vulnerabilidad, lo fácil que es ir contra una mujer, que ya tienen vendida, contra la que ellos han cometido un delito -porque mi inocencia está a la vista, en los hechos, en la conducta ¡¡¡durante 20 años!!!- y, si algún día se entera, no tenga ni voz ni voto para chillar... Y si estuvieran encubriendo a la persona -socia?- que saben que es responsable? Porque detras del disfráz de "buenas y ayudadoras personas" hay premeditación y alevosía...
El método? Inteligentísimo. "Que no, que no es", "que sí, que sí es",
y que no, y que sí, hasta que termina siendo sí.
"Que se calle, que ya se van a cansar, que no diga que la persiguen". Y los "emisarios": "Ten paciencia, ya se van a cansar...", hasta que llegaba la culpabilidad, y con ello también los palos...
Y así, por años...
Lo que aquí se llama "una de cal y una de arena". Y ellos, siempre con piel de oveja...
Eso fue lo que me reconcieron en LAX: que aparecían como gentes -mayormente religiosos- que "me querían ayudar", y, como yo les dije a las señoritas del AIDS, me habían empujado hasta allí; huyendo, para estar en las mismas.
Pero no. Nada de todo esto es verdad. Las cosas comenzaron antes, mucho antes. Todo esto no es más que eslabones de una misma y larguísima cadena...
Los psicópatas -y más las asociaciones de psicópatas- no paran con sus víctimas hasta que no ven que ya no respiran.
AY,BARCELONA, AY.
Me comuniqué otra vez con la monja de la Bonanova por trabajo; también necesitaba un sitio donde dormir. Dí vueltas. Fui a lo de unas sudamericanas que pese a las referencias de la hE me trataron bastante mal, y no me recibieron. Terminé en un hotel en Hospitalet donde pagaba 2500 pts. por día.
La hE me ofrecía para viernes, sábado y domingo, en una casa fuera de Barcelona...
Yo, a todo esto, había estado pensando que en LAX había sido el único lugar que en donde, al menos, me habían admitido que estaba perseguida y coaccionada en cada paso que daba, así que había decidido, luego de todo lo vivido en Italia y Francia, que volvería a Estados Unidos, y para eso necesitaba trabajar. Pero ese trabajo no salió.
Ya, habiendo estado en Milano, había intentado comunicarme con la gente que conocía de LAX enviándoles faxes diciéndoles si me ayudaban a volver (ya me había arrepentido de regresar) pero las muy caraduras de las empleadas de las librerías, me enviaban los faxes a números de teléfono diferentes a los que yo les daba, y cuando se los reclamaba, me decían cualquier verdura. Qué morro!
Como sea, por un anuncio conseguí trabajo como camarera en un local frente a la Clínica Goodman, y me fui a una habitacioncita compartida por la Meridiana, a la vuelta del trabajo.
El cálculo era que de lo que ganara sacaría para la habitación. Y así fue. Necesitaba urgentemente renovar mi residencia para no quedarme ilegal. Se había vencido en mayo pero tenía tiempo tres meses más. Para eso necesitaba el contrato de trabajo y la señora me lo hizo, pero no lo presentó. Tocaba agosto y el Notario estaba de vacaciones. No me lo creí. Ya había problemas. De haberme contratado para que le controlara el local y "las fugas", que las había, había terminado pelando patatas en la cocina.
El cálculo era que de lo que ganara sacaría para la habitación. Y así fue. Necesitaba urgentemente renovar mi residencia para no quedarme ilegal. Se había vencido en mayo pero tenía tiempo tres meses más. Para eso necesitaba el contrato de trabajo y la señora me lo hizo, pero no lo presentó. Tocaba agosto y el Notario estaba de vacaciones. No me lo creí. Ya había problemas. De haberme contratado para que le controlara el local y "las fugas", que las había, había terminado pelando patatas en la cocina.
Recuerdo su cara cuando se lo comenté; como si dijera "y el gran favor que te estoy haciendo..."
Pero mis compañeritos, seis, se me echaron encima. Entre otras cosas, en vez de que termináramos a las tres, terminábamos a las cinco; retrasaban el trabajo y se iban distrayendo para que terminara haciéndolo yo.
También es cierto, que al ser un local a la calle, el acoso era descomunal. En gran manera, formaba ésto parte del motivo que me tuvieran en la cocina.
El juego de los empleados, terminó conmigo. Me quedé de la mañana a la noche sin trabajo y sin dinero (lo trabajado ya lo había cobrado por adelantado para pagar la habitación y retirar los equipajes de Sants).
Por la mañana, la dueña del piso -vaya lugarcito: cuando yo venía de trabajar a la madrugada, tenía que ir esquivando vidrios de botellas rotas por el suelo, de lo que se divertían bebiendo todas las noches- me arma un escándalo, porque le reclamé que me faltaba un pantalón y el uniforme del negocio, que tenía que devolver, que tuve que llamar a la policía... y me quedé en la calle..., con todo el quipaje y sin un céntimo.
Estabamos en agosto del 2001.
Por la mañana, la dueña del piso -vaya lugarcito: cuando yo venía de trabajar a la madrugada, tenía que ir esquivando vidrios de botellas rotas por el suelo, de lo que se divertían bebiendo todas las noches- me arma un escándalo, porque le reclamé que me faltaba un pantalón y el uniforme del negocio, que tenía que devolver, que tuve que llamar a la policía... y me quedé en la calle..., con todo el quipaje y sin un céntimo.
Estabamos en agosto del 2001.
MILAN, HIZO HISTORIA TAMBIEN
También había otra oficina dedicada exclusivamente para gestionar el permiso de trabajo, en la que presenté todos los papeles que tenía, incluídas las denuncias realizadas en España.
