Con la gente de la casa en donde ahora vivía hablando y hablando, buscando por qué me estaban detrás y detrás y con todo, llegamos a la conclusión de que quizás yo tenía algún dinero por cobrar en Argentina, y por eso querían quitarme de en medio.
Pero ahí también las cosas se fueron al traste. Incluso, un novio de la hija que venía a la casa, llegó a comentar, mirándome: "si no lo usa, para qué lo tiene", refieréndose a mi sexualidad.
Había preparado escritos para presentar y enviar, y desaparecieron; me evitaban; ya no querían hablar conmigo.
Fuí a ver al Juez, Instrucción Primera Nº1. Necesitaba protección. Me recibió de pié y sin mirarme. Yo, hecha una furia. El, que no tenía mucho tiempo: tenía que ir a levantar un cadáver (¡¿éste también?!). Yo? Que no quería esperar a ser cadáver para que se ocupara de mí. Que entonces ya no lo iba a necesitar. Que no. Que no iba a tomar ninguna medida cautelar hasta el juicio. Que -"no sé si voy a llegar al juicio...No me van a dejar!!!"-
Luego, en otra ocasión, puede ver cómo el informe de la policía había sido cambiado. Porque en un momento del proceso -y yo vivía en otro lugar que acabo de recordar y que sí, ese sí que era horrible- me llamó un tal inspector que quería verme y hablar conmigo por requerimiento del Juez- -"A las diez de la noche?"-, le pregunté. -"¿Eso no se hace en policía?"- Al final, no sé, pero sí había podido hablar con él (ahora, mirando para atrás, veo qué estúpida que he sido!!!), y lo que yo había hablado con el, y con los otros, los de la patrulla, no tenía nada que ver con ese informe, ni con los policías que habían intervenido. Presenté otro escrito aclarando ésto también.
Fué igual, ya estaba todo manipulado.
Las fechas se me entreveran, así como las casas en las que estuve, ya que en unos cuatro o cinco meses que estuve en Coruña, me cambié, como cinco o seis veces.
Sé que en otra ocasión en la que yo quise denunciar -me parece que fue antes de los Fernandez- de la comisaría en la que me presenté, me enviaron a otra seccional. En cuanto llegué me atendió un Inspector que estando conmigo recibió una llamada telefónica y me miró; luego me dijo "está usted metida en un buen lío". Y uno con esa mañía de dar por sentado de que sabemos de qué está hablando. NUNCA DES POR SENTADO NADA. NUNCA SABES NADA ¿YA TE LO DIJE? PUES OTRA VEZ: NUNCA SEPAS NADA, QUE PUEDE SER QUE EN VERDAD NO SEPAS NADA. Yo interpreté que era por lo del Ejército de Salvación. A todo ésto se pusieron dos policías de civil que se pusieron a rodearme y detrás de mí y, no sé qué hicieron, pero el Inspector se enfadó, si estaban de "cachondeo" o qué; qué era ésto. En tanto me decía que me habían enviado allí para que me pusiera una multa como irregular, -¡vaya sorpresa y trastada!-los otros le entregaron unas hojas sacadas del ordenador llenas de ceros.Como yo estaba trabajando me envió a CCOO a que me regularizaran por la nueva ley (una buena forma de "censar").
Este blog tiene la pretenciosa ambición de desmitificar, denunciar, y esclarecer el crimen. En especial para las personas perjudicadas por organizaciones religiosas, incluído el cristianismo/catolicismo. ¿Está el delito sexual supeditado a serlo según quién lo cometa e instigue? Y de ser así, ¿es justo? Y hablo de delito sexual como de cualquier otro.¿Sigue la inquisición en pie? Paremoslo ahora, antes de que sea tarde. Somos TODOS y CADA UNO, tanto como para matar como para HACER JUSTICIA. yyb.
jueves, 25 de marzo de 2010
A...a...a...dónde?
Con la nuera de la señora con la que yo trabajaba, también habíamos ido a "cafetear", y ella también pudo ver, y admitió, cómo, de mesas vecinas, estaban pendientes de mi. Ella me llevó hasta la seccional de policía, pero no me convenció para qué, ya que no la ví dispuesta a decir que me veía perseguida, tal como yo afirmaba, sino que me habló algo así como que para decir que "yo era una buena persona". Tampoco ya me fiaba de la policía, así que desistí.
Y los problemas se fueron incrementando. La habitación de Vicente Alexandre no tenía llave, así que cuando comencé a observar que entraban en mi ausencia, la amarraba con unas cuerdas.El problema se agravó cuando al llegar, las encontraba sueltas. Ya me faltó ropa y unas gafas de sol. Entonces fue hablar con el marido de la argentina, una, dos, tres...veces.
El chico con quien también compartíamos la casa, se había vuelto medio chulito y a mí me habían llegado comentarios sobre el en el sentido de que no trabajaba, pero siempre tenía dinero, aunque se atrasaba en el pago de la habitación dos y hasta tres meses. ¡Y no le decían nada! También llevaba a la casa a su novia, que me hubiera importado un rábano frito si nu hubiera sido que se les dió, junto con el incremento de los problemas para mí, por aullar cada vez que "hacían vida en cómún", como se dice ahora. Y lo hacían pura y exclusivamente para molestarme -como que esas eran mis costumbres-.
Fué en la cocina de la casa hablando con el marido de la argentina, Sr. Fernandez, que la situación se puso verdaderamente mal al faltarme, éste hombre, verdaderamente el respeto -para sacarme de quicio- ya que no venía a cuento el que me dijera, en medio de la conversación sobre las entradas a la habitación, que "al final voy a tener que darte un cachetazo, yo a tí". "¡¡¡¿¿¿QUEEE???!!!", y por qué?, quién crees tú que soy yo para que tú quieras venir a levantarme la mano a mí? ¿Tú estás bien?", fue mi respuesta. "En tal caso se la tendrías que levantar a tu mujer, no a mí". Discutimos y se marchó. Llamé a la policía, le mostré lo que pasaba en la habitación, les conté lo que había pasado con Fernández, lo de la parejita, y fuimos a la comisaría en la patrulla. Cuando íbamos de camino, me seguían preguntando cosas y una de ellas tuvo que ver con el horario. Cuando les expliqué, se miraron y uno le comentó al otro: -"Es exacta en el testimonio"- Y me dije: "¿Cómo lo sabe?. Es indudable que me andan persiguiendo". Pero sabes qué? Seguía sin preocuparme; si se quiere me daba seguridad...
Y, por supuesto, me tuve que marchar de allí.Mi amiguita galleguita, se había marchado de allí también.Lo llamé a Fernández; quería que estuviera presente, porque incluso, en una mala conversación telefónica que había tenido con su mujer, ella me había llamado "mangante" (cosa que cuando me lo dijo, yo no sabía lo que quería decir), así que no quería que luego me viniera a reclarmar nada, por lo que le pedí que hiciera un inventario de todas las cosas que yo le dejaba y que me lo firmara. No sé por qué bajó la guardia y se puso más bondadoso. Creo que el inventario no lo hizo, que no me preocupara. Que me iba a mostrar una carta que había recibido, pero como yo tenía esa actitud, ahora no me la mostraba nada. Y "que a la policía la había llamado el". Y así quedó. No me la mostró. ¿Pero de qué está hablando, si a la policía la llamé yo...?
Después me dí cuenta, hablaba de que las entradas a mi habitación eran porque él llamaba a la policía.
Me fuí a otra casa con una gallega y su madre que habían estado viviendo en New York.
¿La hago corta? Alfombra roja un tiempo, y vuelta a empezar.
Ya tenía mi primer móvil, así que me refugiaba hablando por teléfono con ésta gente que había encontrado del pasado en Brna.
No puedo recordar en qué momento me fuí en tren a Madrid; sólo ida y vuelta, para poner una denuncia en el ministerio de justicia. ¡Estaba tan harta!!! ¡Por favor lo que fue! Ver por lo menos media docena de individuos trajeados alrededor de mí, por las calles, tratando de amedrentarme para que no llegara! ¡Qué morros, qué morros que tienen! Puse un pequeño informe -porque ya -¡también!- estaban avisados de no atenderme; ésto, en la recepción, así que me dieron un formulario que escribí como pude y me salió en medio de la rabia y la impotencia y me fuí.
Volví a Coruña, porque aún tenía el trabajo en la casa aquella, en donde pude ver cómo venían gentes extrañas (mujeres) que parecían ser de la iglesia -ellos jamás tenían contacto con la iglesia-; la nuera, Consuelo, así se llamaba, se había distanciado de la práctica del "amiguismo" y ahora, cuando yo estaba ocupada, me revisaba el bolso y se quedaba con tonterías: papeles diversos, tickets de compra, facturas...
Yo había estado yendo por las iglesias católicas -siempre buscando lo mismo: una solución por parte de gente lo suficientemente influyente- y resultaron ser del Opus.
Por la calle era imposible. Verdaderas turbas de viejos con viejas de la mano, acosando. Parecían salir de sus casas todos al mismo tiempo, y atiempo, para cruzarse conmigo por donde yo iba. -"¿Cómo hacen?"- me preguntaba a mí misma.
En esta casa de las de New York, cuando las cosas aún eran "alfombra roja" ví una película -para Semana Santa- que, ni entonces ni jamás pude terminar de ver. Me puse a llorar de rabia, de indignación, de dolor... Por supuesto, era sobre la vida de Jesús. Yo había bocetado esa película en el Ejército de Salvación. Yo la había creado. Y ahora la veía en la pantalla realizada por otros. El boceto estaba sin terminar, así que no sé cómo sigue la película más allá de lo que yo ví, pero esa película es mía. Realizada en Roma. Otra cosa más que podía ver cómo me la habían robado... Era mí creación; como un hijo que te roban y luego con el tiempo lo ves, a la distancia... No puedes llegar a él, no lo puedes recuperar... Y lloras.
Y los problemas se fueron incrementando. La habitación de Vicente Alexandre no tenía llave, así que cuando comencé a observar que entraban en mi ausencia, la amarraba con unas cuerdas.El problema se agravó cuando al llegar, las encontraba sueltas. Ya me faltó ropa y unas gafas de sol. Entonces fue hablar con el marido de la argentina, una, dos, tres...veces.
El chico con quien también compartíamos la casa, se había vuelto medio chulito y a mí me habían llegado comentarios sobre el en el sentido de que no trabajaba, pero siempre tenía dinero, aunque se atrasaba en el pago de la habitación dos y hasta tres meses. ¡Y no le decían nada! También llevaba a la casa a su novia, que me hubiera importado un rábano frito si nu hubiera sido que se les dió, junto con el incremento de los problemas para mí, por aullar cada vez que "hacían vida en cómún", como se dice ahora. Y lo hacían pura y exclusivamente para molestarme -como que esas eran mis costumbres-.
Fué en la cocina de la casa hablando con el marido de la argentina, Sr. Fernandez, que la situación se puso verdaderamente mal al faltarme, éste hombre, verdaderamente el respeto -para sacarme de quicio- ya que no venía a cuento el que me dijera, en medio de la conversación sobre las entradas a la habitación, que "al final voy a tener que darte un cachetazo, yo a tí". "¡¡¡¿¿¿QUEEE???!!!", y por qué?, quién crees tú que soy yo para que tú quieras venir a levantarme la mano a mí? ¿Tú estás bien?", fue mi respuesta. "En tal caso se la tendrías que levantar a tu mujer, no a mí". Discutimos y se marchó. Llamé a la policía, le mostré lo que pasaba en la habitación, les conté lo que había pasado con Fernández, lo de la parejita, y fuimos a la comisaría en la patrulla. Cuando íbamos de camino, me seguían preguntando cosas y una de ellas tuvo que ver con el horario. Cuando les expliqué, se miraron y uno le comentó al otro: -"Es exacta en el testimonio"- Y me dije: "¿Cómo lo sabe?. Es indudable que me andan persiguiendo". Pero sabes qué? Seguía sin preocuparme; si se quiere me daba seguridad...
Y, por supuesto, me tuve que marchar de allí.Mi amiguita galleguita, se había marchado de allí también.Lo llamé a Fernández; quería que estuviera presente, porque incluso, en una mala conversación telefónica que había tenido con su mujer, ella me había llamado "mangante" (cosa que cuando me lo dijo, yo no sabía lo que quería decir), así que no quería que luego me viniera a reclarmar nada, por lo que le pedí que hiciera un inventario de todas las cosas que yo le dejaba y que me lo firmara. No sé por qué bajó la guardia y se puso más bondadoso. Creo que el inventario no lo hizo, que no me preocupara. Que me iba a mostrar una carta que había recibido, pero como yo tenía esa actitud, ahora no me la mostraba nada. Y "que a la policía la había llamado el". Y así quedó. No me la mostró. ¿Pero de qué está hablando, si a la policía la llamé yo...?
Después me dí cuenta, hablaba de que las entradas a mi habitación eran porque él llamaba a la policía.
Me fuí a otra casa con una gallega y su madre que habían estado viviendo en New York.
¿La hago corta? Alfombra roja un tiempo, y vuelta a empezar.
Ya tenía mi primer móvil, así que me refugiaba hablando por teléfono con ésta gente que había encontrado del pasado en Brna.
No puedo recordar en qué momento me fuí en tren a Madrid; sólo ida y vuelta, para poner una denuncia en el ministerio de justicia. ¡Estaba tan harta!!! ¡Por favor lo que fue! Ver por lo menos media docena de individuos trajeados alrededor de mí, por las calles, tratando de amedrentarme para que no llegara! ¡Qué morros, qué morros que tienen! Puse un pequeño informe -porque ya -¡también!- estaban avisados de no atenderme; ésto, en la recepción, así que me dieron un formulario que escribí como pude y me salió en medio de la rabia y la impotencia y me fuí.
