jueves, 28 de abril de 2011

EL CAUCE NATURAL: AFUERA

PRO ASOCIACION CONTRA LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE VIDAS HUMANAS


El caso es que una de esas visitas, digo, me pidió un favor: si me podía hacer cargo de las mascotas que tenían en el tiempo que ellos estuvieran afuera. Por supuesto dije que sí.
Este proyecto tenía una fecha, pero antes de que esta fecha llegara, en lo de T la sangre llegó al río. Por supuesto ni me acuerdo cómo empezó la cuestión, cómo y por qué vino la discusión, pero sé que yo estaba en la habitación en la que dormía y ella por la casa o en la suya y desde allí nos gritábamos. Qué nos decíamos entonces, ya ni me acuerdo, pero ante el griterío los vecinos terminaron llamando a la policía. Creo recordar algo de eso también por parte de ella, una amenaza o algo así, pero no puedo en este momento asegurarlo.
La policía llegó  y ella salió a atenderlos a la puerta, justamente pegada a la habitación que yo ocupaba. Ambas estábamos en camisón: el de ella, fino y provocativo, como era su estilo. Así fue cómo pude ver que entre que le explicaba no se qué historias en tanto que yo se las refutaba desde la habitación, la veo que por lo bajo les dice que yo era porno…
Sé que le dije de todo, todo lo que tenía acumulado desde mis veinticuatro años, todos los juicios que me tenía guardados y que le tenía perdonado; todo. Y cuando ví lo que le decía a los policías, estallé todavía más aún porque la policía quería que saliera y yo les contesté que primero tenía que vestirme porque para aparecer como uno vino al mundo, ya estaba ella, que para eso sí que tenía talento, pero que yo no era así y que eso había sido una de las cosas que más le habían molestado siempre…
La cuestión es que terminé preparando mi equipaje y marchándome, policía esperando. Eran las once y media de la noche. La policía quiso tenderme una mano; se dieron cuenta de que me estaba difamando  y habían estado averiguando a dónde iba a ir y estuve a punto de acompañarlos y hablarles, hablarles todo, pero por un lado, sabía que dos jóvenes agentes nada iban a poder hacer por mucha voluntad que pusieran, cuando las cosas llegaran “arriba” ya se iban a encargar de frenar todo, de tirar todo para atrás otra vez, y por el otro, la señora del primer piso, habiendo escuchado el escándalo, me estaba llamando por el comunicador de la calle; así, confusa, entre escuchar a los agentes y atenderla a ella que me ofrecía que subiera, e intuyendo que con los policías las cosas no iban a prosperar, los dejé marchar y subí a lo de la señora del primer piso.
Ahí pasé la noche; más vergüenza si se puede más todavía. Más estado de alerta si se quiere más todavía, porque no faltan las preguntas y no quieres comprometer más a otras gentes, cosa que harías si hablas bien de ellos. Al mismo tiempo te tienes que callar lo que con respecto a ti misma sabes de los sentimientos de los demás… Estás sola, y lo sabes. Y debes andar con pie de plomo; también lo sabes. Debes hablar lo suficiente para no defraudar y lo mínimo para no caer en trampas, actuales o futuras. Sí me despaché a gusto contra T.
Así que un par de horas más tarde, muy tarde, estabas durmiendo en el sofá de la casa de la señora. Al día siguiente vería de comunicarme con los de las mascotas y ver de adelantar el tiempo.

Para cualquier colaboración: CatalunyaCaixa, Cta. Cte. nº 20130050880201532512

muchas gracias.

EL QUERER SABER TE MANTIENE EN LA CORDURA?

PRO ASOCIACION CONTRA LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE VIDAS HUMANAS



Cómo haces para cargar sobre tus espaldas, sobre tu emocional, sobre tu psiquis con tanta, tanta basura sin perder la razón, sin desquiciarte, sin matar a nadie?...
La inocencia? El saberte inocente de todo lo que te están adjudicando? El que estés creyendo en dios? El no haber nacido con esa “capacidad”? No lo  sabes. No lo piensas. Solamente quieres saber, quieres comprender… y quieres seguir intentándolo; pero también es cierto que sigues preguntándote si ha valido la pena llegar hasta ahí; vuelves a pensar en Teresita, y vuelves a preguntarte si ella no tenía razón y fue ella la que hizo lo correcto al quitarse de en medio antes de que las cosas fueran a peor… Porque se supone que te “quedas” por tu honra, por tu honor, por la verdad, por luchar; pero el resultado es exactamente el contrario: cada vez te deshonran más, cada vez te hunden más, cada vez acumulan más cosas sobre ti, y tú sigues sin saber con precisa exactitud, qué.
Porque son expertos de la palabra, la manejan con el método apropiado para cada ocasión. Pero ahora sabes que uno de los métodos más efectivos en su conducta criminalimpune ha sido durante una enorme cantidad de años el hacerse pasar por “los que te estaban ayudando”… Una estrategia infalible para culpabilizarte de lo que sea y para meterse en tu vida hasta tu propio hígado, con el beneplácito y el sello de silencio de los cómplices, que en muchos casos no saben, o no han sabido, que lo son o eran los supuestos ayudadores. De ahí la lógica, en un principio, al decirte "ya se van a cansar" y/o "confía en dios". Pero entonces tu estabas en la más profunda ignorancia de lo que se había y se estaba haciendo.
“No le digas nada, pero ‘pasa esto’, y queremos…” y ahí puede ser, “saber”, “conocer”, “averiguar”, “comprobar”, “ayudar”…, así como “son los…”, puede ser “evangélicos”, “policías”, “el tal o el cual”; “que lo hizo ella”, y entonces “son ellos, los que eran sus amigos, o socios”; que no lo hizo, pero “sí se lo hicieron, cámaras ocultas, montajes”… .Si, porque a veces entremezclan la verdad, para que llegado el momento la confusión sea más,  total y efectiva. Ese es el secreto del “más allá del bien y del mal!... De ahí la lógica, en un principio, al decirte "ya se van a cansar" y/o "confía en dios". Pero entonces tu estabas en la más profunda ignorancia de lo que se había y se estaba haciendo contigo. Y se garantizan que tu vida quede en el más profundo poso, ahogada de mierda; y el tiempo que les estás otorgando, también les juega a favor… Y cómo no!, con toda la publicidad de todas las bondades y buenas obras a las que se dedican a hacer,  debajo del brazo;  folletos llenos de fotos y lugares y gentes… Y las infaltables frases bíblicas acomodadas conforme a la situación y a la conveniencia del momento, que también les justifique. Tal como había hecho aquel de La Coruña conmigo, aquel policía que dijo ser y que se presentó finalmente como del Opus Dei y me dio folletos y mil historias de lo buenos que son.  Y eso sí, verdades como la mía, sepultadas, bien sepultadas; jamás se sabrían…