Con los chicos de Comunita Progetto nos caimos francamente bien mutuamente. Me invitaban a comer y conversábamos; bueno, es un decir, ya que ni ellos español ni yo italiano -no lo suficiente-, pero, nos entendíamos.
Al final, ir un día, y otro, y otro, a ambos lugares, para que terminaran devolviéndome todos los papeles y decirme que no podían hacer nada.
Con las chicas de la chiessa nos organizábamos para buscarnos de comer en un centro u en otro, de las chiessas también, y llegábamos todas juntas y nos íbamos todas juntas.
Al medio día, ya por separado, a los comedores, previo paso por la iglesia tal para que te dieran el permiso para entrar a ellos. Todo con pasaporte en mano porque en todos lados quedabas registrado con fotocopia del mismo y todo.
Colas en todos lados, y a donde fuera, siempre ser "identificada", "reconocida" por gentes que no habías visto jamás en tu vida y tampoco te habían visto...
Me robaron el pasaporte. El que me había sacado a mis veiticuatro años, con todos los sellos de mis viajes desde entonces y que de tantos sellos, era ya el segundo por haber estado muy lleno el primero.
¿Por qué todo ésto, por qué tanto? ¿Por qué me habían hecho ésto y seguían y seguían? ¿Qué se estaba buscando? ¿Por qué las gentes no hablaban francamente?
Sacar citas (apuntamentos) en un lugar, en otro (todos de la chiessa -católica-, por supuesto). Resultado, lo mismo: caras raras, actitudes de desprecio, y nada. Cuando no ésto, se me quedaban mirando como si yo fuera una epifanía...
Un día vino a la chiessa-dormitorio una mujer que necesitaba dos chicas que eligió ella. Una no quiso ir, así que "me impuse", literalmente, yo. Necesitaba desesperadamente irme. Había visto cómo se ponía en práctica lo que en 2001 había oído por TV3 Catalunya. Mujeres que trabajaban año y medio y luego, nunca más. Por alguna razón no volvían a conseguir trabajo. Había visto rusas preciosísimas, la madre y las hijas, como tenían que aceptar lo que algún enamorado de turno les ofrecía para no terminar durmiendo en la calle. Había hído como algunos tomaban la Stazione Centrale como un mercado, ofreciendo 5.000.000 de liras a quien les consiguiera una joven para casarse.
Una de las que me hice amiga, María, terminó durmiendo con un compañero que conoció, en la calle. ¡Cómo me dolió! No podía aceptar que hubiera dormido en la calle! Luego, ya no la ví mas. Una mujer fuerte, de porte varonil, pero ¡qué buena mujer!
También me hice amiga de otra, Natasha, una chiquilla de 20 años, alta, rubia, bonita. Me tenía afecto, sincera, y me respetaba. Dejé de verla cuando consiguió trabajo para una casa. ¡Qué miedo me dió por ella! Recomendándole que se desvistiera y se bañara con la luz apagada. Que se cuidara para que no la vendieran...
El caso de una yugoslava: había trabajado un año y medio como doméstica, sin salir.
Juntó dinero, renunció a su trabajo, confiada de que volvería a encontrar, para ir a buscar a su hijo de trece años. Ella volvió para empezar a trabajar y el niño viajaría después.
El niño viajó y desde el autobús la llamó para decirle a la hora que llegaba. No lo encontró. Denunció, se fue a Roma a la radio y a la televisión. Nada. No volvió a verlo nunca más, ni nunca supo más nada de el. Se gastó todo el dinero y no volvió a conseguir trabajo.
La última vez que la ví fue en la Stazione Centrale durmiendo en los bancos...
Noticia parecida tuvimos en la chiessa, en una misa que se oficiaba por la desaparición de una de las hijas de una de nuestras compañeras; una jovencita que había venido sola desde su país, de dieciseis años. Lo último que se había sabido de ella era que una mujer la abía abordado en la estación diciendo que su madre mandaba a buscarla, subiéndola a una todoterreno, y nunca más.
Ví el comercio humano. Estaba ahí, a la vista, a la luz del día; y siempre presente lo que habían hecho conmigo. Y no, no era la única, con seguridad que no.
Las chicas del este tienen una capacidad intelectiva de asombro. Yo ya conocía esto por Ludmila, una rusa de Chernobil que había conocido en el Pagola. Una extraordinaria mujer. Emprendedora, esforzada. Alta, grandota, bonita. Se había puesto a estudiar para esteticista. Una fanática de las ensaladas, que se preparaba todos los días en forma más que abundante. "Es que esto allá no hay" me dijo cuando se lo comenté.
Estas mujeres del este se aplicaban y aprendían el italiano en una semana; todo lo necesario para comunicarse y trabajar. Yo las admiraba.
Sí, necesitaba irme. Me despedí de la chiessa.
La señora que nos llevó tenía, en el Lago di Como, unos puestos de flores, y, en la misma propiedad, separada en tres partes, su casa (atrás), la casa doñnde estábamos nosotras (en el medio), y una terraza que daba a la calle (adelante) donde exponía para la venta muebles y artículos para la playa y el jardín. A mí me cayó muy bien esta mujer.
El puesto que me tocó a mí estaba a unos ciento cincuenta metros del mismo Lago di Como.
Selecciónabamos y preparábamos las flores en el garage de la casa, las cargágamos en la camioneta y a descargar en el puesto; previamente montar el chiringuito, la carpa.