Volví a Coruña, porque aún tenía el trabajo en la casa aquella, en donde pude ver cómo venían gentes extrañas (mujeres) que parecían ser de la iglesia -ellos jamás tenían contacto con la iglesia-; la nuera, Consuelo, así se llamaba, se había distanciado de la práctica del "amiguismo" y ahora, cuando yo estaba ocupada, me revisaba el bolso y se quedaba con tonterías: papeles diversos, tickets de compra, facturas...
Yo había estado yendo por las iglesias católicas -siempre buscando lo mismo: una solución por parte de gente lo suficientemente influyente- y resultaron ser del Opus.
Por la calle era imposible. Verdaderas turbas de viejos con viejas de la mano, acosando. Parecían salir de sus casas todos al mismo tiempo, y atiempo, para cruzarse conmigo por donde yo iba. -"¿Cómo hacen?"- me preguntaba a mí misma.
En esta casa de las de New York, cuando las cosas aún eran "alfombra roja" ví una película -para Semana Santa- que, ni entonces ni jamás pude terminar de ver. Me puse a llorar de rabia, de indignación, de dolor... Por supuesto, era sobre la vida de Jesús. Yo había bocetado esa película en el Ejército de Salvación. Yo la había creado. Y ahora la veía en la pantalla realizada por otros. El boceto estaba sin terminar, así que no sé cómo sigue la película más allá de lo que yo ví, pero esa película es mía. Realizada en Roma. Otra cosa más que podía ver cómo me la habían robado... Era mí creación; como un hijo que te roban y luego con el tiempo lo ves, a la distancia... No puedes llegar a él, no lo puedes recuperar... Y lloras.
miércoles, 24 de marzo de 2010
A CORUÑA
La dueña de Vicente Alexandre, una argentina casada con un gallego, simulaba -hoy lo se- practicar el amiguismo conmigo. Yo, encantada. Incluso tomábamos café por las tardes en algún lugar de la ciudad. En realidad, con el tiempo me he ido dando cuenta, también, de que eran enviados -porque no ha sido la única; N2 había hecho lo propio con el cuento de su hermana y las películas X- para sacarme mentira verdad y para conocer mis planes, o a qué aspiraba, para, luego, aquellos a los que les informaban, me los echaran por tierra. Pero de esto te das cuenta tarde, muy tarde. Pero como la verdad es una sola, por supuesto,salían decepcionados.
MUERTO EL PERRO?
martes, 23 de marzo de 2010
HASTA DONDE?
Cuando dejé esa casa, para que no me vieran los que me perseguían (que ingenua de mí, que inocente!), pedí un taxi y salí por la puerta de atrás.
Como en todas las épocas, hay episodios que no recuerdo al detalle.
Había alquilado una habitación en una casa horrible, con una ventanita al aire y luz de un primer piso y que daba justo al ascensor. Habíamos mujeres y hombres. Siempre huí de convivir con hombres. Pero allí estaba.
Dí mas vueltas...! Alquilé y me mudé tantas veces... Sí, era lo mismo que en Bs.As. No econtraba un sitio en donde respetaran mi derecho a la privacidad. Entraban a la habitación como si no estuviera alquilada. Con las gentes de estos sitios el trato era, primero, alfombra roja, después, la peor del condado.
Oportunides de trabajo, poco, nada y malo: me ofrecían 80.000 peseteas... Pero en concreto, no conseguía.
ME ENCONTRE CON GENTE DEL PASADO
Poco a poco se fueron haciendo eco de mi situación: amedrentada, perseguida, sin trabajo. Incluso, cuando estaba hablando desde una cabina en un bar con "les" me robaron el número de teléfono que tenía anotado de "les"!!!
Hicieron TODO para ayudarme. No hubo manera.
Me fui a Sants Estació, miré el mapa y dije:-"Lo más lejos?".- Y me fui a La Coruña.
El viaje fue un tormento. Se me sentaron atrás, en el otro compartimiento, y toda la noche pateándome el respaldo del asiento, y jaraneando. En el bar del tren, un par de individuos (e individuas) con los que tuve una discusión por faltarme el respeto. Un hombre discutiendo con su acompañante porque -"ésto puede ser peligroso!!!"-, le decía uno al otro.
Cuando bajé del tren por por la mañana me fuí directo a poner una denuncia por lo ocurrido en el viaje. Estaban a punto de transcribirla cuando uno, a mis espaldas, le hace señas al que me atendía, que no, no, no. Traté de discutirlo, pero no, no, no.
Alquilé una habitación a una señora que se paseaba por la estación ofreciendo la suya, un lugar que tenía exclusivamente para eso. Pero, como era caro, estuve poco.
Con ella me pasé casi toda la noche hablando del problema que yo tenía, mientras otro, un individuo que había llegado después que yo, oía desde la otra habitación. Era un "enviado", un perseguidor.
Me gustó A Coruña.
Me fuí a vivir a una casa muy rara. La habitación no era nada extraordinaria, pero el resto de la casa, medio antigua, no estaba mal. No recuerdo si eran una o dos mujeres porque fue por poco tiempo. Mucho indagar al principio, invitada a comer, compartir momentos en la sala, tratada como una reina, y de pronto un día sin mediar palabra me encontré con algo que no voy a poner aquí, porque me lo hicieron esa vez y nunca más...
Alquilé, ahora sí, una habitación grande, luminosa, con tv. en la habitación, en la calle Vicente Alexandre, por 17.000 pesetas. El piso era solo para nosotros, los inquilinos. Había una "galleguita" con la que nos hicimos amigas, y un chico.
Conseguí trabajo en un bar como ayudante de cocina. Los dueños, una pareja. En regentaba el bar, ella tenía una zapatería. Todo bien. (Muy bien: me invitaron a pasar, allí mismo, esas Navidades con ellos y sus hijos -de ella-, con los que nos peléabamos por las angulas.
Mientras ella las cocinaba y me enseñaba, yo me horrorizaba -"¡yo no comeré eso!!!"- sufría. Ella -"ya verás"-, me decía -"mis hijos se pelean por ellas."- Y yo, una vez las hube probado, me peleaba con ellos. Ella se partía de risa. Había tenido razón. Deliciosísimas!!! las angulas.
Todo se estropeó cuando él empezó a querer pasarse. "Los comentarios" ya habían llegado hasta ahí también y con ello, los problemas. Discutimos muy fuerte, ¡no más me faltaba! Que roces, que miraditas, que insinuaciones... habiendo yo estado sentada a la mesa con su mujer!!! ¡Qué falta de respeto, no sólo hacia mí, sino hacia su pareja, que no sólo era un tesoro, sino que a el le trataba como si fuera de oro. ¡Qué se había creído?!
Se vengó no queriendo pagarme. Me costó, pero al final, me pagó. Eran 80.000 pesetas por mes, pero gastaba menos que en Barcelona.
Mi amiguita de Vicente Alexandre me dejó su trabajo, ya que ella no lo quería. Cinco horas para ir a darle de comer a una abuela y a su hija no muy...lúcida. 60.000 pesetas. Nada mal.
Peeero...
Como en todas las épocas, hay episodios que no recuerdo al detalle.
Había alquilado una habitación en una casa horrible, con una ventanita al aire y luz de un primer piso y que daba justo al ascensor. Habíamos mujeres y hombres. Siempre huí de convivir con hombres. Pero allí estaba.
Dí mas vueltas...! Alquilé y me mudé tantas veces... Sí, era lo mismo que en Bs.As. No econtraba un sitio en donde respetaran mi derecho a la privacidad. Entraban a la habitación como si no estuviera alquilada. Con las gentes de estos sitios el trato era, primero, alfombra roja, después, la peor del condado.
Oportunides de trabajo, poco, nada y malo: me ofrecían 80.000 peseteas... Pero en concreto, no conseguía.
ME ENCONTRE CON GENTE DEL PASADO
Poco a poco se fueron haciendo eco de mi situación: amedrentada, perseguida, sin trabajo. Incluso, cuando estaba hablando desde una cabina en un bar con "les" me robaron el número de teléfono que tenía anotado de "les"!!!
Hicieron TODO para ayudarme. No hubo manera.
Me fui a Sants Estació, miré el mapa y dije:-"Lo más lejos?".- Y me fui a La Coruña.
El viaje fue un tormento. Se me sentaron atrás, en el otro compartimiento, y toda la noche pateándome el respaldo del asiento, y jaraneando. En el bar del tren, un par de individuos (e individuas) con los que tuve una discusión por faltarme el respeto. Un hombre discutiendo con su acompañante porque -"ésto puede ser peligroso!!!"-, le decía uno al otro.
Cuando bajé del tren por por la mañana me fuí directo a poner una denuncia por lo ocurrido en el viaje. Estaban a punto de transcribirla cuando uno, a mis espaldas, le hace señas al que me atendía, que no, no, no. Traté de discutirlo, pero no, no, no.
Alquilé una habitación a una señora que se paseaba por la estación ofreciendo la suya, un lugar que tenía exclusivamente para eso. Pero, como era caro, estuve poco.
Con ella me pasé casi toda la noche hablando del problema que yo tenía, mientras otro, un individuo que había llegado después que yo, oía desde la otra habitación. Era un "enviado", un perseguidor.
Me gustó A Coruña.
Me fuí a vivir a una casa muy rara. La habitación no era nada extraordinaria, pero el resto de la casa, medio antigua, no estaba mal. No recuerdo si eran una o dos mujeres porque fue por poco tiempo. Mucho indagar al principio, invitada a comer, compartir momentos en la sala, tratada como una reina, y de pronto un día sin mediar palabra me encontré con algo que no voy a poner aquí, porque me lo hicieron esa vez y nunca más...
Alquilé, ahora sí, una habitación grande, luminosa, con tv. en la habitación, en la calle Vicente Alexandre, por 17.000 pesetas. El piso era solo para nosotros, los inquilinos. Había una "galleguita" con la que nos hicimos amigas, y un chico.
Conseguí trabajo en un bar como ayudante de cocina. Los dueños, una pareja. En regentaba el bar, ella tenía una zapatería. Todo bien. (Muy bien: me invitaron a pasar, allí mismo, esas Navidades con ellos y sus hijos -de ella-, con los que nos peléabamos por las angulas.
Mientras ella las cocinaba y me enseñaba, yo me horrorizaba -"¡yo no comeré eso!!!"- sufría. Ella -"ya verás"-, me decía -"mis hijos se pelean por ellas."- Y yo, una vez las hube probado, me peleaba con ellos. Ella se partía de risa. Había tenido razón. Deliciosísimas!!! las angulas.
Todo se estropeó cuando él empezó a querer pasarse. "Los comentarios" ya habían llegado hasta ahí también y con ello, los problemas. Discutimos muy fuerte, ¡no más me faltaba! Que roces, que miraditas, que insinuaciones... habiendo yo estado sentada a la mesa con su mujer!!! ¡Qué falta de respeto, no sólo hacia mí, sino hacia su pareja, que no sólo era un tesoro, sino que a el le trataba como si fuera de oro. ¡Qué se había creído?!
Se vengó no queriendo pagarme. Me costó, pero al final, me pagó. Eran 80.000 pesetas por mes, pero gastaba menos que en Barcelona.
Mi amiguita de Vicente Alexandre me dejó su trabajo, ya que ella no lo quería. Cinco horas para ir a darle de comer a una abuela y a su hija no muy...lúcida. 60.000 pesetas. Nada mal.
Peeero...
lunes, 22 de marzo de 2010
PARECE MENTIRA PERO NO LO ES
Ahora, en el trabajo de Ríos Rosas me habían hecho contrato de trabajo y lo habíamos presentado a Gobierno Civil. Pero ya habían comenzado los problemas "raros", sin motivos reales (o aparentes). El vecino del piso de arriba, inquilino de la señora y amigo, de un día para el otro se me había dado vuelta, y ahora cada vez que venía a ver a la señora -todos los días- le llenaba la cabeza a la señora en mi contra. Nunca se había portado groseramente, pero un día vino cuando yo estaba poniendo la cera en el suelo y pasó como si nada, cosa que se lo reproché. Que yo me dedicara a lo mío, y me llamó "impresentable". Yo no tenía ni idea lo que quería decir, pero supuse que nada bueno sería.
Yo era irreprochable. Llevaba las cuentas con todas sus facturas, sus tickets, alimentaba a la señora balanceadamente -sé de eso-, le hacía sus curas y tenía esa casa grande y vieja hecha un lujo de limpieza. Eramos la señora y yo, nadie más. Todos estaban encantados.
Pero entre el vecino de arriba y la mujer que venía a "hacer horas" (a robar, porque ni falta que hacía que viniera, pero como también era "amiga" de la señora, venía igual, y no sólo cobraba, sino que siempre le sacaba de más: cuando no era el hijo ingresado, era la hija enyesada), me hacían la guerra usándola a mi anciana.
Cuando lo hablé con quien me había contratado, el apoderado, y heredero, él sentado en uno de los sillones de la galería, mirándome, y yo parada mirando para el jardín, me contestó a mi queja diciéndome: -"Dentro de cinco años, me vas a seguir diciendo lo mismo?"- Yo me sorprendí y lo miré; y pensé para mí "vaya a saber dónde voy a estar yo dentro de cinco años"...
Estaría un poco en la calle (sin techo) y un poco encerrada en un psiquiátrico.