 SEGUIMOS
Las visitas traídas casi por la fuerza, gracias a los lamentos de T, a la casa, pudieran haber obrado como un bálsamo, un alivio, un poco de distracción, una conversación adulta, madura; pero no, era todo lo contrario; aunque ese mismo deseo hubiera estado tanto en mi como en la visita, la absorbente esponja de T terminaba por sorber toda buena o coherente atención, acaparando todo hacia sí y su terrible pena de tener que “cargar” conmigo: es decir, yo hacerle la compra, hacerle de comer, limpiar la casa –muchas veces para que llamara detrás de mí a la chica y ella limpiara sobre lo limpio de lo que yo ya había hecho-. No se si le sacaba por este “hacerse cargo” dinero a las visitas, como ya había hecho en Lima, pero no me sorprendería, hoy no.
Y corría el año 2004. Había ocurrido el atentado en Madrid cuando yo todavía estaba en el San Pablo. Aznar ya había dicho aquello de que “las víctimas no tienen derechos” y por entonces ya estaba siendo cuestionado si había o no mentido con respecto al atentado.
Pero nada de eso tenía importancia, a no ser por la esperanza que traía un cambio en la dirección del Gobierno-Administraciones…(Pero mira que uno llega a ser iluso hasta la imbecilidad!).
Una de las visitas entre cuento y cuento llegó a referir que uno de los jueces de Barcelona estaba pasando por “tratamientos” como los míos, solamente que al pobre hombre lo estaban sumiendo en la depresión por lo que estaba mucho tiempo sin ir a trabajar…
Las fantasmadas teatrales de T frente al altar que tenía montado de santería, pidiendo dinero para irse a Lima y para que nos ayudaran, comprando paquetes y paquetes de velas que ya llegaban a haber cajas, también formaban parte de la agobiante rutina. Con el tiempo me enteraría que en esos altares tenía nuestras fotos con la cabeza para abajo y de espaldas…
En cuanto a su propia rutina, yo una vez mas le servía de trampolín para saltar a salir a distraerse porque las llamadas telefónicasquejas hacia mí le servían para pedir que la invitaran a algún sitio, a comer o a la casa de alguien. Y así era, se iba a comer afuera y yo me quedaba en lo que podría haber sido un alivio para mí también, si no fuera porque era peligroso; el síndrome de que siempre le faltaba algo: que le robaba. Así también se fue ya no  recuerdo si un par de días a Sitges, a la casa de una amiga que nos había invitado a las dos…, pero ella decidió irse sola.
Si suponías que los días en su casa iban a ser difíciles, nunca llegas a imaginar cuánto!
Yo depresión, no. Desesperación, si, porque a pesar y encima de todo, te presionaba para que te consiguieras un trabajo…; para que hicieras algo, que estabas todo el día metida en la casa. Entonces se te dio por irte por ahí, a dar vueltas y que no te tuviera todo el tiempo encima de ella. Además te tenías que procurar el tabaco, por lo que tenías que bajar a la calle a pedir…
Entonces vino el “te lo pasas todo el tiempo en la calle”, “qué estás haciendo aquí!”…
Una de las visitas, mira cómo son las cosas, terminó siendo una pequeña puerta de escape.
A pesar del odio con el que pueden llenar los corazones, los emocionales de las personas, sus mentes, sus razonamientos, a veces las cosas se terminan dando de manera que no llegues a ahogarte, según sea lo que eso signifique.

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muchas gracias.