Me hice amiga de una marroquí, o algo así, una musulmana. Tenía problemas de falta de trabajo pero también con su marido que, por celos, no la dejaba vivir y la maltrataba. Ella quería dejarlo, pero no sabía como. Ibamos juntas de acá para allá y a buscar trabajo, hasta que el marido no quiso que se juntara mas conmigo.
Una mañana temprano estábamos por el paseo de la playa sentadas mirando al mar y charlando. Se nos acercó un judío, hombre mayor, (otro joven lo acompañaba, pero se quedó más allá) e inclinándose hacia mí, me dijo: -"Tiene que dar gracias a dios que por lo menos le han conservado la vida."- Y se marchó entrando al hotel de la esquina -si, ese fabuloso- . Me sentó tan mal. ¿Era vivir de esa manera estar "viva"? y, ¿quién era, por qué me lo había dicho?
Con los chicos de Comunita Progetto nos caimos francamente bien mutuamente. Me invitaban a comer y conversábamos; bueno, es un decir, ya que ni ellos español ni yo italiano -no lo suficiente-, pero, nos entendíamos.
Al final, ir un día, y otro, y otro, a ambos lugares, para que terminaran devolviéndome todos los papeles y decirme que no podían hacer nada.
Con las chicas de la chiessa nos organizábamos para buscarnos de comer en un centro u en otro, de las chiessas también, y llegábamos todas juntas y nos íbamos todas juntas.
Al medio día, ya por separado, a los comedores, previo paso por la iglesia tal para que te dieran el permiso para entrar a ellos. Todo con pasaporte en mano porque en todos lados quedabas registrado con fotocopia del mismo y todo.
Colas en todos lados, y a donde fuera, siempre ser "identificada", "reconocida" por gentes que no habías visto jamás en tu vida y tampoco te habían visto...
Me robaron el pasaporte. El que me había sacado a mis veiticuatro años, con todos los sellos de mis viajes desde entonces y que de tantos sellos, era ya el segundo por haber estado muy lleno el primero.
¿Por qué todo ésto, por qué tanto? ¿Por qué me habían hecho ésto y seguían y seguían? ¿Qué se estaba buscando? ¿Por qué las gentes no hablaban francamente?
Sacar citas (apuntamentos) en un lugar, en otro (todos de la chiessa -católica-, por supuesto). Resultado, lo mismo: caras raras, actitudes de desprecio, y nada. Cuando no ésto, se me quedaban mirando como si yo fuera una epifanía...
Un día vino a la chiessa-dormitorio una mujer que necesitaba dos chicas que eligió ella. Una no quiso ir, así que "me impuse", literalmente, yo. Necesitaba desesperadamente irme. Había visto cómo se ponía en práctica lo que en 2001 había oído por TV3 Catalunya. Mujeres que trabajaban año y medio y luego, nunca más. Por alguna razón no volvían a conseguir trabajo. Había visto rusas preciosísimas, la madre y las hijas, como tenían que aceptar lo que algún enamorado de turno les ofrecía para no terminar durmiendo en la calle. Había hído como algunos tomaban la Stazione Centrale como un mercado, ofreciendo 5.000.000 de liras a quien les consiguiera una joven para casarse.
Una de las que me hice amiga, María, terminó durmiendo con un compañero que conoció, en la calle. ¡Cómo me dolió! No podía aceptar que hubiera dormido en la calle! Luego, ya no la ví mas. Una mujer fuerte, de porte varonil, pero ¡qué buena mujer!
También me hice amiga de otra, Natasha, una chiquilla de 20 años, alta, rubia, bonita. Me tenía afecto, sincera, y me respetaba. Dejé de verla cuando consiguió trabajo para una casa. ¡Qué miedo me dió por ella! Recomendándole que se desvistiera y se bañara con la luz apagada. Que se cuidara para que no la vendieran...
El caso de una yugoslava: había trabajado un año y medio como doméstica, sin salir.
Juntó dinero, renunció a su trabajo, confiada de que volvería a encontrar, para ir a buscar a su hijo de trece años. Ella volvió para empezar a trabajar y el niño viajaría después.
El niño viajó y desde el autobús la llamó para decirle a la hora que llegaba. No lo encontró. Denunció, se fue a Roma a la radio y a la televisión. Nada. No volvió a verlo nunca más, ni nunca supo más nada de el. Se gastó todo el dinero y no volvió a conseguir trabajo.
La última vez que la ví fue en la Stazione Centrale durmiendo en los bancos...
Noticia parecida tuvimos en la chiessa, en una misa que se oficiaba por la desaparición de una de las hijas de una de nuestras compañeras; una jovencita que había venido sola desde su país, de dieciseis años. Lo último que se había sabido de ella era que una mujer la abía abordado en la estación diciendo que su madre mandaba a buscarla, subiéndola a una todoterreno, y nunca más.
Ví el comercio humano. Estaba ahí, a la vista, a la luz del día; y siempre presente lo que habían hecho conmigo. Y no, no era la única, con seguridad que no.
Las chicas del este tienen una capacidad intelectiva de asombro. Yo ya conocía esto por Ludmila, una rusa de Chernobil que había conocido en el Pagola. Una extraordinaria mujer. Emprendedora, esforzada. Alta, grandota, bonita. Se había puesto a estudiar para esteticista. Una fanática de las ensaladas, que se preparaba todos los días en forma más que abundante. "Es que esto allá no hay" me dijo cuando se lo comenté.
Estas mujeres del este se aplicaban y aprendían el italiano en una semana; todo lo necesario para comunicarse y trabajar. Yo las admiraba.
Sí, necesitaba irme. Me despedí de la chiessa.