Un día estaba regando las bellísimas plantas y árboles del jardín. Era una tarde bellísima y el olor a riego era exquisito. Era felíz. Aspiré hondo y me embriagué de ese momento, y, de pronto, la jodí. Me pregunté ¿cuánto me va a durar ésto? Y mi interior me contestó: octubre.
Y llegó octubre. O antes. Setiembre. Se juntó todo. Entre el vecino y la de horas (que no habían ni mucho menos aflojado en su guerra contra mí) y yo que ya necesitaba tener al menos un día completo para mí, sin tener que escuchar a la señora -tenía alzeimer, 87 años, y nunca dormía tampoco una noche sin levantarse -con ayuda- tres o cuatro veces,- las cosas se volvieron prácticamente insostenibles.
Encima me habían rechazado los papeles en Gobierno Civil y me exigían la vuelta a Bs.As. a buscar el visado. ¡Ni hablar! ¡Yo a Bs.AS. no viajo!.
Para más, le había dicho al apoderado que si no me daba un día entero, me iba... Qué atrevimiento! -"Bueno, vete". había sido la respuesta. Que por nada me daría un día completo como yo quería.
Realmente ganaba muy bien, 150.000 pesetas y las propinas cada vez que le liquidaba las cuentas.
Luego me arrepentí; y se hizo casi una junta familiar, para ver de mediar, porque yo no me quería ir, sólo quería un día entero. Y el apoderado decía "NO". Ahora que lo pienso, tendrían miedo de que los denunciara? En ese momento ni se me cruzó por la cabeza.
Yo quería que entendiera que necesitaba un día para levantarme a la hora que me diera la gana, ¡no oir a la abuela todo un día con su noche!, no tener que estar pendiente de que si a las 9 de mi día de salida tenía que estar para darle la cena y acostarla! Y el apoderado no, que no, que no. La familia que ¿por qué no? y el que ahora el que quiere que se vaya soy yo. Que se vaya -decía enfadado. Y el otro: -"Pero, por qué?, si ella tiene razón, y no quiere irse. Lo que quiere es un día tranquila".- Y el, que no. -"Que no puede ser, que tiene que ser como hasta ahora".- -"Y ni tampoco. Yo no quiero gente que no esté con los papeles en orden y ella no quiere viajar, y se los rechazaron. Y ahora no quiero que se quede".- Y no hubo manera.
No sé qué le habrían dícho, pero cuando estábamos preparando el cambio (una chica que me reeplazaba y yo tenía que enseñarle) me dijo que ahora iba a poder estar libre y hacer lo que quisiera. Y yo pensaba: -"Si supieras lo que me espera...".-
Yo ya había descubierto que tenía otra vez lo de Bs.As. encima. Cuando me dí cuenta, lloré, por favor, lo que llóré. Le suplicaba a "dios" que no fuera posible, que no fuera cierto. Pero sí. Lo era.
Por qué, qué querían.
Aparecían libros en la biblioteca que antes no estaban: la biblia, libros sobre cuentos con curas, uno de Escribá de Balaguer, y no sabía quién los traía tampoco. El apoderado, yo sabía que no era. Pero quién, para qué, por qué...
Y ahora, otra vez a dar vueltas de aquí para allá.
Era el mes de octubre.
Yo era irreprochable. Llevaba las cuentas con todas sus facturas, sus tickets, alimentaba a la señora balanceadamente -sé de eso-, le hacía sus curas y tenía esa casa grande y vieja hecha un lujo de limpieza. Eramos la señora y yo, nadie más. Todos estaban encantados.
Pero entre el vecino de arriba y la mujer que venía a "hacer horas" (a robar, porque ni falta que hacía que viniera, pero como también era "amiga" de la señora, venía igual, y no sólo cobraba, sino que siempre le sacaba de más: cuando no era el hijo ingresado, era la hija enyesada), me hacían la guerra usándola a mi anciana.
Cuando lo hablé con quien me había contratado, el apoderado, y heredero, él sentado en uno de los sillones de la galería, mirándome, y yo parada mirando para el jardín, me contestó a mi queja diciéndome: -"Dentro de cinco años, me vas a seguir diciendo lo mismo?"- Yo me sorprendí y lo miré; y pensé para mí "vaya a saber dónde voy a estar yo dentro de cinco años"...
Estaría un poco en la calle (sin techo) y un poco encerrada en un psiquiátrico.
Un día estaba regando las bellísimas plantas y árboles del jardín. Era una tarde bellísima y el olor a riego era exquisito. Era felíz. Aspiré hondo y me embriagué de ese momento, y, de pronto, la jodí. Me pregunté ¿cuánto me va a durar ésto? Y mi interior me contestó: octubre.
Y llegó octubre. O antes. Setiembre. Se juntó todo. Entre el vecino y la de horas (que no habían ni mucho menos aflojado en su guerra contra mí) y yo que ya necesitaba tener al menos un día completo para mí, sin tener que escuchar a la señora -tenía alzeimer, 87 años, y nunca dormía tampoco una noche sin levantarse -con ayuda- tres o cuatro veces,- las cosas se volvieron prácticamente insostenibles.
Encima me habían rechazado los papeles en Gobierno Civil y me exigían la vuelta a Bs.As. a buscar el visado. ¡Ni hablar! ¡Yo a Bs.AS. no viajo!.
Para más, le había dicho al apoderado que si no me daba un día entero, me iba... Qué atrevimiento! -"Bueno, vete". había sido la respuesta. Que por nada me daría un día completo como yo quería.
Realmente ganaba muy bien, 150.000 pesetas y las propinas cada vez que le liquidaba las cuentas.
Luego me arrepentí; y se hizo casi una junta familiar, para ver de mediar, porque yo no me quería ir, sólo quería un día entero. Y el apoderado decía "NO". Ahora que lo pienso, tendrían miedo de que los denunciara? En ese momento ni se me cruzó por la cabeza.
Yo quería que entendiera que necesitaba un día para levantarme a la hora que me diera la gana, ¡no oir a la abuela todo un día con su noche!, no tener que estar pendiente de que si a las 9 de mi día de salida tenía que estar para darle la cena y acostarla! Y el apoderado no, que no, que no. La familia que ¿por qué no? y el que ahora el que quiere que se vaya soy yo. Que se vaya -decía enfadado. Y el otro: -"Pero, por qué?, si ella tiene razón, y no quiere irse. Lo que quiere es un día tranquila".- Y el, que no. -"Que no puede ser, que tiene que ser como hasta ahora".- -"Y ni tampoco. Yo no quiero gente que no esté con los papeles en orden y ella no quiere viajar, y se los rechazaron. Y ahora no quiero que se quede".- Y no hubo manera.
No sé qué le habrían dícho, pero cuando estábamos preparando el cambio (una chica que me reeplazaba y yo tenía que enseñarle) me dijo que ahora iba a poder estar libre y hacer lo que quisiera. Y yo pensaba: -"Si supieras lo que me espera...".-
Yo ya había descubierto que tenía otra vez lo de Bs.As. encima. Cuando me dí cuenta, lloré, por favor, lo que llóré. Le suplicaba a "dios" que no fuera posible, que no fuera cierto. Pero sí. Lo era.
Por qué, qué querían.
Aparecían libros en la biblioteca que antes no estaban: la biblia, libros sobre cuentos con curas, uno de Escribá de Balaguer, y no sabía quién los traía tampoco. El apoderado, yo sabía que no era. Pero quién, para qué, por qué...
Y ahora, otra vez a dar vueltas de aquí para allá.
Era el mes de octubre.
BARCELONA TERCERA VEZ
El 19 de marzo de 1999 comenzaba a trabajar en una de las mejores y más tradicionales familias de Barcelona. La calle, Ríos Rosas. Teresa, con todas las relaciones que decía tener (y que tenía) y siendo, cono decía ella, amiga del conde de Godó, jamás había movido un dedo para que uno consiguiera un trabajo mas o menos digno, (ni indigno). Nada. Eso sí, para hablar mal de nosotras no le faltaba tiempo. A los primeros días de haber conseguido su vivienda, fuimos a ver a un matrimonio, muebleros, cerca de la casa. La señora nos invitó un día a comer y fuimos a la esquina de donde ya vivíamos. Se armó un escándalo descomunal porque le dijo, adelante mío, que mi hermana estaba ejerciendo la prostitución por el Paralelo. (Qué mañía de hacernos putas a toda costa que tenía! Cuando arremetía contra mi padre y la educación que nos había dado, siempre y siempre era la misma respuesta de mi parte: -"Al menos no hemos sido putas, ni alcohólicas, ni drogadictas. No lo hizo tan mal). Le monté un escándalo que hasta los dueños tuvieron casi que intervenir. -"Y tú lo dices? ¿Por qué tienes que estar siempre calumniándonos?, ¿tú la viste?"- le gritaba. -"Es que a mí me contaron..."-, se justificaba. -"Ahhh, claaaro, y tú tienes que ir desparramándolo por donde quieras que vas...!!! Y tú? Qué tienes que decir tú, que te quedaste con un millón de pesetas de tu lugar de trabajo; que hasta falsificaste tus documentos para jubilarte un año antes. ¿Por qué no hablas de eso, por qué no hablas de tus propias cosas en ves de siempre estar hablando de los demás? Y si no fuera cierto? Mi hermana está casada y jámás en la vida se dedicó a la prostitución. Nos degradas y nos ensucias como te da la gana".- Lo increíble es que los terceros siempre le daban la razón a ella. ¡Es que maneja las energías como nadie! Nunca te miraba a tí cuando discutíamos, siempre se quedaba mirando fijo al que escuchaba. ¡Y cómo usa las manos! Es una crupier del manejo energético, direccionando las energías como le da la gana. Hay que admitir que no en vano estudió tantos años lo mejor del ocultismo. Encima la enseñanza y doctrina del clero, está completa.
Pero, este trabajo lo conocí por una amiga -ex amiga, según decían las dos- porque ella, María José, era la que estaba trabajando en esa casa y lo iba a dejar porque buscaban una que estuviera de día y de noche, y ella no quería.
Mientras ella hablaba por teléfono, delante mío, de ésto, yo, que estaba planchando delante de ella en su casa, no paraba de fastidiarla que yo iba, que yo iba, que yo iba. Y yo fui.
Con María José también terminamos muy mal. Yo le había limpiado muchas veces la casa y ella me dejaba algún dinero. Me llevaba a sus trabajos con ella para que la ayudara y me dejaba dinero. Me llevaba cuando ella iba, al bingo. Yo, que no juego, jugaba con su dinero -me insistía-. Me invitaba a cenar en el bingo y a comer a veces antes o despuès de trabajar. Yo también la acompañaba a hacerse los tratamientos a la mutua de salud. Siempre íbamos en su coche.
Cuando empecé a trabajar en Rios Rosas, sí teníamos problemas, por cuestiones más éticas, que otra cosa. No me gustaba a mí lo que ella hacía con ciertas cosas y se lo reprochaba. Pero no nos peleamos por eso. Ni siquiera nos peleamos por que yo un día fui a lo de Teresa (sobre todo hasta que le pagara lo de la chica) y puso el contestador cuando volvimos de comer y la escucho a María José preguntándole si yo había ido para allí porque en el trabajo no estaba (era mi día libre) y no sabía dónde podía estar. A ver si ella sabía o averiguaba. ¡Me estaban controlando!. ¡Y la cara de Teresa! ¡Qué gozo, qué satisfacción! Se hizo la burra olímpica, como que la cosa no iba con ella, como que no pasaba nada extraordinario, pero sabía que yo me había quedado helada. Pero como, ¿no era que no se hablaban, no era que una hablaba de la otra a ver quien peor?
María José me había regalado un montón de cosas: camisas, blusas, un radio despertador telefónico... Y Teresa, cuando me vio con la camisa puesta me miró desde su poltrona-trono (su cama) y me dijo, frunciendo el morro: -"Eso no se lo da ni a su hija".- O sea, que la camisa era una porquería. Pero a mí me gustaba.
No, ni siquiera por eso nos peleamos con María José. Ni cuando dejó de trabajar en Ríos Rosas, que fue por una discusión que tuvimos y decidió irse ella -o me iba yo-. En ese momento quise devolverle las cosas que me había dado, y no, no me las aceptó. Le dije que sabía que iba a venir luego a reclamármelas así que mejor se las llevaba ahora. Que no. Tampoco ya me callaba más sobre lo que era Teresa para mí. Ya le había dicho yo a ella que Teresa iba a ser motivo para que ella y yo termináramos peleándonos. En la casa también hablamos del tema.
En realidad, no sé por qué nos peleamos con MJ. Me llamó un día para decirme de todo. Que la había estafado, que le dejaba la casa (su casa, cuando yo había ido antes, y que siempre me había elogiado por como se la dejaba) un asco; con toda la tierra que el perro sacaba de las macetas desparramada por el salón y que encima había tenido la cara de cobrarle. Que preparara todas sus cosas, las que me había dado que venía a buscarlas. Y vino. Se las entregué en la puerta. Subiendo al coche ¡con una ira!, me dice:-"Te la jugaste conmigo, prepárate porque conmigo te la jugaste!"- Desde la puerta le contesté -"Cuando tengas tiempo y ganas vienes y me dices qué fue lo que yo te hice, si te parece."-. -"Que no tienes verguenza!"- me contesta. -"La que no tienes verguenza eres tú que teniendo casa propia, le cobras alquiler a tu hermana para tenerla, sabiendo que no tiene trabajo."- le contesté yo. Me molestó mucho pelearme con MJ. Después de todo se había portado conmigo muy bien, y yo estaba ahí gracias a ella. Pero Teresa, la "métome en todo", como se autodenomina ella, tal como yo se lo había advertido, echó a perder la relación. Así lo creí entonces.