DE LAS TRAICIONES, LAS MAS BAJAS


PRO ASOCIACION CONTRA LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE VIDAS HUMANAS



No tengo ninguna memoria de cuando llegué a la casa de T. Fue desde luego sin ninguna esperanza ni alegría: sabía que iba a ser otro problema más a resolver en el futuro; lo que  no sabía era cuando. Y es que hay indicios que te van marcando las pautas de lo que en realidad está pasando o puedes incluso esperar. Jamás desde que supo que estaba en el San Pablo, se acercó a verme (tampoco yo lo hubiera deseado, ( ¿a quién le gusta que lo vean embadurnado en la misma mierda?). Pero no por eso te quedas menos perpleja ante la actitud no ya indiferente ante los hechos en los que has estado envuelta en los últimos años,  el que “se enterara” de que habías estado viviendo en la calle, el que por luchar por tus derechos de cómo mínimo (o máximo) “ser” humano se te haya encerrado, sino por la complicidad encubierta: hablaba con la Dra. López a tus espaldas…
La cronicidad, los hechos repetidos una y otra vez, como un círculo vicioso, como una espiral que te tira y tira para abajo, porque estás en el centro del ojo del huracán.
Con este panorama de saberte andando con puñales clavados en tu espalda, teniendo que comerme el hecho de que me faltaran cosas de las entregadas en el hospital cuando llegué, con el estado físico hecho una piltrafa, moralmente deshecha, pero sacando fuerzas de una creencia absurda, ridícula, de que algún día se te va a hacer justicia, que vas a dar con los seres/situaciones adecuadas para recuperar tu vida, tu identidad, ahí vas, hacia la puerta a la que una y otra vez te han empujado…También.
Como ya era habitual en mi entorno, nadie habla, nadie pregunta, nadie dice nada y cambia la conversación cuando quieres tú hablar o explicar. No te otorgan ni siquiera la posibilidad de desahogarte. Además eres un estorbo y no se disimula este hecho. De ahí en más vives tus días con una casi desesperada necesidad de escapar, de salir corriendo de ahí, de irte lejos de toda esa opresión, de dejar de ser un mono de feria, porque encima no faltaban las ocasiones –y T sí que sabe buscarlas- de escuchar cómo sí se habla de ti, lo que quieren,  como quieren, a tus espaldas; los secretismos, los pactos de silencio. Y tú? Tú no sabes qué actitud tomar, pero sí sabes que tienes que callar, que tienes que aguantar, que no puedes dar ni la más mínima evidencia de que te están jodiendo…
Y, por supuesto, no faltaban los ataques energéticos: “Satanás” en tus genitales… Si, por parte de ella también…
Con la López habíamos quedado solamente que fuera a ver a los asistentes sociales… Y fui, vaya que fui, de un lado a otro, desde el hospital mismo hasta los centros del “Eixample”, el barrio de T. Lo que hallé fue en todos lados lo mismo: una pared, cuestionamientos que no tienen respuesta, preguntas que no hallan respuesta… Nada. Solo un ir y venir para nada.
Todo ese sufrimiento, ese someter a tortura no había traído ningún cambio. Al contrario, si se quiere más ensañamiento. La calle, “el patio” como lo llamo ahora, no había cambiado. Al contrario. Y cuando íbamos por la calle con T (que jamás me acompañó a ningún trámite de los que intenté hacer) porque íbamos a hacer la compra o a tomar algo, los beneplácitos del “patio” eran para ella. Como si estuvieran cumpliendo una venganza. ¡Cuánta ignorancia!, cuánta imbecilidad!, ¡Cuánta perversidad!
T. estaba empeñada en que tenía yo que ir a ver a la López y no había manera de hacerle entender que no habíamos quedado en nada. Un día, yo escuché la conversación, llamaron y ella atendió la llamada. Que era la López, que fuera urgente a verla, que cómo no había ido a verla, que yo estaba mintiendo, porque era la misma doctora la que había llamado. Flor de escándalo me montó.
Voy al hospital. Para la López toda una novedad, no sabía de qué le estaba hablando, que ella no había llamado. Recuerdo que intenté entonces aprovechando una ocasión en donde yo ya estaba lúcida y estábamos solas en su despacho, hablar en serio con ella, que pudiera ver lo que en realidad estaba haciendo conmigo. Todo buenamente, pero no hubo manera, “ella”? había determinado que yo tenía una cronicidad y eso no iba a cambiar. Me enojé muchísimo, me llené de ira, de indignación, de incredulidad e impotencia. No perdí los estribos, pero se lo dije, le dije que habían cometido -¡una vez más!- un crimen conmigo y que esto era parte del mismo juego…
Ya me estaba yendo, rumbo a la puerta, ella acompañándome, cuando me dijo algo sobre las “sectas”, que eran peligrosas o algo así. Recuerdo que me di vuelta y la miré… -con que era eso, no?- ¡”Católicos”!, -le espeté- ¡”católicos”! Se puso lívida, blanca como la espuma y la mirada cambió a la expresión de asombro y “tenga cuidado” en el mensaje. Yo no podía mas de la ira, de la indignación, de impotencia. Son palabras repetidas, pero es que eso es lo que es. Sientes que vas a reventar y no sabes ni por donde, ya que hacia afuera es inútil… y peligroso.
Salí de ahí echando chispas, maldiciendo a diestra y siniestra. ¿Pero qué habían hecho con todo lo que yo había hablado desde el San Joan de Deu hasta ahora?, si lo había venido repitiendo una y otra vez, son católicos y todo lo que pueden mover, o sea, todo. Cómo es que a esta mujer le sorprendía que yo se lo dijera en ese momento? Es que no había leído nada de todo lo que yo había expuesto? De que la loca de la que me parió era del Opus Dei –ah, porque ella, la López, también estaba contenta de que yo hubiera resuelto mi situación yendo a la casa de “mi madre” ¡La madre que la va a parir!, ¡¿Dónde estaba todo lo que yo había dicho?!, que parecían no estar ninguno enterado de nada! De dónde sacaba esta mujer lo de las “sectas”!Maldita sea, estaban escuchando a todo maldito dios,  menos a mí.
Hay algo que creo que saqué de bueno de todo este pasar por T.: Gestos, cabeceadas, imágenes, y vengo a comprender que no sólo me habían puesto cámaras en el Hogar Pagola de la calle Esparza en Buenos Aies, que no sólo me las habían puesto en los sitios donde había trabajado: Alejandro Ruiz, los Telles, y por donde fuera que había andado hasta entonces –salvo alguna honrosa excepción- sino que también lo habían hecho en el mismo hospital, con aquel hombre. Que de los exámenes que yo misma me hacía de mis hemorroides en la habitación del Pagola, habían hecho montajes en donde yo muestro, y expongo, ofrezco mi trasero… Y que por sobre todas las cosas, me habían hecho CULPABLE de lo ocurrido a aquella chica de la iglesia de Giménez… y me lo estaban haciendo pagar… Y que absolutamente nada había sido producto de la mera casualidad.