La señora que nos llevó tenía, en el Lago di Como, unos puestos de flores, y, en la misma propiedad, separada en tres partes, su casa (atrás), la casa doñnde estábamos nosotras (en el medio), y una terraza que daba a la calle (adelante) donde exponía para la venta muebles y artículos para la playa y el jardín. A mí me cayó muy bien esta mujer.
El puesto que me tocó a mí estaba a unos ciento cincuenta metros del mismo Lago di Como.
Selecciónabamos y preparábamos las flores en el garage de la casa, las cargágamos en la camioneta y a descargar en el puesto; previamente montar el chiringuito, la carpa.
Yo tenía que vender y mantener las flores fresquitas cambiándoles el agua cada tanto, acarreando los cubos de agua que iba a buscar de un grifo al lado del mismo lago. Es un lugar paradisíaco. Te explican que en aquellas montañas, está Lugano, ya Suiza.
Las manipulaciones, el todos te identifican y los rumores, eran lo mismo que en todos lados. Lo que sí dió término al momento fue que nos comentaron que la señora cuando acababa la primavera, cerraba el negocio de las flores y que tenía por costumbre reclamar faltante de flores a las chicas y terminaba por no pagarles. No tardó, después de esto, de venir a reclamarme a mí también, aunque llevávamos un control, y en retrasarse en el pago aunque se lo reclamara. No se si lo que me salvó fue que contrató a un chico que atendía un puesto en la carretera y, una noche, siendo las diez de la noche, y como el chico no venía, lo fuimos a buscar. Había dejado camioneta abierta y puesto abandonados, se había alzado con el dinero y había desaparecido. Lo más triste si se quiere es que era el favorito de la señora y la había fastidiado bien fastidiada.
Me pagó, y decidí marcharme; no sin muchas dudas, porque el sitio me gustaba muchísimo y pensé que podía arriesgarme a quedarme a pesar de todo. Esta señora era empresaria, tenía dinero y quizás hubiera podido quedarme con ella. Pero, me marché.
El dinero no me llegaba para llegar a España. Me fui hasta Génova, lugar que me pareció horrible. Para colmo cuando llegué llovía a mares.
Preguntando me indicaron una chiessa -como no- que quedaba "vicino" (cerca) de ahí... Por favor, lo que caminé bajo el aguacero, cruzando un parque, sin ningún tipo de reparo, con las maletas buscando el "vicino". Llegué hecha una sola gota de agua..., no, tres: yo y las maletas.
Decían que este sacerdote ayudaba a gente en situaciones difíciles.
Me hizo pasar, me escuchó -acompañado de dos jovencitos varones- en mi español, con mucha atención...
Yo le refería toda la situación, aún la situación de mi hermano...
Se retiró pidiéndome esperara que iba por ver de cómo ayudar. Volvió hecho un volcán -pero reprimido, a punto de estallar- me tomó del brazo, me acompañó a la puerta, y yo repitiéndole de mi hermano, en tanto el me repetía: "Su hermano? y ¿usted? Vaya, vaya. Aquí tiene este dinero y vaya. Y me sacó discretamente a patadas.
Esta vez me subí a un taxi, previamente tomarme un café cerca de allí en la acera de enfrete, en donde averigué de una casa de acogida, pero paga, y allí fui.
Fue espantoso. Muchas mujeres, una más grosera que la otra, con niños inclusive, y que estaban solamente para ver de que me sintiera lo más incómoda posible. Por supuesto esas actitudes no venían de ellas, sino de expresas indicaciones...
Mira, en una ocasión le dije a la Mayora Ferreyra, que nadie le falta el respeto a alguien con tanta impunidad, si no sabe que tiene el visto bueno de gentes de autoridad. No, no digo que todo el mundo se comporta de mil maravillas con todo el mundo, pero cuando te hacen el feo entre camarillas -que terminan siendo todas- no es espontáneo, en especial si recién te ven, si no te conocen.
Aquí viví un suceso que no había vivido en mi vida. No voy a poner qué, pero me dejó realmente preocupada y me empujó, sí, a buscar solución de manera urgente. No quedarme allí más de lo imprescindible y necesario.
Me decidí y entré en una iglesia -por supuesto católica- y le expliqué la situación de mi necesidad de volver a España y que para ello necesitaba dinero. Con esas caras tan características de alarma, y "¡cuidado!" que ya conocía tan bien, me dejó no lo suficiente, pero pude llegar a Niza.
SI, ESTO ES NIZA. ¿TE GUSTA?
Pues a mi no. Amaneces con sol y te vas a dormir con sol. Cafeterías con terraza por todos lados. La playa, pequeña y con ripio. No hay arena. Para dormir? Otra casa de monjas. Podías estar un mes sin pagar. Luego, no recuerdo si era un franco -o cien. Se que era algo irrisorio-.
Me enamoré de la comida francesa (que nos daban por la "noche" ahí mismo). Todo en base a leches y quesos, y el dulce-salado.
Buscas trabajo; problemas de idioma y permiso para trabajar. Ahí también busqué ayuda yendo a diferentes iglesias y a la policía a ver si `por esto me daban documentos. ¡Por favor, quería estqr legalizada y que me reonocieran que estaba siendo acosada, perseguida, coaccionada y que necesitaba ayuda!
Un buen cura, joven de la Iglesia de Sana Rita se movió para ayudarme. No hubo caso. Se quedó mal por esto, y yo también.
¡Ahhh, la Europa moderna y avanzada! Bajé un día a la playa, vestida como estaba y me quedé ahí en el ripio parada mirando la playa y el mar. Bajó una chica que era, sí, un verdader espectáculo. Sería modelo, actriz o algo de esto. Alta y perfectamente proporcionada, llamaba la atención. Se sacó la ropa quedando solamente con la parte inferior de la biquini, se puso en posición de loto y se expuso al sol. Unos cincuenta metros más allá había dos individuos jóvenes en slip. La miraban insistentemente y comentando con risas; y se dejaron ir. En unos pocos minutos los slips eran una verguenza...