Efectivamente, en junio dejé de ver a Teresa. Ya había terminado de pagar el viaje. Y empezaron los problemas en mi trabajo. Yo nunca había dado la dirección a Teresa ni el teléfono de esa familia. Tampoco le había dicho dónde trabajaba. Sólo que en una casa. Pero ella lo tenía. Un día me llamó. Le dije que allí no me llamara. MJ había dicho que ella tampoco le había dado nada, peeero...
Yo sé lo que dice Teresa de esa época. Que me compró un traje de cien dólares...
Lo que no dice es las que me hizo pasar en esos tres meses que pasaron hasta que alquiló la casa y llegaron "sus" muebles (venían por barco).
Ella había decidido que yo ya no estuviera en la casa cuando llegaran sus muebles.
Lo que no dice es que estuve tres meses con la misma ropa puesta, la que había traído de Lima (mi ropa venía en el barco). No dice que para ésto ella -que tiene un ropero de pared a pared lleno de ropa a reventar- se fue a una boutique y se compró dos faldas, dos blusas, dos sweaters y fulares. No dice que el traje que me compró hubo que esperarlo como un ´mes por las reformas que necesitaba, y nunca quedó bien y que lo hizo porque le daba verguenza ir por ahí conmigo con esa falda gris y el sweater negro que yo llevaba. ¿Por qué no me dió para ir al mercadillo, más barato, a mi gusto y más por el mismo precio de cien dólares, como ella dice?. Ah!, no!, porque ella no compra en mercadillos.
No dice que le limpié todo el piso recién alquilado, con ventanales y marcos incluídos y que no sólo no me soltó un real, sino que había que rogarle para que te diera quinientas pesetas para los cigarrillos. Porque, nunca entendí la lógica, prefería pagar a una de afuera aque le viniera a limpiar "porque tú eres mi hija" ¿?. Limpia porque te corresponde porque vives aquí, pero de pagarte, nada. Si no, págame un alquiler. No hay lógicas que no estiendo.
No dice que compró un juego completo de dormitorio engañando a la gente (como en Lima) que era para mí, en tanto a mí me decía -"Porque tú te irás. Este es para alquilar la habitación".-
Lo que no contó es que un día vengo con 3000 pesetas de una horas que había trabajado -mi primer trabajo, en realidad, y que me duró un día, (el segundo día, cuando fuí, ya no me necesitaban) - limpiando unos ventanales en un apartamento cerca de allí y me las pide porque no tiene dinero. Le dejo 2500. Salgo y cuando vengo a la noche la encuentro como siempre en la poltrona-trono, y a los pies un fular con el precio a la vista y todo y que contoda saña me dice -porque yo ni cuenta me había dado- -"¿Te gusta lo que me compré?"- Lo miré y le dije que sí. Y ví el precio: 2500 pesetas. En eso se había gastado mis casi cuatro horas de trabajo.
Recién ahora pienso si no hacía todo para que me fuera.
Pero fue ese el año en que decidí no callarme más sobre cómo era y había sido esta mujer conmigo y con nosotros. Había decidido dejar de justificarla, como había hecho hasta ahora. Frente a los demás y en mi corazón.
Como dije, en mi trabajo hablé de ella y de los problemas que me ocasionaba. Que lo que había pasado con MJ era `por ella. MJ cumplió. Llamó a la casa para hablar pestes de mí. Pero los de la casa estaban advertidos de que ésto podía llegar a pasar. En realidad fue un anónimo. Supusimos que sería ella. ¿O había sido Teresa, pienso ahora?
Y aún a ella misma le dije en una fortísima discusión que tuvimos -hoy no recuerdo `por qué yo estaba ahí, en su casa- que ella sí, había sido la causante de la muerte de Teresita, que había venido a nosotros nada más que para quedarse con nuetra herencia, que ella era la culpable de lo que le kpasara a mi hermano, que se lo había mandado a "liquidar" (porque ella decía que ella nunca había ido a buscarnos, expepto la primera vez).
Sí, me había regalado sortijas, una en Lima, que tuve que vender para tener enfectivo, y otra aquí, que le devolví. Hoy me pregunto cuánto me habrán costado en realidad
Pero, este trabajo lo conocí por una amiga -ex amiga, según decían las dos- porque ella, María José, era la que estaba trabajando en esa casa y lo iba a dejar porque buscaban una que estuviera de día y de noche, y ella no quería.
Mientras ella hablaba por teléfono, delante mío, de ésto, yo, que estaba planchando delante de ella en su casa, no paraba de fastidiarla que yo iba, que yo iba, que yo iba. Y yo fui.
Con María José también terminamos muy mal. Yo le había limpiado muchas veces la casa y ella me dejaba algún dinero. Me llevaba a sus trabajos con ella para que la ayudara y me dejaba dinero. Me llevaba cuando ella iba, al bingo. Yo, que no juego, jugaba con su dinero -me insistía-. Me invitaba a cenar en el bingo y a comer a veces antes o despuès de trabajar. Yo también la acompañaba a hacerse los tratamientos a la mutua de salud. Siempre íbamos en su coche.
Cuando empecé a trabajar en Rios Rosas, sí teníamos problemas, por cuestiones más éticas, que otra cosa. No me gustaba a mí lo que ella hacía con ciertas cosas y se lo reprochaba. Pero no nos peleamos por eso. Ni siquiera nos peleamos por que yo un día fui a lo de Teresa (sobre todo hasta que le pagara lo de la chica) y puso el contestador cuando volvimos de comer y la escucho a María José preguntándole si yo había ido para allí porque en el trabajo no estaba (era mi día libre) y no sabía dónde podía estar. A ver si ella sabía o averiguaba. ¡Me estaban controlando!. ¡Y la cara de Teresa! ¡Qué gozo, qué satisfacción! Se hizo la burra olímpica, como que la cosa no iba con ella, como que no pasaba nada extraordinario, pero sabía que yo me había quedado helada. Pero como, ¿no era que no se hablaban, no era que una hablaba de la otra a ver quien peor?
María José me había regalado un montón de cosas: camisas, blusas, un radio despertador telefónico... Y Teresa, cuando me vio con la camisa puesta me miró desde su poltrona-trono (su cama) y me dijo, frunciendo el morro: -"Eso no se lo da ni a su hija".- O sea, que la camisa era una porquería. Pero a mí me gustaba.
No, ni siquiera por eso nos peleamos con María José. Ni cuando dejó de trabajar en Ríos Rosas, que fue por una discusión que tuvimos y decidió irse ella -o me iba yo-. En ese momento quise devolverle las cosas que me había dado, y no, no me las aceptó. Le dije que sabía que iba a venir luego a reclamármelas así que mejor se las llevaba ahora. Que no. Tampoco ya me callaba más sobre lo que era Teresa para mí. Ya le había dicho yo a ella que Teresa iba a ser motivo para que ella y yo termináramos peleándonos. En la casa también hablamos del tema.
En realidad, no sé por qué nos peleamos con MJ. Me llamó un día para decirme de todo. Que la había estafado, que le dejaba la casa (su casa, cuando yo había ido antes, y que siempre me había elogiado por como se la dejaba) un asco; con toda la tierra que el perro sacaba de las macetas desparramada por el salón y que encima había tenido la cara de cobrarle. Que preparara todas sus cosas, las que me había dado que venía a buscarlas. Y vino. Se las entregué en la puerta. Subiendo al coche ¡con una ira!, me dice:-"Te la jugaste conmigo, prepárate porque conmigo te la jugaste!"- Desde la puerta le contesté -"Cuando tengas tiempo y ganas vienes y me dices qué fue lo que yo te hice, si te parece."-. -"Que no tienes verguenza!"- me contesta. -"La que no tienes verguenza eres tú que teniendo casa propia, le cobras alquiler a tu hermana para tenerla, sabiendo que no tiene trabajo."- le contesté yo. Me molestó mucho pelearme con MJ. Después de todo se había portado conmigo muy bien, y yo estaba ahí gracias a ella. Pero Teresa, la "métome en todo", como se autodenomina ella, tal como yo se lo había advertido, echó a perder la relación. Así lo creí entonces.
Efectivamente, en junio dejé de ver a Teresa. Ya había terminado de pagar el viaje. Y empezaron los problemas en mi trabajo. Yo nunca había dado la dirección a Teresa ni el teléfono de esa familia. Tampoco le había dicho dónde trabajaba. Sólo que en una casa. Pero ella lo tenía. Un día me llamó. Le dije que allí no me llamara. MJ había dicho que ella tampoco le había dado nada, peeero...
Yo sé lo que dice Teresa de esa época. Que me compró un traje de cien dólares...
Lo que no dice es las que me hizo pasar en esos tres meses que pasaron hasta que alquiló la casa y llegaron "sus" muebles (venían por barco).
Ella había decidido que yo ya no estuviera en la casa cuando llegaran sus muebles.
Lo que no dice es que estuve tres meses con la misma ropa puesta, la que había traído de Lima (mi ropa venía en el barco). No dice que para ésto ella -que tiene un ropero de pared a pared lleno de ropa a reventar- se fue a una boutique y se compró dos faldas, dos blusas, dos sweaters y fulares. No dice que el traje que me compró hubo que esperarlo como un ´mes por las reformas que necesitaba, y nunca quedó bien y que lo hizo porque le daba verguenza ir por ahí conmigo con esa falda gris y el sweater negro que yo llevaba. ¿Por qué no me dió para ir al mercadillo, más barato, a mi gusto y más por el mismo precio de cien dólares, como ella dice?. Ah!, no!, porque ella no compra en mercadillos.
No dice que le limpié todo el piso recién alquilado, con ventanales y marcos incluídos y que no sólo no me soltó un real, sino que había que rogarle para que te diera quinientas pesetas para los cigarrillos. Porque, nunca entendí la lógica, prefería pagar a una de afuera aque le viniera a limpiar "porque tú eres mi hija" ¿?. Limpia porque te corresponde porque vives aquí, pero de pagarte, nada. Si no, págame un alquiler. No hay lógicas que no estiendo.
No dice que compró un juego completo de dormitorio engañando a la gente (como en Lima) que era para mí, en tanto a mí me decía -"Porque tú te irás. Este es para alquilar la habitación".-
Lo que no contó es que un día vengo con 3000 pesetas de una horas que había trabajado -mi primer trabajo, en realidad, y que me duró un día, (el segundo día, cuando fuí, ya no me necesitaban) - limpiando unos ventanales en un apartamento cerca de allí y me las pide porque no tiene dinero. Le dejo 2500. Salgo y cuando vengo a la noche la encuentro como siempre en la poltrona-trono, y a los pies un fular con el precio a la vista y todo y que contoda saña me dice -porque yo ni cuenta me había dado- -"¿Te gusta lo que me compré?"- Lo miré y le dije que sí. Y ví el precio: 2500 pesetas. En eso se había gastado mis casi cuatro horas de trabajo.
Recién ahora pienso si no hacía todo para que me fuera.
Pero fue ese el año en que decidí no callarme más sobre cómo era y había sido esta mujer conmigo y con nosotros. Había decidido dejar de justificarla, como había hecho hasta ahora. Frente a los demás y en mi corazón.
Como dije, en mi trabajo hablé de ella y de los problemas que me ocasionaba. Que lo que había pasado con MJ era `por ella. MJ cumplió. Llamó a la casa para hablar pestes de mí. Pero los de la casa estaban advertidos de que ésto podía llegar a pasar. En realidad fue un anónimo. Supusimos que sería ella. ¿O había sido Teresa, pienso ahora?
Y aún a ella misma le dije en una fortísima discusión que tuvimos -hoy no recuerdo `por qué yo estaba ahí, en su casa- que ella sí, había sido la causante de la muerte de Teresita, que había venido a nosotros nada más que para quedarse con nuetra herencia, que ella era la culpable de lo que le kpasara a mi hermano, que se lo había mandado a "liquidar" (porque ella decía que ella nunca había ido a buscarnos, expepto la primera vez).
Sí, me había regalado sortijas, una en Lima, que tuve que vender para tener enfectivo, y otra aquí, que le devolví. Hoy me pregunto cuánto me habrán costado en realidad
NO TODO ES LO QUE PARECE
Venía de librar una guerra totalmtente desigual y no sabía por qué. ¿Dónde estaba el problema, por qué me perseguía el Ejército de Salvación, por qué me había ignorado el pastor Giménez, por qué me esquivaba el pastor Freidson, por qué los abogados del Colegio de Abogados de Buenos Aires no querían llevar un caso? Cuanto mucho, lo que me decían, era: "no va a prosperar". Había ido al pastor Giménez contándole lo del juez y le había pedido que necesitaba un abogado, y me dijo, ¿acaso te han hecho algo?, y, ´"sí, a las tres de la tarde aquí hay un abogado". ¿Tú lo viste? Yo tampoco.
Donde compraba la mercadería para vender también me habían dicho a baja voz que se me acusaba de robar. Pero, si había tenido a la policía detrás de mí, sabían que no era cierto. Y, qué tenía que ver eso con el acoso "machista" en el hotel de CyD. Por qué era maltratada a veces en los sitios a los que entraba para trabajar. Por qué me estaban, no solo persiguiendo sino difamando? ¿Qué se estaba ganando con ello y con qué se pagaba? Sí, por qué se invertía tanto en perseguir a una persona de vida vulgar y simple como la mía?.