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muchas gracias.

miércoles, 27 de abril de 2011

PRO ASOCIACION CONTRA LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE VIDAS HUMANAS



Así fue como un día cualquiera pedí me dieran el alta, ¿qué estaba haciendo yo allí? Y la Dra. López me explicó que no me la daban por el hecho de que yo n o tenía a dónde ir, y que no podían dejarme ir a la calle… otra vez…


No sabía si reirme, si ponerme a llorar o mandarla a la mierda, cosa ésta última que no me lo permitía mi buena educación.

Creo sí que fue entonces que empecé a pensar en el hecho de ir a verla, en serio. Después de todo lo que necesitaba era irme del hospital y luego podía volver a hacer lo mismo que antes, volverá a los bancos, a las plazas… a la calle.

Tengo completamente borrado como fue que contacté finalmente con ella, pero sí recuerdo cuando fui al despacho de López a decirle que me iba a quedar en su casa, porque la cara de satisfacción, no solo de ella (era más profesional, más discreta), sino la de una doctorcita o enfermera, ya ni me acuerdo me sentó como una patada en el hígado. ¡Pero qué se creen que saben éstas! ¡Quien se creen que es esta mujer! No tienen la más mínima idea, ¡y ni siquiera les interesa!, pero ¡opinan, juzgan, condenan y absuleven! ¡Increíble, alucinante, demoledoramente sorprendente, humillante! ¡¡¡INDIGNANTE!!!

Bajo unos supuestos conocimientos que se creen que los están llevando a la verdad, pisotean la verdad misma, convirtiéndose el estandarte de la ignorancia más excelsa, en el grado más álgido de la imbecilidad. Y no tienes ni derecho a indignarte!

Se apoderan de ti, te apalean, te visten de ropas que a ellos les parece que te van (es decir, te cargan de una personalidad que nada tiene que ver contigo), ignoran con una sordera digna de una película de ciencia ficción todo vestigio de verdad, de testimonio, de evidencia, y así, ciegos, imbecilizados y clonados mentalmente, moralmente, se hacen dueños-verdugos de tu persona. Y no tienes ni derecho a indignarte…

Sé que con T. antes de que saliera hacia su casa para dejar el hospital, tuvimos llamadas telefónicas, no sé si yo la llamaba o era ella la que lo hacía al hospital. El caso es que en una de esas comunicaciones telefónicas, una de las internas que había llegado hacía un par de días, se puso a gritar tan fuerte como podía como hacía casi siempre, casi interrumpiéndose la comunicación…

Tampoco recuerdo cómo y cuando terminé saliendo finalmente de allí, a casa de T.

Para cualquier colaboración: CatalunyaCaixa, cta. cte. nº 20130050880201532512

VOLVER - VOLVER

PRO ASOCIACION CONTRA LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE VIDAS HUMANAS


Bien, ya habías tenido indicios suficientes adentro del nosocomio como para perder toda esperanza de que las cosas fueran a cambiar. Así que saliste a la calle absolutamente convencida de que todo estaría igual que cuando te secuestraron y, la verdad, mucho no te importaba. Solo querías salir, salir de ahí adentro, pretender que el afuera significaba libertad, condición bien pocas veces apreciada en su justa medida.


Efectivamente, el afuera, el adentro, era todo igual: clones que cambiaban de aspecto exterior, pero que se movían todos iguales, con las mismas miradas, los mismos gestos, las mismas conversaciones direccionadas; las mismas falsas acusaciones que no lo eran solamente por lo que tanto me daba vueltas en la cabeza, sino en el verdadero motivo del asedio, del ensañamiento. Siempre estás queriendo creer, creer que “la gente” no juzga equivocadamente sino a no ser cuando está manejada, manipulada, con la esponja primeramente vaciada y luego vuelta a llenar con lo que en ese momento y para ese fin, conviene. Pero, ¿qué era finalmente lo que se rumoreaba para tanto odio? ¿Qué habían hecho conmigo…? ¿Tenía alguna lógica que fuera para defender, solo para defender a una mujer perteneciente a una organización religiosa? No tenía sentido.