Qué indignación que sentí! Como si me lo estuvieran haciendo a mí. Si ella no se estaba metiendo con ellos, por qué se metían con ella, que ella ni los veía. ¿Y esta era la Europa de la avanzada, del top less, de la vida "libre" ?
Me hice amiga de una marroquí, o algo así, una musulmana. Tenía problemas de falta de trabajo pero también con su marido que, por celos, no la dejaba vivir y la maltrataba. Ella quería dejarlo, pero no sabía como. Ibamos juntas de acá para allá y a buscar trabajo, hasta que el marido no quiso que se juntara mas conmigo.
Una mañana temprano estábamos por el paseo de la playa sentadas mirando al mar y charlando. Se nos acercó un judío, hombre mayor, (otro joven lo acompañaba, pero se quedó más allá) e inclinándose hacia mí, me dijo: -"Tiene que dar gracias a dios que por lo menos le han conservado la vida."- Y se marchó entrando al hotel de la esquina -si, ese fabuloso- . Me sentó tan mal. ¿Era vivir de esa manera estar "viva"? y, ¿quién era, por qué me lo había dicho?
Cuando se cumplió el plazo a mí no me aceptaron pagar los francos para quedarme (ya para ésto solía sacar algo de dinero pidiendole a la gente; la pasaba horrible). Tenía que irme. Así que tuve que moverme para poder viajar.
Allí también había llegado la mentira de que yo tenía mucho dinero. Las monjas algo habían averiguado porque las había oído comentar "no, no es verdad, no tiene nada", como si estuvieran desmintiendo una versión.
Fue Renfe (o el ferrocarril) el que me dió el billete a Pot Bou (o a Barcelona, ya no recuerdo bien). Pero sé que volví en tren y llegué a Sants Estació. Como uno de los curas me habían dado algo de dinero, dejé las maletas en consigna en la estación.
viernes, 9 de abril de 2010
MILAN-MILANO
Volví a Milano con el firme propósito de regresar a Barcelona. Estaba sin un céntimo. En el viaje -en el que tuve tantas dificultades que en Suiza tuve que solicitar ayuda a las fuerzas de seguridad, que arbitraron los medios para que me acompañaran- me había gastado más dinero y ya era poco y nada lo que, ahora sí, me quedaba.
Preguntando, preguntando, terminé en "la chiessa": un lugar donde dormir, comer, ducharse, regentado por "monjas" sin uniforme. Eso sí, misa cada día. Allí eran todas chicas (mujeres) del este: rusas, ucranianas, checas. Yo, la única sudamericana. Era un sitio, en Affori, que todos conocían si necesitaban personal para trabajar, y a veces aparecía alguien buscando para su casa, mayormente, o para su negocio.
Yo estaba bastante conforme ya que antes de LAX también había estado en un albergue del Municipio y había sido desalentador.
La situación para mí, en general, empeoró: no me dejaban en paz ni cuando entraba al wc de un bar: venían a golpearme la puerta a ver "¡qué estaba haciendo!"
Para viajar las chicas me habían enseñado a enjabonar los tickets para reusarlos. Cada día la Stazione Centrale se colmaba de cientos y cientos de personal del este. Era el punto de reunión para ellos. Yo, seguía buscando.
Encontré unos chicos de una Asociación: Comunitá Progetto. Se ocupaban de captar y reisertar gente marginada. Me cayeron muy bien y yo a ellos. Me invitaron a ver su asociación, me invitaron a comer a un restaurant, me propusieron trabajar con ellos, pero, en principio, necesitaba el permiso de trabajo (permesso di soggiorno).
Te voy a ser más sincera todavía y voy a simplificar: el monopolio del manejo, la administración, de la pobreza lo tiene el cristianismo. Ya sean evangélicos en EEUU, (también monjas y curas); en sudamérica, o curas/monjas en Europa (también evangélicos), al menos en España, Francia, Italia. Así que cuando un "no tengo nada" necesita algo, tiene que sí o sí caer en ellos. Así funcionan las Administraciones. Y cuando son cristianos los que te han hecho el feo, la jodiste, pero para toda la cosecha.
Aún así sigues insistiendo, esperando que las evidencias hablen por sí solas y/o junto contigo.
Esperanza vana, inútil. Lo ven, lo saben. Pero los factores de poder SON EL VERDADERO PODER.
Preguntando, preguntando, terminé en "la chiessa": un lugar donde dormir, comer, ducharse, regentado por "monjas" sin uniforme. Eso sí, misa cada día. Allí eran todas chicas (mujeres) del este: rusas, ucranianas, checas. Yo, la única sudamericana. Era un sitio, en Affori, que todos conocían si necesitaban personal para trabajar, y a veces aparecía alguien buscando para su casa, mayormente, o para su negocio.
Yo estaba bastante conforme ya que antes de LAX también había estado en un albergue del Municipio y había sido desalentador.
La situación para mí, en general, empeoró: no me dejaban en paz ni cuando entraba al wc de un bar: venían a golpearme la puerta a ver "¡qué estaba haciendo!"
Para viajar las chicas me habían enseñado a enjabonar los tickets para reusarlos. Cada día la Stazione Centrale se colmaba de cientos y cientos de personal del este. Era el punto de reunión para ellos. Yo, seguía buscando.