Incluso había ido a hablar con curas, católicos. Tampoco había obtenido respuesta de ninguna clase. Que ellos no podían ayudarme. En nada. Y siempre esas conductas, no de quien se encuentra con alguien por primera vez, completamente desconcocido, sino que todos parecían seguir instrucciones. Por qué, por qué, por qué... Porque había denunciado al E.S. y sus actividades adentro de esa casa? No. Venía de antes. Pero por qué?!
En una de las iglesias católicas a las que fui por ayuda, había podido hablar con un Seminarista. ¡Qué excelente persona! Hablamos mucho. Yo quería rebuscar en mí a ver cual era mi tan grande pecado para vivir lo que estaba viviendo. Este aspirante a cura tenía superiores y a ellos fue a buscar para ver de ayudarme. Por la cara con la que volvió daba a entender que lo habían sacado a patadas. Que lo lamentaba, (y sí que había sido sincero, lo lamentaba) pero que le habían dicho que no; y el consejo de parte de él: -"A veces los propios hermanos en el Señor, pueden hacernos cosas muy malas. Sí, pueden ser ellos. Pero confía en El, no nos abandona. Sé muy fuerte, y ten paciencia."- Me impuso apenas su dedo en el centro de mi frente, oró algo y me embriagó de una de las más hermosas energías de luz y paz que he experimentado. (¡Qué lindo que es el mundo de lo energético de la luz y del amor!!!) Ese hombre realmente sentía lo que hacía. Y que ya no podía volver a recibirme. No tenía ninguna autoridad, solo era un seminarista.
El que más me había acompañado en aquellos momentos había sido uno de los ministros no nombrados de la iglesia de Freidson. Pero a el también lo habían alejado cuando las cosas se pusieron cada vez más feas. Luego, tambíén allí había tenido que soportar el peloteo y el acoso, ya abiertamente. Y siempre esa pregunta en el aire: Por qué.
Había fracasado absolutamente en todo. Y no, no sabía por qué. ¡Ay, los que pactan los silencios!!! ¡Ay las complicidades!!!, ¡Ay el prestar atención a una sola campana y a los disfrazados de corderos!!!
Y ahora qué? Alli, bajo el dominio total de Teresa. Obviamente no podía hablar ni ir a ver a ninguno de los que había conocido. Ya había empezado a fumar otra vez, así que aunque todo estaba suplido, esa parte constituia una dificultad.
Poco recuerdo de esos días. Sí que hubo gentes merodeando por los terrados, huyendo cuando nos dimos cuenta. Nos asustamos. Dejaba ropa al sol y aparecía manchada con lo que parecía sangre mezclada con algo...
Hicimos compras por la Plaza de Armas, para Navidad. Esta vez se me quedó grabada muy especialmente por lo bonito que fue ese paseo lleno de comercios, uno al lado del otro, lleno de bombillas de colores por las fiestas. El paseo ya era una fiesta y un mar de gente. Siempre era bonito pasear con Teresa. Tiene la virtud de hacértela pasar muy bien cuando va de compras o sale. Es alegre y divertida y tiene un importante grado de ingeniosidad y originalidad. Y para nada es egoísta entonces. Todo te lo quiere comprar. Pero esa noche, ella caminando adelante (con no recuerdo quien) y yo detrás con alquien más, se dió vuelta y me dijo con una fuerte emoción, con un gran sentimiento, se le vió que le salía del corazón: -¡"Tú te vienes conmigo a España; tú te vienes conmigo!"- Què fue lo que le pasó, nunca lo supe ni lo sabré.Era mi tercera Navidad en Lima. No recuerdo donde la pasamos.
Una chica que trabajaba para Teresa nos acompañaba siempre.
Fue ese año que se deshizo de todos sus libros (o de la mayoría) de ocultismo, de fotografías de su época de cantante, de artista. La vierdad que quién hizo la selección y tiró las cosas fue esa chica, su empleada. Yo con ella también me llevaba bien. Ya te he dicho que en realidad tengo empatía con la mayoría de la gente. Lástima la gestapo-inquisidora.
Teresa le pidió dinero a todos los que conocía por que "me llevo a mi hija Yani conmigo y no llego con lo que yo tengo. Cien dólares por aquí, cien dólares por allá...
En una conversación entre su empleada y ella, de salón a domitorio, las escucho que dicen: -"Sí, señora, pero por más que usted me preste el dinero para viajar..."- y se mordió los labios. Teresa la miró y se puso como se ponía cada vez que la pillaban dando un paso en falso. Yo, no dije ni esta boca es mía.
Más adelante sí me enteré de que la que se iba a España con ella era la empleada. Yo, no.
Francamente, salvo cuando salíamos por compras o íbamos a comer por ahí, el aire entre nosotras se podía cortar con un cuchillo.
Empecé a preguntarme qué era lo que yo iba a hacer. No podía quedarme en Lima. Yo no había ido a ver a nadie, ni había saludado a nadie desde mi llegada, para no molestar a Teresa, como ya dije antes. Pero dificilmente lo entenderían luego. O sí. No lo sabía. Además, si no habían querido ayudarme el año anterior, por temor, qué les iba a hacer cambiar de opinión ahora.
La mujer de mi tío pobre había muerto. Y mi tío, para mi sorpresa, aunque había mediado también entre mi madre y yo el año anterior, antes de que me sacara con maletas y todo, otra vez, defendiéndome, probablemente tampoco estaría muy dispuesto a recibirme en su casa.
Mi otro tío, el que vivía en el extranjero, menos. Entretenido con sus viajes, sus negocios, y ya me lo había dicho el año anterior. Además, literalmente, no tenía ni un peso, o un sol, o un real. Da igual.
Mi prima, con sus preparativos para marcharse del país a Estados Unidos, estaba conmigo muy cambiada.
No, no sabía lo qué iba a hacer. Aún así no le dije nada a mi madre.
Por fin fuimos a la agencia de viajes por el tema de la empleada. Ya Teresa me había dicho que ella no podía llevarme. No tenía dinero. Y nada más.
En la agencia le dijeron -o fue ella la que se los dijo a ellos, no recuerdo- que había problemas porque no le habían concedido el visado. La agencia le devolvía solo el 20% del billete y tampoco lo podía cambiar por otra fecha.
Yo, entonces, le presenté mi "oferta": Por qué no me pasaba el billete a mi nombre y yo luego desde Epaña se lo devolvería, o por giro o por Teresa. Que probablemente tendría que esperar unos meses, pero al menos lo recuperaría todo. Y aceptó.
Ya en 1996 Teresa me había presentado a una amiga de ella, mayor, que era vasca, casada (viuda) con un peruano. Esta señora vivía en una casa muy grande, con jardín por delante y patio-jardín por detrás, con toda su familia: hijos, nietos y demás. En el '96 me había querido dar 600 dólares para que fuera a visitar el Machu Pichu.Yo no le acepté, por parecerme un abuso. Pero me molestó la mirada que le hechó Teresa cuando la escuchó, como diciendo: ¡No! ¡No se te ocurra!
Bien, ésta señora nos hizo una fiesta de despedida. Yo le tenía un enorme afecto. Era una mujer digna, y digna de depositar la confianza en ella. Con ella se podía. Así que yo intimé con ella hablando muchas cosas, en especial sobre la mala relación con Teres y los porqués.
En la comida, (éramos un montón), a alguien se le ocurrió lo de la foto. ¿O fue Teresa? Creo que sí, que la cámara era suya. Yo me ofrecí a sacarla. Luego alguien dijo que yo me sentara y ella la sacaba. Me negué. _"No, no me gusta salir en las fotos"- le dije. Entonces Teresita, como no, dijo en tono de reproche y con desprecio: -"Ah no, porque tiene miedo que le hagan brujerías..."-. Yo entonces me enfadé y sólo atiné a decir -"No, peor que eso"- A Teresita, hasta hoy no sé por qué, se le crispó la cara y se puso tan blanca como el vestido que llevaba puesto. Me sorprendió y me pregunté entonces qué es lo que hace o sabe ésta mujer..., porque lo que yo realente pensaba era que junto con las calumnias y difamaciones en las falsas deununcias, adjuntaba fotografías. Yo por esas fechas, no creía tanto en las "brujerías", aunque supiera que las hacia.
La casa, de alquiler, la entregó antes de la fecha del viaje, así que buscó dónde quedarnos, pero decidió que en sitios separados. Así que me dijo algo que verdaderamente me indignó: que fuera a ver a mi prima y que tenía que "enamorarla" porque iba a tener que quedarme en su casa hasta la partida. -"Yo no enamoro a nadie"- le contesté, mientras pensé "eso es lo que haces tú".
Al final fue ella quien terminó encontrando los dos sitios. "Su" lugar era un hermono departamento de una amiga (que ni recuerdo) y una muy bonita habitación -de la que se dedicó a criticar hasta el más mínimo detalle-. Podíamos haber estado tranquilamente las dos. Pero no quería.
A mí me había tocado lejos, en un apartramento más grande pero no tan bonito. ¡Què mal me sentí entonces cuando recalé en esa habitación! La palabra que lo define es "pateada". No recuerdo cuántos días fueron. Dando vueltas por Lima, a pié, porque no tenía dinero; paseándome por los parques. Pero alquien organizó otra comida y fui invitada. Se hizo donde ella estaba, al aire libre en el balcón. Fue cuando conocí dónde estaba ella.
Conocí a unas cuantas personas, todas mujeres, si mal no recuerdo. Pero una me llamó la atención especialmente. Era otra prima mía, odontóloga, y me asombró porque era idéntica a mi hermana. Su misma cara. (Qué notable, mi papá decía que mi hermana iba a ser odontóloga).
Con mi prima, la buena samaritana, tuvimos un reencuentro. Estábamos con Teresa y una nenita, vecina, con la
que yo me estaba entreteniendo. Ella había ido a ver a su tía. Cuando levanto la vista veo a mi prima mirándome como si dejera: -"Mírala tú, y yo que la creía tan buena persona..."- mientras mi madre la miraba a ella y amí como diciendo: -"Viste, que no soy yo, sino ella?"- ¡Qué miserable que te sientes! ¡Qué porquería! Termina minándote la autoestima, la confianza y hasta las fuerzas. No tienes alternativa, no puedes preguntr, ni hablar, ni inquirir,ni chillar, gritar:¡Pero qué demonios les pasa!!! Vulnerabilidad.
Siempre fui una desentendida con el dinero. Jamás me preocupó y le dí valor a otras cosas, ya te lo dije. Además siempre supe que iba a poder ganármelo, ya que siempre he encontrado un recurso. Pero hoy cuando encuentro mujeres jóvenes les recomiendo imperiosamente que el dinero tiene que ser prioridad nº uno en sus vidas. Que si no tienes dinero vales menos que un perro muerto. Y si son varones, también.
Llegó el día de marcharse. Fuimos al aeropuerto por separdo. La encontré afuera sentada con la perrita. Me trató como si mejor estuviera sola. Y algo de eso me dijo. ¡Es tan feo sentirte un estorbo, que estás de más! Así que me levanté y me marché. Cuando volví la encontré con la empleada, su marido (que yo ya conocía también) y sus hijitos. Les estaba diciendo que yo la había dejado ahí sentada, sola. Los otros, por supuesto, me miraban como a una porquería. ¡Siempre igual: ¿por qué te aguantas?. Por vulnerabilidad.
El vuelo fue suspendido, así que nos pagaron una noche en un hotel. Un lujo, con todo detalle. Buffette Libre -en donde otra vez con ella lo pasamos genial- (¡qué manipuladora que es!, es una genio de la manipulación). Ya subir a las habitaciones -porque nos dieron dos, con baño privado, tipo apart-hotel, nevera, sala de estar, el dormitorio y ¡un televisor! que fue lo que yo aproveché, meré televisión- la cosa cambió. Volvieron a venir su empleada y su marido y los chicos y se encerraron todos en su habitación.
En el avión, prefirió viajar en un asiento sola y que yo me fuera a otro. Era algo así como que yo no te conozco. Para ésto yo ya había decidido conseguirme un trabajo donde tuviera para dormir también e irme lo más rápido posible de su lado y de ser posible, no volver a verla. Una vez que pagara mi billete a la chica, nunca más.
Donde compraba la mercadería para vender también me habían dicho a baja voz que se me acusaba de robar. Pero, si había tenido a la policía detrás de mí, sabían que no era cierto. Y, qué tenía que ver eso con el acoso "machista" en el hotel de CyD. Por qué era maltratada a veces en los sitios a los que entraba para trabajar. Por qué me estaban, no solo persiguiendo sino difamando? ¿Qué se estaba ganando con ello y con qué se pagaba? Sí, por qué se invertía tanto en perseguir a una persona de vida vulgar y simple como la mía?.
Incluso había ido a hablar con curas, católicos. Tampoco había obtenido respuesta de ninguna clase. Que ellos no podían ayudarme. En nada. Y siempre esas conductas, no de quien se encuentra con alguien por primera vez, completamente desconcocido, sino que todos parecían seguir instrucciones. Por qué, por qué, por qué... Porque había denunciado al E.S. y sus actividades adentro de esa casa? No. Venía de antes. Pero por qué?!
En una de las iglesias católicas a las que fui por ayuda, había podido hablar con un Seminarista. ¡Qué excelente persona! Hablamos mucho. Yo quería rebuscar en mí a ver cual era mi tan grande pecado para vivir lo que estaba viviendo. Este aspirante a cura tenía superiores y a ellos fue a buscar para ver de ayudarme. Por la cara con la que volvió daba a entender que lo habían sacado a patadas. Que lo lamentaba, (y sí que había sido sincero, lo lamentaba) pero que le habían dicho que no; y el consejo de parte de él: -"A veces los propios hermanos en el Señor, pueden hacernos cosas muy malas. Sí, pueden ser ellos. Pero confía en El, no nos abandona. Sé muy fuerte, y ten paciencia."- Me impuso apenas su dedo en el centro de mi frente, oró algo y me embriagó de una de las más hermosas energías de luz y paz que he experimentado. (¡Qué lindo que es el mundo de lo energético de la luz y del amor!!!) Ese hombre realmente sentía lo que hacía. Y que ya no podía volver a recibirme. No tenía ninguna autoridad, solo era un seminarista.