En ese momento de mentida libertad, no lo quería pensar, solo experimentaba la borrachera que me significaba la “medicación”, estaba en babia, atontada. Ya no balbuceaba, pero todavía hablaba lento, muy lento, igual que lentos eran mi caminar y mis movimientos. Me era totalmente imposible hacerlo de otra manera. Y eso sí, eso sí me lo preguntaba ¿por qué?, por qué a una mujer totalmente pacífica la habían reducido a una gelatina?

Y una vez más ¿qué habían hecho conmigo, con la historia de mi pasado? No lo sabía. Sabía que nada tenía que ver con el hecho de que si eras o habías sido puta, o porno. Las putas y las porno están muy bien atendidas la mayoría de las veces, se las invita a la televisión, se les hace reportajes y hasta se las “quiere”. No, esto tenía que ver con algo más, pero qué…?

Como ya dije, este hospital se encuentra a dos calles de donde en ese momento se domiciliaba M.T. del Campo Molina Vda. De Forns. Y, desde la Rambla Gaudí, se ve el edificio, o sea, lo que era su ventana balcón.

No fue al principio que se me cruzó por la cabeza, sino en alguna de mis otras salidas.

Tengo el enorme defecto de olvidarme de las ofensas que me hacen (o lo tenía?), y francamente cuando miraba en dirección a su casa las veces que salía, no lo hacía pensando mal ni con malos recuerdos, ni con rencor, sino solamente, -“¿y si fuera a saludarla?”-

Para cualquier tipo de colaboración: CatalunyaCaixa, Cta. Cte. nº 20130050880201532512

martes, 12 de abril de 2011

LOS ENEMIGOS SIGUEN OCULTOS

PRO ASOCIACION CONTRA LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE VIDAS HUMANAS
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Bien, ya habías tenido indicios suficientes adentro del nosocomio como para perder toda esperanza de que las cosas fueran a cambiar. Así que saliste a la calle absolutamente convencida de que todo estaría igual que cuando te secuestraron y, la verdad, mucho no te importaba. Solo querías salir, salir de ahí adentro, pretender que el afuera significaba libertad, condición .bien pocas veces apreciado en su justa medida.

Efectivamente, el afuera, el adentro, era todo igual: clones que cambiaban de aspecto exterior, pero que se movían todos iguales, con las mismas miradas, los mismos gestos, las mismas conversaciones direccionadas; las mismas falsas acusaciones que no lo eran solamente por lo que tanto me daba vueltas en la cabeza, sino en el verdadero motivo del asedio, del ensañamiento. Siempre estás queriendo creer, creer que “la gente” no juzga equivocadamente sino a no ser cuando está manejada, manipulada, con la esponja primeramente vaciada y luego vuelta a llenar con lo que en ese momento y para ese fin, conviene. Pero, ¿qué era finalmente lo que se rumoreaba para tanto odio? ¿Qué habían hecho conmigo…? ¿Tenía alguna lógica que fuera para defender, solo para defender a una mujer perteneciente a una organización religiosa? No tenía sentido.

En ese momento de mentida libertad, no lo quería pensar, solo experimentaba la borrachera que me significaba la “medicación”, estaba en babia, atontada. Ya no balbuceaba, pero todavía hablaba lento, muy lento, igual que lentos eran  mi caminar y mis movimientos. Me era totalmente imposible hacerlo de otra manera. Y eso sí, eso sí me lo preguntaba ¿por qué?, por qué a una mujer totalmente pacífica la habían reducido a una gelatina?
Y una vez más ¿qué habían hecho conmigo, con la historia de mi pasado? No lo sabía. Sabía que nada tenía que ver con el hecho de que si eras o habías sido puta, o porno. Las putas y las porno están muy bien atendidas la mayoría de las veces, se las invita a la televisión, se les hace reportajes y hasta se las “quiere”. No, esto tenía que ver con algo más, pero qué…?
Como ya dije, este hospital se encuentra a dos calles de donde en ese momento se domiciliaba M.T. del Campo Molina Vda. De Forns. Y, desde la Rambla Gaudí, se ve el edificio, o sea, lo que era su ventana balcón.
No fue al principio que se me cruzó por la cabeza, sino en alguna de mis otras salidas.
Tengo el enorme defecto de olvidarme de las ofensas que me hacen (o lo tenía?), y francamente cuando miraba en dirección a su casa las veces que salía, no lo hacía pensando mal ni con malos recuerdos, ni con rencor, sino solamente,  -“¿y si fuera a saludarla?”-
Así fue como un día cualquiera pedí me dieran el alta, ¿qué estaba haciendo yo allí? Y la Dra. López me explicó que no me la daban por el hecho de que yo n o tenía a dónde ir, y que no podían dejarme ir a la calle… otra vez…
No sabía si reirme, si ponerme a llorar o mandarla a la mierda, cosa ésta última que no me lo permitía mi buena educación.
Creo sí que fue entonces que empecé a pensar en el hecho de ir a verla, en serio. Después de todo lo que necesitaba era irme del hospital y luego podía volver a hacer lo mismo que antes, volverá a los bancos, a las plazas… a la calle.
Tengo completamente borrado como fue que contacté finalmente con ella, pero sí recuerdo cuando fui al despacho de López a decirle que me iba a quedar en su casa, porque la cara de satisfacción, no solo de ella (era más profesional, más discreta), sino la de una doctorcita o enfermera, ya ni me acuerdo me sentó como una patada en el hígado. ¡Pero qué se creen que saben éstas! ¡Quien se creen que es esta mujer! No tienen la más mínima idea, ¡y ni siquiera les interesa!, pero ¡opinan, juzgan, condenan y absuleven! ¡Increíble, alucinante, demoledoramente sorprendente, humillante! ¡¡¡INDIGNANTE!!!
Bajo unos supuestos conocimientos que se creen que los están llevando a la verdad, pisotean la verdad misma, convirtiéndose el estandarte de la ignorancia más excelsa, en el grado más álgido de la imbecilidad. Y no tienes ni derecho a indignarte!
Se apoderan de ti, te apalean, te visten de ropas que a ellos les parece que te van (es decir, te cargan de una personalidad que nada tiene que ver contigo), ignoran con una sordera digna de una película de ciencia ficción todo vestigio de verdad, de testimonio, de evidencia, y así, ciegos, imbecilizados y clonados mentalmente, moralmente, se hacen dueños-verdugos de tu persona. Y no tienes ni derecho a indignarte…
Sé que con T. antes de que saliera hacia su casa para dejar el hospital, tuvimos llamadas telefónicas, no sé si yo la llamaba o era ella la que lo hacía al hospital. El caso es que en una de esas comunicaciones telefónicas, una de las internas que había llegado hacía un par de días, se puso a gritar tan fuerte como podía como hacía casi siempre, casi interrumpiéndose la comunicación…
Tampoco recuerdo cómo y cuando terminé saliendo finalmente de allí, a casa de T.