Encontré unos chicos de una Asociación: Comunitá Progetto. Se ocupaban de captar y reisertar gente marginada. Me cayeron muy bien y yo a ellos. Me invitaron a ver su asociación, me invitaron a comer a un restaurant, me propusieron trabajar con ellos, pero, en principio, necesitaba el permiso de trabajo (permesso di soggiorno).
Te voy a ser más sincera todavía y voy a simplificar: el monopolio del manejo, la administración, de la pobreza lo tiene el cristianismo. Ya sean evangélicos en EEUU, (también monjas y curas); en sudamérica, o curas/monjas en Europa (también evangélicos), al menos en España, Francia, Italia. Así que cuando un "no tengo nada" necesita algo, tiene que sí o sí caer en ellos. Así funcionan las Administraciones. Y cuando son cristianos los que te han hecho el feo, la jodiste, pero para toda la cosecha.
Aún así sigues insistiendo, esperando que las evidencias hablen por sí solas y/o junto contigo.
Esperanza vana, inútil. Lo ven, lo saben. Pero los factores de poder SON EL VERDADERO PODER.
SÍ, LAS DECISIONES
Decisiones, decisiones, tomamos a cada momento, todos los días. Pero yo ahora le llamo decisiones a aquellas que de alguna manera nos van a marcar, nos van a llevar a cuestionarnos, para siempre, si hicimos bien, o no.
Fui al aeropuerto decidida a regresarme. La señorita encargada de gestionarme la partida me vio tan insegura que me comentó que era demasiado evidente que no estaba decidida, por lo que, a pesar de no estar el billete preparado para ello, me extendía la fecha de
partida a tres días más para que me lo pensara.
Cuando volví a la oficina de AIDS y les dije que me iba, la chica me miró como si me dijera "¡No, la van a matar!! pero su silencio me molestó aún más y pensé, "me importa un bledo que me maten; no será peor que vivir de esta manera".
S., el chico del hotel ya casi ni hablaba conmigo y estaba sola como jamás me había sentido ni estado antes.
Vivir allí era caro: una habitación compartida costaba unos 300 dólares. Cuanto mucho se podía sacar 36 dólares por día, ya que pagaban 6 dólares la hora y no se podía trabajar más de 5 o 6.
Una vez fui a fer un hotel que publicitaba 17 dólares por día. El conserje me preguntó para quén era; cuando le dije que era para mí, me dijo "No". -"Cómo que no?, por qué?". "Porque no le garantizo su integridad personal", me contestó. No volví a recordar el aeropuerto como posibilidad. No sabía que era un lugar en el que se podía estar y permanecer y no se me ocurrió ni siquiera pensarlo.
Llamé a una tía mía por parte de Teresa. Dejé un mensaje ya que no estaban. Pero, ¿otra vez con cosas ligadas a Teresa?
Por otro lado, saqué un muy mal cálculo: Tenía la residencia española; en Estados Unidos me quedaba ilegal y sin perspectivas de cambio... Así que sí, regresaría, denunciaría a Dn. Alejandro Ruiz por lo de las tomas en el baño, volvería a buscar un trabajo de interna, buscaría luego donde vivir y renovaría la terjeta y luego planificaría mi vida tal como había pensado cuando estaba en Rios Rosas: sacarme el carnet de conducir, comprarme el coche y hacer mi vida retomando una actividad que tuviera que ver con la venta y/o lo administrativo.
Y en Estados Unidos estaba asustada. Un día había estado en una cabina de la acera hablando por teléfono con S y uno pasó corriendo detrás de mí insultándome: "hija de tal por cual".
S. fue quien me llevó al aeropuerto. Que no me fuera, que aún no habia disfrutado de todo lo que ofrecía EEUU... ¡No, claro que no! De hecho me había pasado quince días angustiada, desorientada, no dando pie con bola, viendo como todo se repetía, las relaciones terminaban siendo coaccionadas y alejadas y yo que no me habia decidido ni siquiera a comprar cosas como para salir a vender, y ahora me había quedado sin dinero. Además era un constante lloreo con una tremenda angustia que ni siquiera entendía por qué, porque si era por lo de siempre, ya estaba acostumbrada, así que esta nueva forma de "sentir" no la tenía tampoco muy clara.
Anque aquella chica del coche y los bomberos y policía, resultó que no había sido ella, lo cual me dió una gran alegría cuando la volví a ver en el centro (hasta las lágrimas), la experiencia primera me había dejado un poco a flor de piel. La negrita guapa enamorada se había marchado del Shelter porque había conseguido entrar en el programa que había estado esperando...
Claro, no, no había visto cómo se vive "bueno" en Estados Unidos. Incluso había querido irme a San Francisco, pero necesitaba 60 dólares, que no los tenía ya.
Que me quedara? Cómo? -"No me quedan más que diez dólares!"- le decía yo a S llorando a mares. -"No sé qué hacer. He pasado los quince días y no he hecho nada. ¿Qué voy a esperar?, quedarme que no tenga ni siquiera donde vivir, en la calle?" S. estaba casado y el tampoco estaba fuera de estar manipulado y me decía y hacía lo que le habían indicado. Es notoria la falta de espontaneidad y naturalidad de los que están manejados; no había dicho ni una vez de presentarme a su mujer o de ir a su casa. Y tampoco, al ver que yo ya no tenía más dinero, me había ofrecido nada.
Al principio, cuando yo recién llegué, me había comentado que tenía mil conocidos, gente que tenía joyerías (a miles en LAX), y que podía presentármelos para ver de trabajar con alguno de ellos. Así que, al ver que eran las mismas manipulaciones de siempre, y tan lejos (¿?) me asustaban. Siempre lo mismo: "no hagas esto, no hagas lo otro", pero nadie ofreciendo que hacer, ninguna sugerencia efectiva; nada.