El que más me había acompañado en aquellos momentos había sido uno de los ministros no nombrados de la iglesia de Freidson. Pero a el también lo habían alejado cuando las cosas se pusieron cada vez más feas. Luego, tambíén allí había tenido que soportar el peloteo y el acoso, ya abiertamente. Y siempre esa pregunta en el aire: Por qué.
Había fracasado absolutamente en todo. Y no, no sabía por qué. ¡Ay, los que pactan los silencios!!! ¡Ay las complicidades!!!, ¡Ay el prestar atención a una sola campana y a los disfrazados de corderos!!!
Y ahora qué? Alli, bajo el dominio total de Teresa. Obviamente no podía hablar ni ir a ver a ninguno de los que había conocido. Ya había empezado a fumar otra vez, así que aunque todo estaba suplido, esa parte constituia una dificultad.
Poco recuerdo de esos días. Sí que hubo gentes merodeando por los terrados, huyendo cuando nos dimos cuenta. Nos asustamos. Dejaba ropa al sol y aparecía manchada con lo que parecía sangre mezclada con algo...
Hicimos compras por la Plaza de Armas, para Navidad. Esta vez se me quedó grabada muy especialmente por lo bonito que fue ese paseo lleno de comercios, uno al lado del otro, lleno de bombillas de colores por las fiestas. El paseo ya era una fiesta y un mar de gente. Siempre era bonito pasear con Teresa. Tiene la virtud de hacértela pasar muy bien cuando va de compras o sale. Es alegre y divertida y tiene un importante grado de ingeniosidad y originalidad. Y para nada es egoísta entonces. Todo te lo quiere comprar. Pero esa noche, ella caminando adelante (con no recuerdo quien) y yo detrás con alquien más, se dió vuelta y me dijo con una fuerte emoción, con un gran sentimiento, se le vió que le salía del corazón: -¡"Tú te vienes conmigo a España; tú te vienes conmigo!"- Què fue lo que le pasó, nunca lo supe ni lo sabré.Era mi tercera Navidad en Lima. No recuerdo donde la pasamos.
Una chica que trabajaba para Teresa nos acompañaba siempre.
Fue ese año que se deshizo de todos sus libros (o de la mayoría) de ocultismo, de fotografías de su época de cantante, de artista. La vierdad que quién hizo la selección y tiró las cosas fue esa chica, su empleada. Yo con ella también me llevaba bien. Ya te he dicho que en realidad tengo empatía con la mayoría de la gente. Lástima la gestapo-inquisidora.
Teresa le pidió dinero a todos los que conocía por que "me llevo a mi hija Yani conmigo y no llego con lo que yo tengo. Cien dólares por aquí, cien dólares por allá...
En una conversación entre su empleada y ella, de salón a domitorio, las escucho que dicen: -"Sí, señora, pero por más que usted me preste el dinero para viajar..."- y se mordió los labios. Teresa la miró y se puso como se ponía cada vez que la pillaban dando un paso en falso. Yo, no dije ni esta boca es mía.
Más adelante sí me enteré de que la que se iba a España con ella era la empleada. Yo, no.
Francamente, salvo cuando salíamos por compras o íbamos a comer por ahí, el aire entre nosotras se podía cortar con un cuchillo.
Empecé a preguntarme qué era lo que yo iba a hacer. No podía quedarme en Lima. Yo no había ido a ver a nadie, ni había saludado a nadie desde mi llegada, para no molestar a Teresa, como ya dije antes. Pero dificilmente lo entenderían luego. O sí. No lo sabía. Además, si no habían querido ayudarme el año anterior, por temor, qué les iba a hacer cambiar de opinión ahora.
La mujer de mi tío pobre había muerto. Y mi tío, para mi sorpresa, aunque había mediado también entre mi madre y yo el año anterior, antes de que me sacara con maletas y todo, otra vez, defendiéndome, probablemente tampoco estaría muy dispuesto a recibirme en su casa.
Mi otro tío, el que vivía en el extranjero, menos. Entretenido con sus viajes, sus negocios, y ya me lo había dicho el año anterior. Además, literalmente, no tenía ni un peso, o un sol, o un real. Da igual.
Mi prima, con sus preparativos para marcharse del país a Estados Unidos, estaba conmigo muy cambiada.
No, no sabía lo qué iba a hacer. Aún así no le dije nada a mi madre.
Por fin fuimos a la agencia de viajes por el tema de la empleada. Ya Teresa me había dicho que ella no podía llevarme. No tenía dinero. Y nada más.
En la agencia le dijeron -o fue ella la que se los dijo a ellos, no recuerdo- que había problemas porque no le habían concedido el visado. La agencia le devolvía solo el 20% del billete y tampoco lo podía cambiar por otra fecha.
Yo, entonces, le presenté mi "oferta": Por qué no me pasaba el billete a mi nombre y yo luego desde Epaña se lo devolvería, o por giro o por Teresa. Que probablemente tendría que esperar unos meses, pero al menos lo recuperaría todo. Y aceptó.
Ya en 1996 Teresa me había presentado a una amiga de ella, mayor, que era vasca, casada (viuda) con un peruano. Esta señora vivía en una casa muy grande, con jardín por delante y patio-jardín por detrás, con toda su familia: hijos, nietos y demás. En el '96 me había querido dar 600 dólares para que fuera a visitar el Machu Pichu.Yo no le acepté, por parecerme un abuso. Pero me molestó la mirada que le hechó Teresa cuando la escuchó, como diciendo: ¡No! ¡No se te ocurra!
Bien, ésta señora nos hizo una fiesta de despedida. Yo le tenía un enorme afecto. Era una mujer digna, y digna de depositar la confianza en ella. Con ella se podía. Así que yo intimé con ella hablando muchas cosas, en especial sobre la mala relación con Teres y los porqués.
En la comida, (éramos un montón), a alguien se le ocurrió lo de la foto. ¿O fue Teresa? Creo que sí, que la cámara era suya. Yo me ofrecí a sacarla. Luego alguien dijo que yo me sentara y ella la sacaba. Me negué. _"No, no me gusta salir en las fotos"- le dije. Entonces Teresita, como no, dijo en tono de reproche y con desprecio: -"Ah no, porque tiene miedo que le hagan brujerías..."-. Yo entonces me enfadé y sólo atiné a decir -"No, peor que eso"- A Teresita, hasta hoy no sé por qué, se le crispó la cara y se puso tan blanca como el vestido que llevaba puesto. Me sorprendió y me pregunté entonces qué es lo que hace o sabe ésta mujer..., porque lo que yo realente pensaba era que junto con las calumnias y difamaciones en las falsas deununcias, adjuntaba fotografías. Yo por esas fechas, no creía tanto en las "brujerías", aunque supiera que las hacia.
La casa, de alquiler, la entregó antes de la fecha del viaje, así que buscó dónde quedarnos, pero decidió que en sitios separados. Así que me dijo algo que verdaderamente me indignó: que fuera a ver a mi prima y que tenía que "enamorarla" porque iba a tener que quedarme en su casa hasta la partida. -"Yo no enamoro a nadie"- le contesté, mientras pensé "eso es lo que haces tú".
Al final fue ella quien terminó encontrando los dos sitios. "Su" lugar era un hermono departamento de una amiga (que ni recuerdo) y una muy bonita habitación -de la que se dedicó a criticar hasta el más mínimo detalle-. Podíamos haber estado tranquilamente las dos. Pero no quería.
A mí me había tocado lejos, en un apartramento más grande pero no tan bonito. ¡Què mal me sentí entonces cuando recalé en esa habitación! La palabra que lo define es "pateada". No recuerdo cuántos días fueron. Dando vueltas por Lima, a pié, porque no tenía dinero; paseándome por los parques. Pero alquien organizó otra comida y fui invitada. Se hizo donde ella estaba, al aire libre en el balcón. Fue cuando conocí dónde estaba ella.
Conocí a unas cuantas personas, todas mujeres, si mal no recuerdo. Pero una me llamó la atención especialmente. Era otra prima mía, odontóloga, y me asombró porque era idéntica a mi hermana. Su misma cara. (Qué notable, mi papá decía que mi hermana iba a ser odontóloga).
Con mi prima, la buena samaritana, tuvimos un reencuentro. Estábamos con Teresa y una nenita, vecina, con la
que yo me estaba entreteniendo. Ella había ido a ver a su tía. Cuando levanto la vista veo a mi prima mirándome como si dejera: -"Mírala tú, y yo que la creía tan buena persona..."- mientras mi madre la miraba a ella y amí como diciendo: -"Viste, que no soy yo, sino ella?"- ¡Qué miserable que te sientes! ¡Qué porquería! Termina minándote la autoestima, la confianza y hasta las fuerzas. No tienes alternativa, no puedes preguntr, ni hablar, ni inquirir,ni chillar, gritar:¡Pero qué demonios les pasa!!! Vulnerabilidad.
Siempre fui una desentendida con el dinero. Jamás me preocupó y le dí valor a otras cosas, ya te lo dije. Además siempre supe que iba a poder ganármelo, ya que siempre he encontrado un recurso. Pero hoy cuando encuentro mujeres jóvenes les recomiendo imperiosamente que el dinero tiene que ser prioridad nº uno en sus vidas. Que si no tienes dinero vales menos que un perro muerto. Y si son varones, también.
Llegó el día de marcharse. Fuimos al aeropuerto por separdo. La encontré afuera sentada con la perrita. Me trató como si mejor estuviera sola. Y algo de eso me dijo. ¡Es tan feo sentirte un estorbo, que estás de más! Así que me levanté y me marché. Cuando volví la encontré con la empleada, su marido (que yo ya conocía también) y sus hijitos. Les estaba diciendo que yo la había dejado ahí sentada, sola. Los otros, por supuesto, me miraban como a una porquería. ¡Siempre igual: ¿por qué te aguantas?. Por vulnerabilidad.
El vuelo fue suspendido, así que nos pagaron una noche en un hotel. Un lujo, con todo detalle. Buffette Libre -en donde otra vez con ella lo pasamos genial- (¡qué manipuladora que es!, es una genio de la manipulación). Ya subir a las habitaciones -porque nos dieron dos, con baño privado, tipo apart-hotel, nevera, sala de estar, el dormitorio y ¡un televisor! que fue lo que yo aproveché, meré televisión- la cosa cambió. Volvieron a venir su empleada y su marido y los chicos y se encerraron todos en su habitación.
En el avión, prefirió viajar en un asiento sola y que yo me fuera a otro. Era algo así como que yo no te conozco. Para ésto yo ya había decidido conseguirme un trabajo donde tuviera para dormir también e irme lo más rápido posible de su lado y de ser posible, no volver a verla. Una vez que pagara mi billete a la chica, nunca más.
miércoles, 17 de marzo de 2010
1998, AÑO DE DEFINICIONES
Las vueltas que dí por esa ciudad, entre el trabajo (otra vez a vender), cambiando cada mes, dos o quince días, habitaciones por toda la ciudad, buscando,¡otra vez! en las iglesias ayuda...
En todas las casa era lo mismo: entradas a mis habitaciones, llamadas telefónicas a l@s encargad@s de las pensiones; tirar comida...
Repetir y repetir, de un lado para el otro.
Yendo a policía, una, dos, tres...
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto...
Termino en la Fiscalía poniendo éstas denuncias, previamente habiendo pasado por la experiencia de intentar con abogados del Colegio... Donde aparecía alguien que sí me quería acoger, aparecían superiores echando todo para atrás.
En la Fiscalía me atendieron dos o tres denuncias, el resto las tenía que preparar yo y presentarlas. No faltaron las preguntas de quién preparaba los escritos. -"Yo, quién los va a preparar"- Miradas raras, escudriñandome y luego gestos de... resignación?
Entre éstas idas y venidas, voy a ver a N2 a donde sabía que vivía. Estuvimos hablando y le pedí si podía recibirme ahí donde ella vivía. Y sí. Me mudé otra vez. A una calle del Pagola...
Tenemos que aprender que los grandes crímenes no los comete uno solo. Siempre son más.
Creo que fue cuando fui a vivir a esa casa que comencé con las denuncias, porque allí era escribir y escribir en mi pequeña máquinita para presentarlo a la fiscalía.
De todas formas terminé llevando a la policía a esa casa porque estaba harta de que me entraran en la habitación.
El agente que vino dijo que necesitaba una custodia como protección y entrar en un programa de esos.
Fue llegar a la comisaría, y todo a la mierda otra vez. Nada (como dice la gestapo ahora).
Las comunicaciones del juzgado comenzaron a lloverme (¡Como fue en la calle San Martín 911 con el juicio laboral!) Parecía yo la denunciada y ellos los denunciantes... De hecho en más de una ocasión tuve que pedir que se modificaran estas carátulas porque las invertían...