domingo, 10 de abril de 2011

: Y LA GENTE ENLOQUECE, Y SE CONVIERTE EN LA TURBA

PRO ASOCIACION CONTRA LA APROPIACIÓN INDEBIDA DE VIDAS HUMANAS
Para cualquier colaboración: CatalunyaCaixa, Cta. Cte. nº 20130050880201532512

Y la gente enloquece cuando tiene la posibilidad de ir contra alguien a quien consideran ya debilitado, acabado. Es la oportunidad del linchamiento; no va a haber reclamos, nadie va a salir en defensa, nadie va a imputar por ningún delito, la puerta de la impunidad de los actos está abierta de par en par, nadie pondrá límites, es el momento de la catarsis, de la satisfacción del “sacrificio, de la inmolación de la víctima en el propiciatorio”; sólo una diferencia, no hay ofrecimiento, no hay pena por lo que se sacrifica, no hay la conciencia del "ser" sacrificado; no es nada, solo un despojo humano en quien se puede libremente descargar todo el odio acumulado por otras razones, ajenas, extrañas, pero que no se diferencia, es lo mismo, da igual, sirve, aporta satisfacción, íntima satisfacción: el todos contra uno. “La turba no razona”.
Este encierro fue diferente al anterior. Era, principalmente, o te dejas drogar, o te tomamos por la fuerza y te drogamos igual, tú elijes…
Así que, obedientemente, formaba fila junto con los demás ingresados frente a la ventanilla que proveía la “medicación”.
Ante este hecho, lo único que pensaba, una vez más, era el haberme cuidado toda la vida la mente: nada de drogas, prácticamente nunca alcohol (durante los diez años de pertenencia a la iglesia, nunca, como tampoco nada de tabaco -éste salvo en los primeros tiempos, año o año y medio); y ahí estaba, bajo el dominio de los impunes degenerados, con la mente completamente en nebulosa, los músculos hechos gelatina… En esta ocasión no se me aflojó la dentadura como en el ingreso anterior, ni me costó una muela como la vez anterior, ni parecía que había estado haciendo un triatlón de cómo me dolía el cuerpo, como la vez anterior; simplemente era un flan. No hablaba, balbuceaba, era dificilísimo poner la mente en orden, pensar, llevar la mente a lo profundo de la coherencia.
La burla era una institución; el asedio, incluso de los denominados "médicos", un puñal clavado en lo más profundo de la dignidad como ser, como mujer, como mujer completamente inocente, era un puñal clavado a traición en la espalda del derecho, de la lucha por la verdad, de la protesta con derecho por la reivindicación del honor, de la persona, de lo justo.
Y aún así empeñada de por lo menos querer hacer saber cual era en verdad el sucio y perverso motivo del por qué me hallaba ahí frente a las profesionales de la salud mental! Como una bestia de feria exhibida frente a los que están esperando que te liquiden de una vez, como en la arena de un circo macabro que eligió, y quizás no tan al azar, a quien mandar al ruedo.
Unas muchachitas que te miran, psicologas se llaman; preguntan lo que no sirve, escuchan lo que no quieren escuchar, porque ya tienen el cerebro ocupado con lo que escucharon previamente y con eso se quedan porque simplemente es lo conveniente, y anotan todo aquello que les pueda justificar tu entierro. Así está estipulado y así tiene que ser. Todo es inútil, lo sabes, lo intuyes, pero de una cosa estás segura, si te lo hicieron a ti, las puertas están abiertas para hacerlo a quien se les de la gana; y sabes, sabes, tienes la plena certeza de que ellas mismas no están excentas.
La doctora de cabecera, un poco más mayor, más inútil que las anteriores.  López, si mal no recuerdo.Directamente ves que no le importas absolutamente nada. Que no quiere saber absolutamente nada. No le interesa. Está cumpliendo su función y tú estás muy, pero muy lejos de ser su función.
Pero a pesar de que te tenían completamente ida, con la mente prácticamente borrada, aún así debiste de pelear que no te agregaran otra más. Joven enfermero, atento, amable, agradable, que no sabes si lo es por naturaleza o si porque se cree que te mueres por sus genitales, porque sabes que algo de eso se rumorea, ninfómana, porno, puta… Las palabras no se pueden pronunciar, ni en contra NI A FAVOR!, ¡NADIE DICE NADA!. Y te cuesta creer que puedan llegar a decir que sí, que lo eres, que lo has sido, no llegas totalmente a pensarlo, es como una cortina de humo que te envuelve, pero nadie te está diendo nada de frente y si lo mencionas, entonces estás paranoica! “Quien te lo dice?” Alguien se acerca a conversar, asistente, enfermera, que mas da. La escuchas decir: "...todos nos prostituimos, si no es en una cosa, es en otra, pero todos nos prostituimos..." Te dan ganas de gritar, "¡YO NO!, vengo de estar en la calle con carteles de un metro, durmiendo debajo del agua adentro de cartones, en los bancos!", pero sabes, no se puede gritar, de hecho, no puedes ni hablar.¿Lo dice por tí o  no? No lo sabes, no sabes qué creer.