Así que regresé a Italia...
Fui al aeropuerto decidida a regresarme. La señorita encargada de gestionarme la partida me vio tan insegura que me comentó que era demasiado evidente que no estaba decidida, por lo que, a pesar de no estar el billete preparado para ello, me extendía la fecha de
partida a tres días más para que me lo pensara.
Cuando volví a la oficina de AIDS y les dije que me iba, la chica me miró como si me dijera "¡No, la van a matar!! pero su silencio me molestó aún más y pensé, "me importa un bledo que me maten; no será peor que vivir de esta manera".
S., el chico del hotel ya casi ni hablaba conmigo y estaba sola como jamás me había sentido ni estado antes.
Vivir allí era caro: una habitación compartida costaba unos 300 dólares. Cuanto mucho se podía sacar 36 dólares por día, ya que pagaban 6 dólares la hora y no se podía trabajar más de 5 o 6.
Una vez fui a fer un hotel que publicitaba 17 dólares por día. El conserje me preguntó para quén era; cuando le dije que era para mí, me dijo "No". -"Cómo que no?, por qué?". "Porque no le garantizo su integridad personal", me contestó. No volví a recordar el aeropuerto como posibilidad. No sabía que era un lugar en el que se podía estar y permanecer y no se me ocurrió ni siquiera pensarlo.
Llamé a una tía mía por parte de Teresa. Dejé un mensaje ya que no estaban. Pero, ¿otra vez con cosas ligadas a Teresa?
Por otro lado, saqué un muy mal cálculo: Tenía la residencia española; en Estados Unidos me quedaba ilegal y sin perspectivas de cambio... Así que sí, regresaría, denunciaría a Dn. Alejandro Ruiz por lo de las tomas en el baño, volvería a buscar un trabajo de interna, buscaría luego donde vivir y renovaría la terjeta y luego planificaría mi vida tal como había pensado cuando estaba en Rios Rosas: sacarme el carnet de conducir, comprarme el coche y hacer mi vida retomando una actividad que tuviera que ver con la venta y/o lo administrativo.
Y en Estados Unidos estaba asustada. Un día había estado en una cabina de la acera hablando por teléfono con S y uno pasó corriendo detrás de mí insultándome: "hija de tal por cual".
S. fue quien me llevó al aeropuerto. Que no me fuera, que aún no habia disfrutado de todo lo que ofrecía EEUU... ¡No, claro que no! De hecho me había pasado quince días angustiada, desorientada, no dando pie con bola, viendo como todo se repetía, las relaciones terminaban siendo coaccionadas y alejadas y yo que no me habia decidido ni siquiera a comprar cosas como para salir a vender, y ahora me había quedado sin dinero. Además era un constante lloreo con una tremenda angustia que ni siquiera entendía por qué, porque si era por lo de siempre, ya estaba acostumbrada, así que esta nueva forma de "sentir" no la tenía tampoco muy clara.
Anque aquella chica del coche y los bomberos y policía, resultó que no había sido ella, lo cual me dió una gran alegría cuando la volví a ver en el centro (hasta las lágrimas), la experiencia primera me había dejado un poco a flor de piel. La negrita guapa enamorada se había marchado del Shelter porque había conseguido entrar en el programa que había estado esperando...
Claro, no, no había visto cómo se vive "bueno" en Estados Unidos. Incluso había querido irme a San Francisco, pero necesitaba 60 dólares, que no los tenía ya.
Que me quedara? Cómo? -"No me quedan más que diez dólares!"- le decía yo a S llorando a mares. -"No sé qué hacer. He pasado los quince días y no he hecho nada. ¿Qué voy a esperar?, quedarme que no tenga ni siquiera donde vivir, en la calle?" S. estaba casado y el tampoco estaba fuera de estar manipulado y me decía y hacía lo que le habían indicado. Es notoria la falta de espontaneidad y naturalidad de los que están manejados; no había dicho ni una vez de presentarme a su mujer o de ir a su casa. Y tampoco, al ver que yo ya no tenía más dinero, me había ofrecido nada.
Al principio, cuando yo recién llegué, me había comentado que tenía mil conocidos, gente que tenía joyerías (a miles en LAX), y que podía presentármelos para ver de trabajar con alguno de ellos. Así que, al ver que eran las mismas manipulaciones de siempre, y tan lejos (¿?) me asustaban. Siempre lo mismo: "no hagas esto, no hagas lo otro", pero nadie ofreciendo que hacer, ninguna sugerencia efectiva; nada.
Así que regresé a Italia...
miércoles, 7 de abril de 2010
LAS DECISIONES
Tenía la fecha del vencimiento del ticket de regreso encima y no había resuelto ni conseguido nada. Para colmo la española de mi consuelo del Shelter, una amistad que no duró más de una semana, también yo había observado cómo estaba siendo acosada ella misma.
Me había contado su problema y me había referido que hacía muchos años que vivía por los diferentes refugios de Estados Unidos, en cada ciudad que iba. Cuando se le acababa el tiempo en uno, se iba de la ciudad, a otro.
Fue ella la primera que me dijo que los Derechos Humanos no sirven para nada...
Yo por mi parte me dí cuenta que a ella le habían hecho lo mismo que a mí: la tenían vendida desde su intimidad y su vida desde adentro de su casa. Y no encontraba tampoco quien atendiera su situación...Lejos, muy lejos, como yo, de haberse dedicado en lo social y económico,a custiones relacionadas con el sexo.
Con ella habíamos ido a Hollywood, a Santa Mónica...