La más notable fue la que me llega pidiéndome que me presente en la comisaría -por supuesto, del barrio- y viera a un tal Oficial (del ejército) no sé qué. Ay!, las energías - cuando iba de camino-. Era atravesar, verdaderamente, paredes. Cuando llego, veo, atravezando el patio, al tal Oficial (por el uniforme del Ejército) sentado justo enfrente de mí, en un despacho, sentado en el escritorio, que me mira por encima de las gafas, o esa clase de mirada. Me intercepta uno de civil. Que quiero hablar por el juzgado con ese señor. -"Ah, sí, venga conmigo que es lo mismo"- me dice. El otro, ni se movió. Segía mirándome. Este de civil ¡otra vez! anota todo en un papel con un "lápiz". Yo, quejándome de la gente con la que vivía en la casa y echándole la culpa a N2. Preguntas? Ninguna. El de civil me miraba como diciéndose: -"ésta es o se hace?"-
Vuelta al juzgado. El juez, que quería un informe del forense. Ésto ya me lo había dicho la Fiscalía, que necesitaban demostrar que yo estaba mal, para poder hacer ver el daño que me habían hecho. Me negué rotundamente, ya que yo no me encontraba mal, sino harta de que no me dejaran vivir y de que no pudiera estar en ningún sitio sin que tuviera visitas en mi ausencia haciendo desmanes en cada sitio que intentaba poder vivir.
Ahora el juez. Pero yo confiaba en la justicia... Así que fui al forense. Este sinverguenza (no sé -hoy- si manipulado o corrupto), me pregunta nombre y apellido -con un asco el hombre, que parecía que tenía una babosa delante de el.- y edad. Se acabó el exámen.
Esto sirvió para que el juez de Primera Instancia Instrucción Nº 27 de la Capital Federal, me declarara, cha chan, cha chan: INCAPAZ.
Y no me lo dijo él, que yo lo estaba esperando afuera para que me concediera una audiencia, cuando salió y me dijo que ya había resuelto MI problema habitacional y de alimentos, no, cobarde, me mandó al archivo y un jovencito, muuuy coloradito en ese momento, me entregó el expediente, y lo leí. ¿ESTUPOR?, ¿INDIGNACION? ¿IMPOTENCIA? ¿DESESPERACION? ¿INCREDULIDAD? ¿SENTIMIENTO DE ABSOLUTA INDEFENSION? Todo eso junto y más.
No sé como hice, pero pedí la recusación del juez.
Obviamente, no me podía quedar en Bs.As.
Con N2 habíamos terminado peleándonos muy feo por sus constantes burlas y, en otras palabras, "obediencias"...
Su hermanita estaba también con nosotras y lloraba a mares cuando N2 y yo nos peleamos. Ahí fue cuando le reproché qué cómo había sido capáz de decir de su hermana que había hecho películas pornográficas. Que qué clase de persona era para hacer eso. Yo, claro, ya había decidido irme.
A todo ésto, mi amiga de mis 24 años me había llamado a ésta casa y me contó por teléfono que le habían estado preguntando por mí, que cuánto tiempo hacía que me conocía. Pero que lo dejaría para cuando nos viéramos, a las 7 en el café de la esquina.
Entonces, ya se había olvidado de que era lo que me tienía que decir y aconsejándome de por qué no me iba a vivir al campo... Le dije que quien quiere ayudar no envía mensajeros con mensajes de otros, sino que él mismo dá la cara y dá el mensaje. Se puso roja y asintió.Me levanté de la mesa y me marché. No volví a verla más.
Vendí, gracias a N2 el televisor, le pedí 30 pesos a un hdp del que aquí ahora no quiero hablar, que me había reencontrado después de 20 años, y ya no sé cómo otra vez me había comunicado con Teresa. Que me fuera para Lima que ella se volvía a España y que yo me iría con ella...
Salí de Bs. As. con 130 pesos.Hasta donde llegara... En tanto esperaría que Teresa me enviara un giro. Tenía 44 años. Lo sé porque en ese viaje, que duró tres días y tres noches, bajando de un autobús y esperar subir al próximo que me acercara más al objetivo, perdí la vista. Ya no podía leer. De una noche, que leí un poco la Biblia, al día siguiente, que ya no pude leerla.
En cada parada, era llamar a Teresita por el giro. Y el giro nunca llegó. Así que aguantar y ayunar. Lo único, el taxi hasta su casa, que sí lo pagó ella.
Yo estaba deshecha, desmoronada. Como un animal apaleado. Ya ni siquiera lloraba. Sólo estaba rota, hecha pedazos. Y sabía que Teresita no iba a ser un consuelo para mí, ni un hombro para llorar y ni siquiera alguien en quien se pudiera confiar.
Ahm, pequeño detalle: en la Fiscalía había denunciado todos los pasos hasta llegar hasta ellos, que había hecho, incluso el hecho de ir a Prevensión del Delito de la Policía Federal -en donde el jefe, uno muy joven, me dijo que tenía tres cadáveres para levantar de un tiroteo que había ocurrido en pleno centro de la ciudad y que yo le iba con que me estaban persiguiendo-, y llamó a la comisaría de la zona y les dijo que me atendieran (porque no querían) ya que habían quedado en que yo estaba "bien" (limpia). O sea que me habían estado "investigando".
A las iglesias evangélicas a las que había ido por ayuda, y cada conversación con cada uno, además de al Ejército de Salvación, a N2 y a otro montón del Ejército de Salvación.
También al Colegio de Abogados de la Capital Federal.
En fin, denuncié a todo el mundo. A todo el mundo que había participado en el acoso y el desinterés por el tema que habían demostrado por las manipulaciones.
En todas las casa era lo mismo: entradas a mis habitaciones, llamadas telefónicas a l@s encargad@s de las pensiones; tirar comida...
Repetir y repetir, de un lado para el otro.
Yendo a policía, una, dos, tres...
Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto...
Termino en la Fiscalía poniendo éstas denuncias, previamente habiendo pasado por la experiencia de intentar con abogados del Colegio... Donde aparecía alguien que sí me quería acoger, aparecían superiores echando todo para atrás.
En la Fiscalía me atendieron dos o tres denuncias, el resto las tenía que preparar yo y presentarlas. No faltaron las preguntas de quién preparaba los escritos. -"Yo, quién los va a preparar"- Miradas raras, escudriñandome y luego gestos de... resignación?
Entre éstas idas y venidas, voy a ver a N2 a donde sabía que vivía. Estuvimos hablando y le pedí si podía recibirme ahí donde ella vivía. Y sí. Me mudé otra vez. A una calle del Pagola...
Tenemos que aprender que los grandes crímenes no los comete uno solo. Siempre son más.
Creo que fue cuando fui a vivir a esa casa que comencé con las denuncias, porque allí era escribir y escribir en mi pequeña máquinita para presentarlo a la fiscalía.
De todas formas terminé llevando a la policía a esa casa porque estaba harta de que me entraran en la habitación.
El agente que vino dijo que necesitaba una custodia como protección y entrar en un programa de esos.
Fue llegar a la comisaría, y todo a la mierda otra vez. Nada (como dice la gestapo ahora).
Las comunicaciones del juzgado comenzaron a lloverme (¡Como fue en la calle San Martín 911 con el juicio laboral!) Parecía yo la denunciada y ellos los denunciantes... De hecho en más de una ocasión tuve que pedir que se modificaran estas carátulas porque las invertían...
La más notable fue la que me llega pidiéndome que me presente en la comisaría -por supuesto, del barrio- y viera a un tal Oficial (del ejército) no sé qué. Ay!, las energías - cuando iba de camino-. Era atravesar, verdaderamente, paredes. Cuando llego, veo, atravezando el patio, al tal Oficial (por el uniforme del Ejército) sentado justo enfrente de mí, en un despacho, sentado en el escritorio, que me mira por encima de las gafas, o esa clase de mirada. Me intercepta uno de civil. Que quiero hablar por el juzgado con ese señor. -"Ah, sí, venga conmigo que es lo mismo"- me dice. El otro, ni se movió. Segía mirándome. Este de civil ¡otra vez! anota todo en un papel con un "lápiz". Yo, quejándome de la gente con la que vivía en la casa y echándole la culpa a N2. Preguntas? Ninguna. El de civil me miraba como diciéndose: -"ésta es o se hace?"-
Vuelta al juzgado. El juez, que quería un informe del forense. Ésto ya me lo había dicho la Fiscalía, que necesitaban demostrar que yo estaba mal, para poder hacer ver el daño que me habían hecho. Me negué rotundamente, ya que yo no me encontraba mal, sino harta de que no me dejaran vivir y de que no pudiera estar en ningún sitio sin que tuviera visitas en mi ausencia haciendo desmanes en cada sitio que intentaba poder vivir.
Ahora el juez. Pero yo confiaba en la justicia... Así que fui al forense. Este sinverguenza (no sé -hoy- si manipulado o corrupto), me pregunta nombre y apellido -con un asco el hombre, que parecía que tenía una babosa delante de el.- y edad. Se acabó el exámen.
Esto sirvió para que el juez de Primera Instancia Instrucción Nº 27 de la Capital Federal, me declarara, cha chan, cha chan: INCAPAZ.
Y no me lo dijo él, que yo lo estaba esperando afuera para que me concediera una audiencia, cuando salió y me dijo que ya había resuelto MI problema habitacional y de alimentos, no, cobarde, me mandó al archivo y un jovencito, muuuy coloradito en ese momento, me entregó el expediente, y lo leí. ¿ESTUPOR?, ¿INDIGNACION? ¿IMPOTENCIA? ¿DESESPERACION? ¿INCREDULIDAD? ¿SENTIMIENTO DE ABSOLUTA INDEFENSION? Todo eso junto y más.
No sé como hice, pero pedí la recusación del juez.
Obviamente, no me podía quedar en Bs.As.
Con N2 habíamos terminado peleándonos muy feo por sus constantes burlas y, en otras palabras, "obediencias"...
Su hermanita estaba también con nosotras y lloraba a mares cuando N2 y yo nos peleamos. Ahí fue cuando le reproché qué cómo había sido capáz de decir de su hermana que había hecho películas pornográficas. Que qué clase de persona era para hacer eso. Yo, claro, ya había decidido irme.
A todo ésto, mi amiga de mis 24 años me había llamado a ésta casa y me contó por teléfono que le habían estado preguntando por mí, que cuánto tiempo hacía que me conocía. Pero que lo dejaría para cuando nos viéramos, a las 7 en el café de la esquina.
Entonces, ya se había olvidado de que era lo que me tienía que decir y aconsejándome de por qué no me iba a vivir al campo... Le dije que quien quiere ayudar no envía mensajeros con mensajes de otros, sino que él mismo dá la cara y dá el mensaje. Se puso roja y asintió.Me levanté de la mesa y me marché. No volví a verla más.
Vendí, gracias a N2 el televisor, le pedí 30 pesos a un hdp del que aquí ahora no quiero hablar, que me había reencontrado después de 20 años, y ya no sé cómo otra vez me había comunicado con Teresa. Que me fuera para Lima que ella se volvía a España y que yo me iría con ella...
Salí de Bs. As. con 130 pesos.Hasta donde llegara... En tanto esperaría que Teresa me enviara un giro. Tenía 44 años. Lo sé porque en ese viaje, que duró tres días y tres noches, bajando de un autobús y esperar subir al próximo que me acercara más al objetivo, perdí la vista. Ya no podía leer. De una noche, que leí un poco la Biblia, al día siguiente, que ya no pude leerla.
En cada parada, era llamar a Teresita por el giro. Y el giro nunca llegó. Así que aguantar y ayunar. Lo único, el taxi hasta su casa, que sí lo pagó ella.
Yo estaba deshecha, desmoronada. Como un animal apaleado. Ya ni siquiera lloraba. Sólo estaba rota, hecha pedazos. Y sabía que Teresita no iba a ser un consuelo para mí, ni un hombro para llorar y ni siquiera alguien en quien se pudiera confiar.
Ahm, pequeño detalle: en la Fiscalía había denunciado todos los pasos hasta llegar hasta ellos, que había hecho, incluso el hecho de ir a Prevensión del Delito de la Policía Federal -en donde el jefe, uno muy joven, me dijo que tenía tres cadáveres para levantar de un tiroteo que había ocurrido en pleno centro de la ciudad y que yo le iba con que me estaban persiguiendo-, y llamó a la comisaría de la zona y les dijo que me atendieran (porque no querían) ya que habían quedado en que yo estaba "bien" (limpia). O sea que me habían estado "investigando".
A las iglesias evangélicas a las que había ido por ayuda, y cada conversación con cada uno, además de al Ejército de Salvación, a N2 y a otro montón del Ejército de Salvación.
También al Colegio de Abogados de la Capital Federal.
En fin, denuncié a todo el mundo. A todo el mundo que había participado en el acoso y el desinterés por el tema que habían demostrado por las manipulaciones.
OTRO INTENTO
Cuando llegué a la casa de Teresa, ella ya había cambiado por completo en lo que había sido por teléfono.
Yo felicísima de poder hacerla oír lo que había aprendido, con el teclado... Jamás salió del estuche. No le importaba lo que se dice, nada. Como siempre, las maletas sin desarmar, el televisor y el teclado embalados todo el tiempo.
Mi dulce prima también había cambiado; además estaba con problemas de haber denunciado a un vecino y la "justicia" la había fastidiado bien fastidiada. Lo relacioné conmigo. -Aunque, francamente ya no recuerdo si fue ese año o el siguiente- ¿Perjudicaban a la gente que tenía que ver conmigo y puedieran ser testigos?
Un tiempo atrás me había reencontrado con mi amiga de mis 24 años. Como siempre, habíamos pasado tres días juntas y me había quedado a dormir en su casa: una preciosa habitación con altillo, en la que vivía hacían tre años.