 La perversión psicológica.
  Este enfermero, digo, finalmente te escuchó y no sabes si terminó entendiendo que era tu lucha, tu guerra particular, que nunca, jamás, pero jamás de los jamases les ibas a dar el gusto de someterte voluntariamente a sus perversiones, admitiendo todo lo que se habían propuesto. Esta era tu guerra y no ibas a bajar los brazos, hicieran lo que hicieran, aunque te mataran. Y desistió de “enchufarte” esa otra “medicación”.
El aislamiento también formaba parte del tratamiento sugerido; las caras y miradas de reojo, las murmuraciones a tus espaldas por parte del personal sanitario… Los ingresados también estaban seleccionados quien podía relacionarse contigo y quien no: una mirada, un gesto, era suficiente.
  No me costó una muela, pero casi me cuesta el ojo izquierdo. Una de las ingresadas, violenta como ella sola, que corría al personal e internados con bastones que arrebataba a visitas, o con lo que fuera, en una ocasión se abalanzó contra mí y me lanzó un manotazo a la cara: me abrió el globo ocular, con mucha suerte, porque no me tocó la retina.
La opción era o ponerme un punto de sutura (o dos, o tres, no recuerdo), o dejar que cicatrizara solo. Elegí que cicatrizara solo.
  Una tarde, al sentarme a comer, no pude. Simplemente no pasaba la comida por la garganta. Una de las celadoras lo observó y se me acercó a ver qué pasaba. Que si no podía comer. Como pude, balbuceé que no, que tenía la garganta cerrada. Ya les había dicho a las profesionales que no podía ni hablar, que qué era eso, que por qué me tenían drogada de semejante manera, que quién creían que era yo. Pero nada hicieron.
Ahora, no podía ya no hablar, sino ni tragar.
  Se  me llevó a observar y la asistente comentó el hecho.
Que me habían dado una medicación equivocada, que se había potenciado… Es decir, que casi me pasan para el otro barrio según los comentarios de alrededores mientras me suministraban un antídoto… Me habían medicado como para un caballo, como se dice.
Ya no puedo recordar cuánto tiempo estuve ahí, dos, tres meses, no lo se, pero llegó el momento de salir a dar vueltas por la parte exterior del hospital; el mareo, la nebulosa, la flojedad corporal..., en grupos, no podíamos salir solos.
En una ocasión, se escapó uno de los internos mientras dábamos el paseo. Los enfermeros salieron de urgencia a ver si podían alcanzarlo y a dar el aviso. Cuando regresó a dónde yo había quedado, estaba exausto y me comenta que había temido que yo también me escapara. Y dentro de tu nebulosa drogomental te preguntas "¿pero quién se cree este que yo soy? ¿por quién me toma? ¿Y de última, no se da cuenta que no tengo a dónde ir?"
Finalmente, llegó el tiempo de ir a dar paseos por la ciudad sola...



EXTENSO ANÁLISIS SOBRE EL SAPIENS-O PEQUEÑA TESIS-

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Por lo poco que he ido viendo, la especie humana es la única que mata a la fuente de su supervivencia como tal: a la hembra, y en una sociedad caótica como la que experimentamos, en una infinidad de casos lo hace para "masturbarse", dando la sensación de que al macho  ya no le satisface aparearse con la hembra de su especie.   Se le ha dado por llamarlo, ante la abrumadora evidencia de esta realidad,  "violencia de género". De la misma manera está desarrollando una marcada tendencia a hacerlo con las crías, suyas o ajenas, proyectando un horizonte de profundos cambios en la especie debido al trastoque de valores socioculturales en el futuro de aquellos que hoy son niños afectados por estas conductas de los adultos.
   Así mismo, se ha dado un notorio retroceso, incluso con manifestaciones físicas, hacia la cúpula macho-hembra, experimentando el macho lo que se denomina "disfunción erectil", o sea,  “impotencia sexual”, imposibilidad de mantener erecciones, por lo que  desarrolló un medicamento llamado “viagra” para ver de solventar la gran cantidad de casos que han surgido. Otras falencias que se manifiestan son, por ejemplo, la denominada “eyaculación precoz”, lo que hace que la hembra no experimente satisfacción ninguna, sino una enorme frustración y por ende rechazo hacia el macho, sin mencionar las enfermedades de transmisión sexual típicas del homo sapiens, que tampoco favorecen los apareamientos.  