Hollywood es de risa. No son más de cuatro o cinco calles (no subimos a la colina). El teatro Chino, a dónde se hacen las grandes fiestas del cine, parece una maqueta de las películas de westerns. Las casas son todas bajas. Fuimos de día, claro, así que no vimos nada extraordinario. La acera de las estrellas tampoco me pareció nada espectacular. Fue gracioso.
También me llevó a la Biblioteca del Dawn Tawn de Los Angeles, el lugar en donde ella, como muchos de nosotros en la misma situación, pasaba la mayor parte de su tiempo.
También, sumando, fue muy desagradable cuando en una ocasión me hallaba en un sitio en donde se exhibían las figuras de Walt Disney en tamaño como uno, y al querer comunicarme con una señora con sus hijitos, apareció otra que le dijo a modo de ¡advertencia! que yo era del Shelter, con lo cual consiguió que se acabara la comunicación...
Faltando nada para irme encontré una oficina en la que no sólo me escucharon, sino que me admitieron que sí, que me estaban persiguiendo, porque ya habían estado también por ahí. Yo quería una solución legal, y ellos me ofrecían tickets para tren y autobús para que pudiera moverme sin problemas, un lugar dónde comer en Santa Mónica, pero para dormir tenía que ser el Shelter de los evangélicos. (Yo quería huir de los evangélicos). Que buscara trabajo y a ver qué se hacía. Mi temor era perder el billete de regreso y que, a la larga, me dijeran, como tantas veces había ya oído, que no podían hacer más nada por mí, quedarme en la calle por no tener más dinero y no conseguir trabajo por el acoso, y, encima, ilegal. Además, en el Shelter ya estaban anunciando reformas: que iba a ser sólo para mujeres embarazadas...
Estaba asustada. No me sirvió como aliento el ver llegar una mujer al Shelter con cuatro niños, para pedir ropa, en una 4x4 todoterreno... Me quedé de piedra...
Los relatos que había ido recogiendo de las mujeres con las que hablaba tampoco eran mucho más alentadores... Era como si el abismo estuviera a la vuelta de cada esquina...
Y el miedo.
Un tiroteo que se había producido a pocas calles del Shelter a las tres de la tarde...con no sé cuántos muertos.
Otra vez, se me había hecho tarde y me encontré a las seis de la tarde esperando el autobús para llegar al shelter (trayecto que normalemente hacía caminando): no había absolutamente nadie y todos ya sabíamos lo peligrosísimo que era andar a esas horas por ahí...
Me había contado su problema y me había referido que hacía muchos años que vivía por los diferentes refugios de Estados Unidos, en cada ciudad que iba. Cuando se le acababa el tiempo en uno, se iba de la ciudad, a otro.
Fue ella la primera que me dijo que los Derechos Humanos no sirven para nada...
Yo por mi parte me dí cuenta que a ella le habían hecho lo mismo que a mí: la tenían vendida desde su intimidad y su vida desde adentro de su casa. Y no encontraba tampoco quien atendiera su situación...Lejos, muy lejos, como yo, de haberse dedicado en lo social y económico,a custiones relacionadas con el sexo.
Con ella habíamos ido a Hollywood, a Santa Mónica...
Hollywood es de risa. No son más de cuatro o cinco calles (no subimos a la colina). El teatro Chino, a dónde se hacen las grandes fiestas del cine, parece una maqueta de las películas de westerns. Las casas son todas bajas. Fuimos de día, claro, así que no vimos nada extraordinario. La acera de las estrellas tampoco me pareció nada espectacular. Fue gracioso.
También me llevó a la Biblioteca del Dawn Tawn de Los Angeles, el lugar en donde ella, como muchos de nosotros en la misma situación, pasaba la mayor parte de su tiempo.
También, sumando, fue muy desagradable cuando en una ocasión me hallaba en un sitio en donde se exhibían las figuras de Walt Disney en tamaño como uno, y al querer comunicarme con una señora con sus hijitos, apareció otra que le dijo a modo de ¡advertencia! que yo era del Shelter, con lo cual consiguió que se acabara la comunicación...
Faltando nada para irme encontré una oficina en la que no sólo me escucharon, sino que me admitieron que sí, que me estaban persiguiendo, porque ya habían estado también por ahí. Yo quería una solución legal, y ellos me ofrecían tickets para tren y autobús para que pudiera moverme sin problemas, un lugar dónde comer en Santa Mónica, pero para dormir tenía que ser el Shelter de los evangélicos. (Yo quería huir de los evangélicos). Que buscara trabajo y a ver qué se hacía. Mi temor era perder el billete de regreso y que, a la larga, me dijeran, como tantas veces había ya oído, que no podían hacer más nada por mí, quedarme en la calle por no tener más dinero y no conseguir trabajo por el acoso, y, encima, ilegal. Además, en el Shelter ya estaban anunciando reformas: que iba a ser sólo para mujeres embarazadas...
Estaba asustada. No me sirvió como aliento el ver llegar una mujer al Shelter con cuatro niños, para pedir ropa, en una 4x4 todoterreno... Me quedé de piedra...
Los relatos que había ido recogiendo de las mujeres con las que hablaba tampoco eran mucho más alentadores... Era como si el abismo estuviera a la vuelta de cada esquina...
Y el miedo.
Un tiroteo que se había producido a pocas calles del Shelter a las tres de la tarde...con no sé cuántos muertos.
Otra vez, se me había hecho tarde y me encontré a las seis de la tarde esperando el autobús para llegar al shelter (trayecto que normalemente hacía caminando): no había absolutamente nadie y todos ya sabíamos lo peligrosísimo que era andar a esas horas por ahí...
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