Cuando nos reencontramos luego de esos tres días, había perdido su trabajo de ¡12! años, no le habían pagado ni el sueldo -porque la dueña la acusaba de haberse quedado con 1400 dólares -a juicio-, y la habían echado de la casa porque, en su ausencia, le había caído un comando policial (los de los camiones celulares, como se le llamaban en Bs.As. entonces) y le habían dado vuelta la habitación, por una denuncia. Ella fue a averiguar qué había sido todo aquello y el procedimiento no constaba como efectuado. En suma, nadie había ido.
Ahora mi prima con problemas de "justicia" y con ideas de marcharse del país. Con casa propia (doce años viviendo allí), con una excelente reputación, y, de pronto, todo a la basura. Todo muy raro.
Conmigo el tema era que Teresa le había dicho que yo había dicho de ella que era una mala madre y que se lo pasaba de discoteca, abandonando a sus hijos...
Cuando Teresa, el año anterior, me había preguntado sobre mi prima, que qué me parecía, le ví la mala espina. Aún así le dije que era una buena samaritana, y una gallina con sus polluelos. Eso fue lo que ahora le contaba yo a mi prima. Me creyó. Porque conocía a Teresa.
Ese año me enteré de muchas cosas de Teresa. Una de ellas era que a mi prima le había hecho, también a sus 24 años, lo mismo que me había hecho a mí a la misma edad; y que nunca, ni con su propia madre, se había podido sacar el "mote" de puta. La había difamado en tanto estaban ambas en Barcelona.
También me enteré que se "sabía" que "Teresita", la otra hija -suicida- se había matado por encontrar a su madre con su marido en la cama. También la había difamado tanto en Barcelona en cuanto a la vida que la chica había llevado en Lima, como en Lima sobre (según ella) la vida que la chica hacía en Barcelona. Le cerró todas las puertas.Que había dejado una carta a la policía antes de quitarse la vida echándole la culpa a su madre.
Mi prima me contó que en uno de los años que Teresa vivió en Lima -desde que se jubiló, viajó, contenedor (barco) para aquí, y para allá, como cuatro veces- la convenció de que se fuera a vivir con ella, que alquilara el departamento de ella y vendiera todos los muebles y demás cosas de de su casa, ya que ella tenía una casa muy grande y tranquilamente podían vivir los cuatro, y de paso se llevaba unos dineros del alquiler. A los tres meses la dejó en la calle con los dos chicos. Tuvo que meterse en un galpón hasta que le desocuparon su casa.
Yo alucinaba a medida que me enteraba de todas éstas cosas.
También me reencontré con más primos y primas. Que podía trabajar con ellos (tenían empresa propia).
También conocí a mi tío que no vivía en el Perú. Me pareció un hombre genial.
Mi otro tío y su mujer también me habían recibido de maravilla, al igual que su hija. Con mi tía habíamos ido a dar una vuelta por el malecón y la costa. Ella me hablaba mucho y yo dándole vueltas a mi cabeza de qué iba al final terminar haciendo con mi vida. No podía pensar en otra cosa. Veía que todas las posibilidades se me terminaban, que con Teresa era imposible y todos los que me habían ofrecido su ayuda y amistad y todo, se echaban para atrás. Una de las personas me dijo -"prefiero enviar a mis hijos a la guerra, antes de que caigan bajo la lengua de tu madre"-
También me habían referido secuencias de su conducta, gentes que la habían conocido de joven, tanto con los hombres, como con su propia familia, así como su "manía" de montar verdaderos escándalos porque "le habían robado sus joyas". En cualquier lado, con cualquiera. Todo terminaba apareciendo y resultaba ser baratija.
Que había sido una desgracia para su madre (mi abuela), que a los 14 años se había ido de la casa al mundo.
Que eran cuatro hermanos (o cinco) del primer hombre de mi abuela, un hechicero bravo y malo de la selva y que los otros hermanos eran hijos del que sí se casó con mi abuela. Que aunque este señor los había querido reconocer, mi abuela no habían querido, así que llevaban todos ellos su propio apellido. De resultas, le había venido a decir a mi hermano, que había tenido madre y padre, bastardo, y la bastarda era ella. Que todo su resentimiento venía porque sus hermanos segundos eran los que tenían dinero `por su padre, en tanto que los del primer hombre de mi abuela, no.
La cuestión que el paseo con mi tía había culminado con un delicioso dulce que compró para las dos y que yo agradecí de todo mi corazón porque eran gente pobrísima y sabía el sacrificio que le significaba.
No sé qué pasó cuando llegamos a la casa, ya casi noche, pero me atacaron como a la peor. Mi tía había dicho cuando llegó a la casa que yo me lo había pasado todo el paseo mirando y buscando hombres. Que era una buscona. ¡Estaba yo para pensar en hombres, justamente!. No entendía, no entendía y no entendía. Como sea, me tuve que ir sola, ya de noche.
Para ésto, yo ya no estaba parando en casa de Teresa. No puedo recordar qué fue lo que pasó. Sé que terminé con las maletas dando vueltas. Primero en una casa, después en otra... Un tiempo, y luego, me tenía que marchar. La vida de todos, en donde yo estaba, se les complicaba: con sus relaciones, en sus trabajos.
Alquien que había conocido a mi papá y a ella cuando jóvenes me dijo -"Tu padre y yo éramos muy amigos. Era una gran persona, un buen hombre. Lo conocí por ella, pero te digo, lo peor que le pudo haber pasado a tu padre en su vida, fue conocer a tu madre."- Me lo habían dicho ya en Bs. As. (gente que conocí por casualidad y que me relacionaron con mi papá por el apellido y que los había conocido a los dos cuando mi papá tocaba en la orquesta y ella cantaba), y ahora me lo decían aquí...Duele? Sí, duele. Pero no tiene remedio.
No tenía dinero para regresar a Bs. As.
Al final, terminé en casa de mi tio, el genial, pero que no me podía tener. El era un hombre solo y hacía una vida muy disipada, me decía. No lo convencí. Así que él convenció a Teresa para que me diera el dinero para volverme.
El teclado tuve que terminar vendiéndoselo a uno de los primos para que me llegara el dinero, incluso con el equipaje.
Cuando fui a buscar el dinero, Teresa se asomó al balcón del último cuarto piso en donde vivía y me arrojó el dinero, con no recuerdo qué maldición.
Esta vez fui en autobús y sola a la estación. Todas las puertas estaban cerradas -o al menos, bloqueadas- para mí en Lima. ¿Qué había pasado? ¿Dos meses, uno? Vuelta a Bs.As.
Yo felicísima de poder hacerla oír lo que había aprendido, con el teclado... Jamás salió del estuche. No le importaba lo que se dice, nada. Como siempre, las maletas sin desarmar, el televisor y el teclado embalados todo el tiempo.
Mi dulce prima también había cambiado; además estaba con problemas de haber denunciado a un vecino y la "justicia" la había fastidiado bien fastidiada. Lo relacioné conmigo. -Aunque, francamente ya no recuerdo si fue ese año o el siguiente- ¿Perjudicaban a la gente que tenía que ver conmigo y puedieran ser testigos?
Un tiempo atrás me había reencontrado con mi amiga de mis 24 años. Como siempre, habíamos pasado tres días juntas y me había quedado a dormir en su casa: una preciosa habitación con altillo, en la que vivía hacían tre años.
Cuando nos reencontramos luego de esos tres días, había perdido su trabajo de ¡12! años, no le habían pagado ni el sueldo -porque la dueña la acusaba de haberse quedado con 1400 dólares -a juicio-, y la habían echado de la casa porque, en su ausencia, le había caído un comando policial (los de los camiones celulares, como se le llamaban en Bs.As. entonces) y le habían dado vuelta la habitación, por una denuncia. Ella fue a averiguar qué había sido todo aquello y el procedimiento no constaba como efectuado. En suma, nadie había ido.
Ahora mi prima con problemas de "justicia" y con ideas de marcharse del país. Con casa propia (doce años viviendo allí), con una excelente reputación, y, de pronto, todo a la basura. Todo muy raro.
Conmigo el tema era que Teresa le había dicho que yo había dicho de ella que era una mala madre y que se lo pasaba de discoteca, abandonando a sus hijos...
Cuando Teresa, el año anterior, me había preguntado sobre mi prima, que qué me parecía, le ví la mala espina. Aún así le dije que era una buena samaritana, y una gallina con sus polluelos. Eso fue lo que ahora le contaba yo a mi prima. Me creyó. Porque conocía a Teresa.
Ese año me enteré de muchas cosas de Teresa. Una de ellas era que a mi prima le había hecho, también a sus 24 años, lo mismo que me había hecho a mí a la misma edad; y que nunca, ni con su propia madre, se había podido sacar el "mote" de puta. La había difamado en tanto estaban ambas en Barcelona.
También me enteré que se "sabía" que "Teresita", la otra hija -suicida- se había matado por encontrar a su madre con su marido en la cama. También la había difamado tanto en Barcelona en cuanto a la vida que la chica había llevado en Lima, como en Lima sobre (según ella) la vida que la chica hacía en Barcelona. Le cerró todas las puertas.Que había dejado una carta a la policía antes de quitarse la vida echándole la culpa a su madre.
Mi prima me contó que en uno de los años que Teresa vivió en Lima -desde que se jubiló, viajó, contenedor (barco) para aquí, y para allá, como cuatro veces- la convenció de que se fuera a vivir con ella, que alquilara el departamento de ella y vendiera todos los muebles y demás cosas de de su casa, ya que ella tenía una casa muy grande y tranquilamente podían vivir los cuatro, y de paso se llevaba unos dineros del alquiler. A los tres meses la dejó en la calle con los dos chicos. Tuvo que meterse en un galpón hasta que le desocuparon su casa.
Yo alucinaba a medida que me enteraba de todas éstas cosas.
También me reencontré con más primos y primas. Que podía trabajar con ellos (tenían empresa propia).
También conocí a mi tío que no vivía en el Perú. Me pareció un hombre genial.
Mi otro tío y su mujer también me habían recibido de maravilla, al igual que su hija. Con mi tía habíamos ido a dar una vuelta por el malecón y la costa. Ella me hablaba mucho y yo dándole vueltas a mi cabeza de qué iba al final terminar haciendo con mi vida. No podía pensar en otra cosa. Veía que todas las posibilidades se me terminaban, que con Teresa era imposible y todos los que me habían ofrecido su ayuda y amistad y todo, se echaban para atrás. Una de las personas me dijo -"prefiero enviar a mis hijos a la guerra, antes de que caigan bajo la lengua de tu madre"-
También me habían referido secuencias de su conducta, gentes que la habían conocido de joven, tanto con los hombres, como con su propia familia, así como su "manía" de montar verdaderos escándalos porque "le habían robado sus joyas". En cualquier lado, con cualquiera. Todo terminaba apareciendo y resultaba ser baratija.
Que había sido una desgracia para su madre (mi abuela), que a los 14 años se había ido de la casa al mundo.
Que eran cuatro hermanos (o cinco) del primer hombre de mi abuela, un hechicero bravo y malo de la selva y que los otros hermanos eran hijos del que sí se casó con mi abuela. Que aunque este señor los había querido reconocer, mi abuela no habían querido, así que llevaban todos ellos su propio apellido. De resultas, le había venido a decir a mi hermano, que había tenido madre y padre, bastardo, y la bastarda era ella. Que todo su resentimiento venía porque sus hermanos segundos eran los que tenían dinero `por su padre, en tanto que los del primer hombre de mi abuela, no.
La cuestión que el paseo con mi tía había culminado con un delicioso dulce que compró para las dos y que yo agradecí de todo mi corazón porque eran gente pobrísima y sabía el sacrificio que le significaba.
No sé qué pasó cuando llegamos a la casa, ya casi noche, pero me atacaron como a la peor. Mi tía había dicho cuando llegó a la casa que yo me lo había pasado todo el paseo mirando y buscando hombres. Que era una buscona. ¡Estaba yo para pensar en hombres, justamente!. No entendía, no entendía y no entendía. Como sea, me tuve que ir sola, ya de noche.
Para ésto, yo ya no estaba parando en casa de Teresa. No puedo recordar qué fue lo que pasó. Sé que terminé con las maletas dando vueltas. Primero en una casa, después en otra... Un tiempo, y luego, me tenía que marchar. La vida de todos, en donde yo estaba, se les complicaba: con sus relaciones, en sus trabajos.
Alquien que había conocido a mi papá y a ella cuando jóvenes me dijo -"Tu padre y yo éramos muy amigos. Era una gran persona, un buen hombre. Lo conocí por ella, pero te digo, lo peor que le pudo haber pasado a tu padre en su vida, fue conocer a tu madre."- Me lo habían dicho ya en Bs. As. (gente que conocí por casualidad y que me relacionaron con mi papá por el apellido y que los había conocido a los dos cuando mi papá tocaba en la orquesta y ella cantaba), y ahora me lo decían aquí...Duele? Sí, duele. Pero no tiene remedio.
No tenía dinero para regresar a Bs. As.
Al final, terminé en casa de mi tio, el genial, pero que no me podía tener. El era un hombre solo y hacía una vida muy disipada, me decía. No lo convencí. Así que él convenció a Teresa para que me diera el dinero para volverme.
El teclado tuve que terminar vendiéndoselo a uno de los primos para que me llegara el dinero, incluso con el equipaje.
Cuando fui a buscar el dinero, Teresa se asomó al balcón del último cuarto piso en donde vivía y me arrojó el dinero, con no recuerdo qué maldición.
Esta vez fui en autobús y sola a la estación. Todas las puertas estaban cerradas -o al menos, bloqueadas- para mí en Lima. ¿Qué había pasado? ¿Dos meses, uno? Vuelta a Bs.As.
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