 Sea la especie humana probablemente la única que crea, que inventa, que fabrica cosas que resultan para su autodestrucción personal, y hacia los demás;  es portadora de un  afán tremendamente destructor y autodestructor. 

Sea probablemente la única especie que aborrece la existencia y quizás sea por ello que, haciendo responsable a la hembra de su pesar de estar vivo, quiera destruirla.   Sea probablemente el único que  tiene como líderes a una comunidad de machos (religiosos) a los que se somete y obedece sin analizar si le conviene o no.

Las demás especies (digo, muchas de ellas) eligen a sus líderes luego de que estos entablan una lucha, a veces a muerte, con su rival, que son los que se van a hacer cargo de la manada/tribu para sustentarla, conducirla a la obtención de la alimentación, el agua, el cobijo; para cuidarla y procurar el bienestar de la especie y la procreación. 
  El homo sapiens  en cambio tiene líderes que usan a su propia tribu para beneficio personal, usufructuándola, poniendo en riesgoso juego el bienestar general de su especie, incluso llevándola a la muerte, para ello; la explota, abusa de sus congéneres y no tiene miramientos para avasallar todo lo que se halla a su alcance, incluyendo el medio ambiente en el que se supone debe desarrollarse.  De esta manera el bípedo implúmedo, parece tener, en su mayor virtud como especie, su mayor enemigo: el ser sapiens, ya que es el pensamiento el que lo ha llevado a anular prácticamente en su totalidad el sentido de todo instinto como animal que se niega a ser, negando así su vital esencia.

Las demás especies usan como moneda de cambio, los bienes que otorga la tierra; el sapiens inventó la moneda, producto del pensamiento creador, y es ésta obra más como producto para su alienación que para su beneficio, personal o tribal. De ahí es que se puede interpretar que el pensamiento "racional" al hombre lo ha llevado mas a perjudicarse como especie que a beneficiarlo.
  En este afán acumulador de esta su tan especial creación, el homo erectus no ha dudado en destruir todo lo hallado a su paso, incluso y especialmente a la hembra o su progenie sin desarrollar, porque encontró en la falencia de su desarrollo instintivo animal como procreador, que halla también más placer  sexual en el sufrimiento, humillación, muerte, de aquel que ha pasado a ser objeto de su satisfacción sexual, que en lo animalmente correcto (es decir, macho-hembra-adultos) creando de esta manera harenes de hembras no voluntarias para tal fin, para tenerlas como objetos sexuales, para uso popular, siendo éstos sitios a donde se puede acudir para el usufructo de la hembra de la especie, a cambio de ese instrumento tan valorado creado por el hombre, llamado dinero; también lo ha desarrollado con progenies sin desarrollar y con varones jóvenes; y, además en su evolución, incluso ha inventado mecanismos de venta denominados virtual-mediático; envasados (llámese películas/fotos/y ahora el medio tan popularizado como es internet), en donde el macho sapiens -y algunas hembras también- encuentra en lo que probablemente en cualquier especie se consideraría aberraciones, su fuente más exquisita de placer, en especial en todo aquello que le muestre dolor y sufrimiento ajeno, convirtiéndose estos medios en fuentes de enormes ganancias a líderes de manadas alienadas como especie. 

Con todo, siendo que es la especie que más se ha atacado a sí misma, y ha atacado a sus congéneres, (suicidios -de los que  no  se quiere aportar estadísticas-, tremendas guerras que han asolado casi todo el globo, enfermedades y muertes producto de sus creaciones sapiens, dejar morir egoístamente a sectores poblacionales teóricamente menos favorecidos por la naturaleza, pero en el fondo explotados por congéneres de otras tribus lejanas a ellos mismos (Africa, por ejemplo), destruir sistemáticamente a las hembras  (y esto se puede comprobar en prácticamente todas las tribus de la tierra), con todo digo, el homo sapiens no parece estar en vías de extinción.  Y, repito, la esponja, que es como yo denomino al cerebro, parece ser su más poderoso enemigo, ya que no solo ha anulado su VITAL instinto, sino que el conocimiento de algunos, que se han autoproclamado líderes de todas las manadas, les saben llenar la esponja para manejar a la especie a gusto y placer siempre en beneficio de los gurúes-brujos-sacerdotes autoproclamados líderes y obedecidos, por lo convencidos o por la fuerza. Estos se han convertido en verdaderos predadores de la especie sapiens por el solo simple y sencillo afán de poder soberano y de acumulación de bienes materiales. Una verdadera pena para esta especie sobre la tierra y para la tierra misma y todas sus especies.

Si alguien conoce alguna otra especie que muestre esta conducta del sapiens que lo comente y por supuesto, corregimos la presente.

Caso contrario, pensar, por favor, pensar...

Yanina Yolanda Bottrarini. 
 19-03-11 

LA SABIDURÍA POPULAR


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ZP: LA NOTA DISIDENTE

 Cambiando de rumbo Sr. Presidente
Dn. José Luis Rodríguez Zapatero. 

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